La estadística, en realidad, es una rama de la matemática que se refiere a la recolección, estudio e interpretación de los datos obtenidos en un estudio. Eso es la estadística.
En cierto modo, las estadísticas son para un país lo que un radar es para la aeronavegación. Se puede volar sin contar con información de radar, pero los riesgos son constantes y el final del viaje, impredecible.
Para saber cómo está la gente o cómo funciona la economía, por ejemplo, es imprescindible analizar los datos recogidos sistemática y científicamente. Así es como sabemos de dónde venimos y hacia dónde vamos.
Un error de interpretación o de selección de esos datos, cambiará el diagnóstico y cuando este falla, las acciones que se programan terminan siendo erróneas. Las consecuencias, por ende, podrían resultar dramáticas.
Es obvio que existen técnicas estandarizadas como también hay mecanismos que pueden resultar tendenciosos. Pero la rigurosidad del método garantiza que dentro de los márgenes previstos, los resultados a obtenerse podrán constituir una aceptable pintura de la realidad.
Con todo esto, sabemos que es imposible programar acciones serias si no sabemos a ciencia cierta donde estamos parados, por qué y hacia dónde debemos ir para que el camino no resulte un recorrido en vano hacia la nada.
Dos casos deben hacernos reflexionar sobre la posibilidad de que estemos en el aire y sin radar: la situación del INDEC y la promesa de reducir del delito 30% en 6 meses.
Sobre el primer caso, no sólo está bajo discusión el método empleado, sino que ha perdido la básica credibilidad con la que una institución cuyo objeto de existencia es brindar estadísticas, debe contar. Al INDEC, no se le cree.
La crisis de estadísticas ha llegado al punto en que no podremos contar con el Censo Económico programado para este año. No se trata aquí de algún problema gremial que lo obstruya o de falta de recursos que lo posterguen. Sucede que el Gobierno no puede mandar encuestadores a meterse a las estancias en medio del grave conflicto que mantiene abierto con el campo.
Con excusas banales, el gobierno nacional ha dejado el Censo para después. Los argentinos (y el mundo, ya que las estadísticas económicas de nuestro país no son de exclusivo consumo interno) tendremos que elegir con qué cifras trabajamos, proyectamos con dudas nuestro futuro, inversiones o decisiones.
Tenemos que decidir si tomamos las alocadas cifras que gritan unos o las exageradas propaladas por otros, en una puja de intereses saturada por los medios de comunicación. Naturalmente, la primera e irónica consecuencia es la desinformación.
En el caso mendocino, ya sabemos que, con una gran dosis de irresponsabilidad, se lanzó una propuesta al electorado que éste juzgó oportuna y por lo tanto, premió con su voto.
Ésta no contaba con base de sustentación en la realidad. Así lo señalaron más de 25 expertos argentinos y extranjeros consultados por MDZ y así lo estamos viviendo los mendocinos que, lejos de notar que cierta tranquilidad en nuestra vida cotidiana, sentimos que la seguridad no nos acompaña.
Ambos casos, el INDEC y la promesa de Jaque, nos han marcado profundamente en uno de nuestros valores fundamentales: la credibilidad.
Los dos han socavado la confianza hacia las instituciones gubernamentales y en la actividad política. Y de ellos tenemos unas lecciones que aprender para no repetir errores.
Nos queda nada más (pero nada menos) que la tarea de exigir el funcionamiento independiente de las instituciones abocadas a la recolección y procesamiento de datos para la elaboración de estadísticas; la independencia de las áreas provinciales abocadas a la materia; el análisis minucioso de las reales probabilidades de las cosas que se prometen como manotazos de ahogado; el debate riguroso de ideas y propuestas durante las campañas electorales; la discusión de legislación que permita revocar decisiones equivocadas; el impulso a organizaciones civiles capaces de ofrecer un seguimiento independiente al poder político y, obviamente, mejorar la calidad de gestión en todos los ámbitos del Estado.
Igualmente, seamos optimistas y tomemos esta frustración como “un dolor de crecimiento”, desde una adolescencia torpe hacia una adultez política. Ojalá que así sea.
Atención al poder de las cifras
Ejemplos como los dados habitualmente por el INDEC o el ofrecido por el gobernador Jaque respecto del descenso del delito en un 30% tienden a debilitar uno de los valores sociales fundamentales, la credibilidad. Por eso, debemos prestar atención para no quedar flotando en el aire y sin radar.