Desde el 2001, el éxito de los políticos en la Argentina se mide sobre todo en términos de supervivencia. El fantasma de la ingobernabilidad, de tener que abandonar el poder, es el principal factor que tienen en cuenta cualquier gobernador o presidente en nuestro país para tomar decisiones.
La visión real y cruda del país que han aprendido la mayoría de los políticos es que los poderes reales de la Argentina tienen comportamientos mafiosos y son naturalmente extorsionadores. Pregúntenle sino a Alfonsín, a De la Rua, y a los muchos gobernadores que han tenido que renunciar en estos años, a Carlos Menem cuando tuvo que pagar (con sangre) los favores recibidos y no retribuidos, al Adolfo que se animo a quedarse mas de lo acordado y una noche le incendiaron el Senado, o a Ramón Puerta, que tuvo que escuchar sonriente como ciertos caciques bonaerenses le preguntaban a modo de amenaza ¨y a vos quien te va a cuidar, la federal, la bonaerense o ninguna de las dos¨. O pregúntenle a Duhalde.
Cuando Néstor K gano -hace solo 5 años- tuvo claro que lo primero era asegurar su supervivencia. Poco antes el mismísimo Duhalde dueño del aparato más poderoso del país y de una parte de los poderes ocultos de la Argentina había tenido que renunciar. Muchos soñaban en esos días del 2003 con una restauración Menemista que estuvo a punto de concretarse. El FMI y los acreedores externos, exigían un acatamiento que no era ni más ni menos que controlar la política económica del país y el destino de la caja del estado.
K entendió claramente cuales eran las prioridades para gobernar la Argentina real. Las había aprendido en su exitosa práctica del poder como gobernador en la era Menemista:
1) En la Argentina el poder se ejerce en su totalidad y sobre todos los otros poderes, por encima de cualquier otra consideración. No hay margen para la debilidad. La gobernabilidad es mucho más importante que la institucionalidad. Cuando el presidente se propone algo debe conseguirlo a cualquier costo pues en la Argentina real nadie respeta las derrotas políticas por más virtuosas o justas que hayan sido las causas que se hayan defendido. Como decía Bonavena: cuando te sacan el banquito en el ring quedas vos solo. Así de solo está cualquier presidente en la Argentina.
2) El principal elemento de poder es la caja. Con la caja dominas a los gobernadores, los intendentes, los sindicatos, a los empresarios, a la prensa, y a los ¨luchadores sociales¨ también.
3) El conurbano bonaerense es la llave del poder electoral, allí hay que mantener bajo control a los intendentes, la policía y los sindicatos y asegurar un muy fuerte apoyo electoral con gasto publico y un muy fuerte dominio político de los barrios.
4) Hay que controlar la calle. Cuando otros dominan la calle el riesgo de muertes, conflictos sociales, represión, etc, es inmanejable. La paz social quedas en manos de la policía, de los punteros, de los agitadores y de los medios de comunicación, que en cualquier momento pueden generar una crisis social y mediática, real o preparada, y eso es inaceptable para alguien que quiere gobernar en serio.
5) Hay que mantener alta la popularidad, con menos del 50% de imagen positiva se pierde el poder, porque los aliados empresarios, políticos o mediáticos empiezan a ver el fantasma de la futura derrota electoral y empiezan a conspirar.
6) Para mantener la popularidad hay que generar crecimiento económico y disponer de muy fuertes fondos para redistribuir ingresos, por ejemplo aumentar jubilaciones y entregar cientos de miles de subsidios sociales.
7) Hay que controlar a los grandes medios de comunicación, que son quienes permiten crear y vencer enemigos reales o ficticios.
La crisis del campo en el fondo cuestiona si este estilo no ha empezado a encontrar severos límites.
Pero si llego hasta acá con este estilo y con esta visión, yo creo que Néstor Kirchner no va a cambiar ni se va a dejar doblegar. La debilidad no esta permitida en su Argentina. Por eso mantuvo a Moreno y De Vido y no lo dejo negociar a Fernández, por eso envió a Delia a la Plaza, confrontó con los medios y por eso en definitiva mantiene las retenciones. Cree, intuye, sabe, que una derrota en este conflicto es el camino directo al fin anticipado de su mandato en manos de los multimedios y otros grupos de poder, incluidos muchos de sus actuales ¨compañeros¨ de ruta. Si derrotó al FMI y a los acreedores externos en condiciones mucho peores esta convencido que ahora también lo podrá hacer con el campo y con Clarín (si es que este sigue en la pelea).
Es una apuesta fuerte, a todo o nada, basada en una visión cruda pero realista de nuestra querida y lastimada Argentina.