Medios periodísticos y los hechos dan cuenta que en relación al conflicto del agro se apunta al desgaste de las partes. Resulta lamentable ver cómo quienes tienen facultades de decisión parecen no tener herramientas o voluntad para abordar los conflictos que afectan a la sociedad en forma rápida, aumentando los costos de su solución o no anticiparse a los mismos buscando soluciones.
Existe una ilusión que “los conflictos se resolverán solos con el tiempo”, pero la realidad es que en la mayoría de los casos se produce el fenómeno de la escalada, la proliferación y el contagio que “sorprende” y desgasta también a quienes tienen facultades de decisión en los diferentes ámbitos.
Hablamos de escalada cuando los actores utilizan cada vez más recursos en el conflicto, de proliferación cuando se pasa de temas puntuales a temas generales y de contagio cuando el conflicto comienza en un sector y se traslada a otro.
Otra dificultad que se observa es tomar conciencia de los conflictos, en general los “vemos” cuando han recorrido un largo camino y escalado, por lo que, soluciones que en su momento podrían haber sido posibles ya no son posibles.
Podemos recurrir a la comparación con una pequeña infección a la que no se le da importancia hasta que ha tomado parte importante del cuerpo y , lo que podría solucionarse con una simple limpieza de la zona infectada con posterioridad requiere un tratamiento más costoso con antibióticos o quirúrgico.
Aunque muchas veces quienes tienen poder de decisión se “sorprenden” por el curso que toman los acontecimientos, los conflictos en general, y los públicos en particular poseen una secuencia que está estudiada y explicitada por los especialistas, por lo que es posible predecir el curso de los mismos.
Es así como Susan L. Carpenter y W.J. Kennedy en su libro “Managing Public Disputes” (Gestión de conflictos públicos), Ed. Jossey Bass describen la siguiente secuencia del conflicto público:
1) El problema emerge: Cuando un anuncio público o privado indica que se realizará algo que puede influir en la comunidad surge la curiosidad natural de un grupo por saber más, o cuando existe un malestar surge un reclamo. Cuando los ciudadanos tratan de obtener más información o formulan un reclamo y no reciben una respuesta satisfactoria o sienten que no son escuchados aumenta el malestar.
2) Cuando ese malestar aumenta o no se recibe respuesta se busca el apoyo de otros grupos formándose bandos.
3) A medida que el conflicto transcurre las posiciones se endurecen.
4) Se detiene la comunicación. La falta de intercambio de información, malos entendidos, la frustración en la gente y el enojo, la intolerancia, la falta de escucha lleva a la que se “corte” la comunicación.
5) Se procuran y utilizan nuevos recursos (el conflicto escala) y se deja de lado a los miembros “moderados”, buscándose a militantes que utilicen recursos para aumentar los costos del conflicto.
6) El conflicto sale fuera de la comunidad, buscándose apoyos en figuras políticas u organizaciones de otros ámbitos (locales y nacionales) , se forman coaliciones con otros grupos entremezclándose los reclamos con los intereses de los nuevos grupos. Comienza el intercambio de amenazas, luego las amenazas se transforman en cuestiones de conflictos.
7) Llegado a este punto se distorsionan las percepciones , las partes pierden objetividad en sus percepciones sobre el carácter y motivos de los adversarios, que los podemos definir en frases como “nuestra parte es honesta, tenemos fines nobles, los otros son los deshonestos, etc….” En este punto los “neutrales” del grupo son vistos como “enemigos” . No se permiten a las personas “moderadas”.
8) Emerge el sentido de crisis. La comunidad se divide, hay pocas esperanzas de resolver la disputa original, la prensa se centra en las diferencias y a través de ella se realizan las acusaciones y las respuestas. Las partes están dispuestas a asumir mayores costos que antes hubieran parecido como irrazonables, las metas se transforman en “ganar” a toda costa, se utiliza la intimidación, las amenazas, las formas destructivas de poder , las venganzas...
El lector podrá analizar los conflictos que hoy afectan a nuestra sociedad- en especial el del agro y si los mismos han seguido este patrón que los especialistas han estudiado y consideran posible predecir, con consecuencias cada vez más graves para todos los actores involucrados.
Los costos de apuntar al desgaste por ambas partes se vuelven como un boomerang, problemas de recaudación, producción, tiempo perdido, boicot, etc.
Da la impresión que quienes tienen facultades de decisión y hoy se “sorprenden” por el tono que están tomando los acontecimientos, desconocen absolutamente los estudios que existen sobre los conflictos públicos y sus formas de abordarlos. Los caminos que puede tomar el actual conflicto del agro, en caso de no encontrar un canal apropiado de gestión, no son nada halagüeños.
Pero para ello se requiere dejar los discursos y consolidar un verdadero diálogo. Lamentablemente hasta ahora los ciudadanos creo hemos sido testigos de una triste parodia de “diálogo” utilizada como tribuna para las mutuas acusaciones.
También se requiere en forma urgente establecer una verdadera política pública en Prevención y gestión de conflictos, que contemple la formación de quienes tienen facultades de decisión en los diferentes ámbitos en estos temas y la creación espacios legitimados para la construcción de los consensos – entre ellos la mediación y la facilitación- tan necesarios en estos momentos.
Desde diversos encuentros nacionales e internacionales en los que he tenido la posibilidad de participar desde hace años se viene bregando por el trabajo en estas líneas.
El momento actual requiere una decisión política en tal sentido para el bien de nuestro país.
Cuando apuntar al desgaste, desgasta
El autor, experto en mediación, aporta su punto de vista sobre la dilación del conflicto del campo.