El Indice de Condiciones Materiales de Vida

En un país con estadísticas dudosas, un investigador de la UCA de Buenos Aires -en un trabajo preparado para MDZ- explica los alcances de un nuevo índice creado para medir la "deuda social argentina".

Foto: Archivo/ MDZ
Foto: Archivo/ MDZ

Sabemos  que  el  crecimiento económico experimentado por nuestro país en los  últimos cuatro años se ha visto acompañado por un importante proceso de creación de empleos asociado a una sostenida reducción del desempleo y  de  la  pobreza  de  ingresos.  Sin  embargo, debemos preguntarnos en que medida  dicho  proceso hizo posible un avance efectivo de las condiciones materiales de vida.

El  Indice de Condiciones Materiales de Vida recientemente presentado por el  Observatorio de la Deuda Social de la UCA arroja resultados novedosos acerca  de lo ocurrido en la coyuntura socioeconómica, alternativos a las evaluaciones   oficiales,  centradas  en  la  medición  de  los  ingresos requeridos  para  adquirir  una  canasta  básica  de  bienes  y servicios valorizada según el Indice de Precios al Consumidor (IPC) del INDEC.

Se  busca  conocer en que medida las personas lograron acceder a recursos suficientes  para el sostenimiento de la vida, el desarrollo de la salud, la  superación  de  condiciones  deficientes de habitación, el consumo de bienes   y  servicios,  el  acceso  a  medios  de  inclusión  social,  la realización de un trabajo decente, la formación de competencias laborales y  el  logro  de  un  estándar  de mínima autonomía económica. Si bien la  evaluación   de  tales  condiciones  incluye  un  indicador  de  ingresos monetarios,  la definición de desarrollo humano y social que aquí se pone en  juego  es mucho más compleja, lo que nos exige escrutar una serie más
amplia de satisfactores económicos como de realizaciones materiales.

Partimos  de  la  idea  ampliamente compartida de que los problemas de la pobreza   componen   un   referente   demasiado   complejo   difícilmente aprehensible  de  modo unidimensional. Por ello, el Indice de Condiciones  Materiales  de  Vida  resume  en  una  única medida el grado de bienestar alcanzado  por  las  personas y los grupos familiares en tres dimensiones centrales:  Hábitat,  Salud  y Subsistencia; Acceso a Recursos Públicos y Trabajo y Autonomía Económica.

Los  resultados  obtenidos  durante el período 2004/2007 dan cuenta de un avance hacia condiciones materiales  de  vida  más  dignas en las tres  dimensiones,  abonando  la tesis según la cuál el crecimiento económico y la estabilidad político-institucional lograda en ese período generaron un campo  propicio  para  el  mejoramiento  de las condiciones de desarrollo humano  y  social.  Sin  embargo,  las desigualdades  sociales no se han reducido,  sino  que por el contrario se han incrementado ligeramente, al
mismo  tiempo  que  comienza  a evidenciarse una clara desaceleración del comportamiento  favorable  de  la mayor parte de los indicadores medidos, algo  que  puede  observarse  en el decrecimiento registrado en el bienio 2006-2007.

Es  de  destacar  que  este  reforzamiento de las brechas sociales en las condiciones  de  vida  es resultado de la mayor capacidad de los sectores medios bajos,  empobrecidos  en  la  década  pasada, para aprovechar las oportunidades  económicas  brindadas  por  la recuperación posterior a la crisis 2001-2002.

Producto de estas dinámicas diferenciadas perduran hoy elevados niveles de pobreza  material fuertemente   concentrados en los estratos socioeconómicos más bajos de la sociedad argentina. Siete de cada diez hogares  localizados  en esos espacios continúan, pese a ciertas mejoras, con  marcadas dificultades de  acceso a oportunidades mínimas de hábitat, salud y subsistencia, en tanto que una tercera parte se halla en situación francamente crítica.

Los servicios sociales permanecen exhibiendo serios problemas de cobertura y segmentación en detrimento de los grupos con menor dotación de  recursos culturales y económicos. Los datos sobre cobertura educativa muestran  que  en una tercera parte de hogares del estrato socioeconómico más bajo se hallan niños o adolescentes que no asisten a la escuela, o jóvenes que no concurren a la misma y no completaron los estudios secundarios.  Por otra  parte, si bien se ha registrado una reducción de las  personas sin seguro de salud, todavía no se ha logrado dar cobertura a una tercera parte de la población de las grandes ciudades del país.

Enfrentamos  así  una  dinámica social compleja que valida una vez más la premisa  que  sostiene que el crecimiento económico, aunque necesario, no es de por  sí suficiente para activar un proceso de desarrollo humano y social, capaz de superar las inercias estructurales que impiden saldar la deuda  social argentina. La gravedad de esta aseveración es más acuciante cuando comienzan a vislumbrarse signos de debilitamiento de la facultad que demostró tener  hasta aquí el crecimiento económico para hacer retroceder  los  abultados  niveles de pobreza acumulados en los años previos.