El pasado miércoles MDZol dio a conocer un trabajo de investigación elaborado por la Universidad Católica Argentina (UCA) sobre el “Índice de desarrollo humano y social” en la Argentina. Este Índice recaba los resultados de mediciones llevadas a cabo por expertos de la UCA durante los tres últimos años. La frase paradigmática que acompaña la presentación de la nota es realidad y premonición: “Las mejoras sociales están en una meseta desde comienzos del 2007”.
Al zambullirme en algunos de los indicadores presentados, se me ocurren tres líneas para la reflexión y el compromiso ciudadano:
1- Queda definitivamente claro y transparente que “desarrollo o crecimiento económico” no es lo mismo que “desarrollo humano y social”; no existe transferencia automática. De hecho, la Argentina en los últimos cinco años ha crecido a un ritmo económico promedio del 7 % anual, mientras la suba del empleo digno-formal y la baja en los índices de pobreza no han sido similares y compatibles con ese ritmo de aumento del PBI. Ciertamente la cantidad de personas y/o familias pobres disminuyó y el empleo aumentó, pero no al unísono con el muy importante crecimiento económico. A no ser que alguien todavía crea en las cifras que entrega el INDEC.
2- Surge la pregunta: ¿Por qué sucede tal disociación? Creo que la respuesta la conocemos todos y la sufrimos la mayoría: porque el tan mentado “derrame” de la ganancia económica producida por muchos, queda en manos de pocos. Algo de aquel crecimiento llega a la gente que vive de su trabajo, pero llega de forma raquítica y menguada. La propuesta liberal-capitalista (de antes y de ahora) que afirma que “si ganan los de arriba, ganan los de abajo” ha demostrado ser irreal y mentirosa. La libre competencia y el libre mercado siempre favorecen al “pez gordo”. A no ser que el Estado, como garante de igualdad y de ciudadanía de todos los habitantes, intervenga para nivelar y corregir los desajustes generados por el afán egoísta de lucro de quienes detentan la manija de la economía.
3- Y este es el desafío humano y social de la Argentina y de todo nuestro planeta: que los recursos naturales y los servicios indispensables para una vida digna lleguen a todas las personas. De lo contrario, es una blasfemia hablar de Patria; es una hipocresía invocar a la Constitución y a los Derechos Humanos; es un genocidio camuflado mantener la actual injusticia social.
Por eso estamos en una meseta de crecimiento humano y social. Por eso, también y de nuevo, de no reaccionar a tiempo el abismo puede abrirse bajo nuestros pies. Y es harto sabido quienes seremos los desbarrancados.
Deuda social
Queda definitivamente claro y transparente que “desarrollo o crecimiento económico” no es lo mismo que “desarrollo humano y social.