De pronto, de un día para otro, Roberto Lavagna expresa a los medios sus “coincidencias con el proceso de reorganización del Partido Justicialista que lidera el ex presidente Néstor Kirchner”. Además, por si a alguien le quedan dudas, el ex candidato a la presidencia y ex ministro de Economía, anuncia su decisión de participar en el proyecto “que llevará a la normalización del PJ”.
Una vez más, el tablero político de la Argentina se ve modificado por resoluciones inesperadas. Una vez más, surgen las excusas y las explicaciones de los protagonistas, las condenas y las ironías de los opositores y las sentencias de los “clarividentes”, que vieron todo antes que nadie y que, por supuesto, nadie los escuchó.
Sin dudas, el acuerdo entre Néstor Kirchner y Roberto Lavagna tiende a poner de manifiesto aquello que para muchos es uno de los peores vicios de la política: la falta de convicciones o, en todo caso, un plan que las masas desconocen y que ya está en marcha. Ahora, está entre nosotros un nuevo concepto: el de las “concertaciones”, donde parece que todo vale.
“Kirchner abre la posibilidad de democratizar el Justicialismo… Hay claramente una mayoría que es la que expresan el ex presidente y la presidenta, y hay una minoría que es el sector que orienté en las últimas elecciones”, analiza el ex ministro de Economía. Si en octubre alguien hubiese atribuido estas frases a Lavagna, el escándalo hubiese sido enorme y la diferencia de los triunfantes aún mayor.
Ahora bien, ¿deberemos contentarnos suponiendo, simplemente, que así es la política? Quizás la falta de convicción de nuestros políticos deba traducirse, en sentidos más profundos, en ejercicios legitimados de sus habituales capacidades de olvido y en ausencias de marcos conceptuales (culturales) a la hora de determinar las líneas de acción que escogen para sus propias vidas.
Si así es la política, está claro que la política (así como nos muestran que es) no sirve. Y no sirve porque, por un lado, nos exhorta a la participación y al compromiso de nuestro voto y, luego, nos llena de frustración cuando decidimos apoyar lo que aparentemente es una propuesta honesta de conducción social.
Si así es la política, los ciudadanos estamos cada vez más solos y, claro está, cada vez menos representados. Y en esta película parece no haber “buenos”, sólo una banda de amigos que detrás de la mesa no se oponen a casi nada de lo que ellos mismos plantean, algunas veces para el bien común.
Ejemplos sobran: Lavagna se acerca a los Kirchner; Jaque gana las elecciones en Mendoza por su plan de seguridad y luego se la entrega al Partido Demócrata, que luego de 25 años de democracia sigue vinculándose con elementos de las dictaduras militares; los radicales ortodoxos que fueron con Lavagna, ahora hablan pestes de él y mal de los radicales que se fueron; los radicales “K” tienen menos poder de decisión y aún menos identidad que los que perdieron las elecciones… Y podríamos seguir. En medio de todo este barullo, están de rehenes los ciudadanos.
¿Qué fue, por caso, de las unidades básicas de barrios? Cuentan los mayores que en aquellos tiempos inmemoriales, la gente debatía con los dirigentes sobre los problemas comunes y las alternativas de solución.
¿Dónde están los jóvenes que vendrían a renovar las estructuras? A los jóvenes, no les interesa participar en los partidos políticos. Algunos, en el mejor de los casos, prefieren embarcarse en un movimiento humanitario no partidista, en una religión, una organización civil, un club de fans de un artista o en un deporte para cumplir vocacionalmente con el mandato de participación propio de la vida social.
De política, ni hablemos. De políticos, tampoco, porque en el fondo, “son todos amigos, como Lavagna y Kirchner”. Este parece ser el Gran Club Argentino de la Política. En estos momentos, una vez más, contemplamos una puesta en escena paradójica: los Kirchner está cada vez más solos y poderosos y cada vez más acompañados y contradictorios. Encima, quienes debieran ejercer oposición no son “tan opuestos” o no se oponen o peor: no saben construir y ejercitar oposición.
Nunca en la historia de nuestro país la gente ha estado tan lejos de la política.
Los Unos y los Otros = Los Unos
Sin dudas, el acuerdo entre Néstor Kirchner y Roberto Lavagna tiende a poner de manifiesto aquello que para muchos es uno de los peores vicios de la política: la falta de convicciones. Nunca en la historia de nuestro país la gente ha estado tan lejos de la política.