¿Podrá Obama cambiar, siquiera en algo, esa “mentalidad”? ¿Podrá ayudar a sus conciudadanos a reconsiderar que ellos son “parte” del mundo y no los dueños del mismo?

Seguramente nuestra esperanza, y la del mundo entero, ha reverdecido y está respirando nuevo aire con este triunfo de Obama.

No es para menos, atentos a los desaciertos y horrores que ha vivido y está viviendo la humanidad con los desaguisados de los dos períodos presidenciales de Jorge W. Bush, emulando al anterior de su padre. Doce años de sinrazón, de soberbia, de mentiras, de creerse los dueños del mundo.

Barak Obama con su “cambio” y con su “se puede” nace y nos hace renacer desde el “sueño” de Martin Luther King y desde la “militancia” de Nelson Mandela en la tarea por construir un mundo más igualitario para todos y donde todos podamos vivir en paz y con dignidad.  Para ambos no fue empresa fácil lo que se propusieron y en ella empeñaron y dejaron sus vidas. Pasados  muchos años, gran parte de la humanidad ha entendido, captado y hecho suyos los ideales y propuestas de estos dos grandes luchadores. Y ahora, Obama y muchos de nosotros, estamos recogiendo los frutos de esas vidas entregadas.

¡Enhorabuena, entonces!¡ Bienvenido Barak para continuar enarbolando las banderas de  justicia y de  igualdad entre los humanos! Feliz nacimiento de una nueva etapa y de una nueva generación en este planeta tan maltratado!

Pero…(¡Qué pena por los peros!). Excúsenme por vislumbrar ciertas nubes en el horizonte de esta esperanza.

Para nadie es desconocido que “el modo de vida (norte)americano” es el ideal supremo de todos los habitantes de EE.UU. Modo de vida que se funda y que supone, para la mayoría de ellos, el “tirar manteca al techo”, el consumo loco e indiscriminado agotando los recursos del planeta, el darse todos los gustos posibles, el sentirse el ombligo del mundo, el creerse superiores al resto de la humanidad tomando unilateralmente decisiones en nombre de ella y que hace del dinero y del poder su dios incondicional.

¿Podrá Obama cambiar, siquiera en algo, esa “mentalidad”? ¿Podrá ayudar a sus conciudadanos a reconsiderar que ellos son “parte” del mundo y no los dueños del mismo? ¿Logrará que en el país del norte se comprenda y se acepte que es en la mutua relación entre los pueblos y en la mutua corresponsabilidad cómo se reedifica nuestro mundo en crisis? ¿Podrá desactivar la gran “industria de la guerra”, de la que siempre se sirvieron para salir de sus cíclicas crisis económicas? ¿Podrá hacer que el poder político e institucional sea superior al poder del Pentágono y al de Wall Street?

Muchos interrogantes que deseamos arropar con la naciente esperanza de un real cambio y de un poder de decisión acompañado por todos los países del mundo.

Paz y Bien, hermano Obama ¡Que así sea !