La sangre de un policía seca rápido

El ex director de Informaciones de la Policía, relevado de su cargo en 1998 por la reforma policial que encabezó Alejandro Cazabán, critica la situación actual del gobierno de la seguridad.

Cuando un policía muere en acto de servicio, se conmueven sus camaradas, y obviamente la familia se destroza desgarrada por el dolor, como en cualquier hogar que pierde un ser querido.

Pero la sociedad se olvida rápido, reacciona cuando hay una victima, está unas horas manifestando su bronca y después todo sigue igual. Algunos insisten, creando ONG, que luego son cooptadas por el gobierno para que no les ocasiones agitaciones, y así se va construyendo una coraza, donde funciona un especie de acostumbramiento a la tolerancia de estas calamidades.

Todas las perdidas de vida son traumáticas, las de un vecino que muere a manos de delincuentes o cuando por falta de seguridad vial se produce una muerte diaria en accidentes de transito, etc. Pero cuando muere un policía asesinado, debería llamarnos poderosamente la atención, y preocuparnos mucho mas por eso, no por que la vida de ese ser humano policía, valga mas que otra, sino que su envestidura, es la representación misma del Estado. Los hombres de armas en cualquier sociedad organizada, como lo decía Platón, es la clase mas estimable del Estado. Por que el policía, con su “ropa prestada” como dice vulgarmente un peyorativo dicho popular, esta representando a cada uno de los ciudadanos  de esta provincia con su uniforme, y  hemos confiado en él nuestra tranquilidad, a tal punto que le pedimos que jure defendernos hasta perder la vida si fuere necesario.

Si él es victima de un artero ataque por parte de marginales, toda la sociedad debiera preocuparse, ya que  ha sido atacada ella misma, debería exigir  acciones para que ello no se repita Pero los argentinos y las argentinas, como dice nuestra presidente, están adormecidos, anestesiados, y hacen gala de una abulia total que es realmente alarmante.

Ya en el año 98 cuando se disolvió, lo que era la Policía de Mendoza, y se la suplantó por esto que hoy tenemos, se advertía desde lo profesional, que esto iba a ocurrir. Y a quienes desde adentro nos resistíamos a su disolución, se nos denostó, se nos ridiculizo, y se pretendió  hilvanar argumentos con falacias como: mafias policiales, herederos de la dictadura, corrupción estructural, y toda la parafernalia dialéctica de la corporación policita, pretendiendo justificar lo que iban hacer, dejar a Mendoza en un estado de indefensión total.

Y  los más expuestos al peligro de la violencia social, son los policías por que se identifican con el uniforme. Esa violencia social, que va in crescendo, se ve manifestada en cada acción que como sociedad realizamos, se expresa al volante de los conductores, se expresa en el dialogo y el lenguaje de nuestros jóvenes y de los no tantos,  hoy aparecieron la llamadas tribus urbanas que con una violencia sin precedentes, se trenzan en lugares cuanto más públicos mejor,  ni hablar de la iracundia que se despierta en las tribuna de un estadio. Inclusive desde esferas oficiales, se apoya y se patrocina a grupos musicales que bajo un género “musical” hacen permanentemente apología de la marginalidad, e incitan a delinquir. Debo confesar también, que sentí vergüenza ayer o antes de ayer, ver a los docentes porteños, comportarse como barras bravas, si ellos que son educadores predican violencia, que mal futuro tenemos.

 Existe ya un patrón y un paradigma cultural de la anomia, de la anarquía, y del cuestionamiento al orden y la autoridad.  

Esto no tiene retorno si seguimos alimentando al monstruo de la inseguridad. La sociedad Mendocina, debería exigirle al gobierno que votó hace un año, que dé cumplimiento a sus promesas de campaña, de lo contrario solicitar mediante la movilización la revocatoria de su mandato. Por que la principal política de Estado deber ser la Seguridad, por que sin ella, no hay tranquilidad y paz social, esto perjudica las inversiones, el desarrollo económico, al desarrollo cultural, al turismo, etc.  La inseguridad lleva al empobrecimiento de la región, espero que  alguna vez lo entiendan. Todos los días desde las esferas de la conducción política se alimenta ese monstruo  con su inoperancia e inacción.

Volviendo al origen de la muerte de un policía, su sangre seca rápido, dice una frase popular, pero la herida que deja en el cuerpo social, con el tiempo tal vez se disimule, pero el daño que causa es permanente, y si no queremos que ello ocurra, hay que ponerse a trabajar, dejar los discursitos, y las caritas de preocupados, y dignificar primero la labor policial, apostar a una formación ético profesional que ponga en aptitud y actitud a los hombres y mujeres que mandamos a la calle con un arma, que es nuestra, de toda la sociedad. Luego reforzar la capacitación, la especialización y sobre todo conducir al recurso humano policial, con Jefes de probada  capacidad profesional, moral y ética para ello.

Por que esta comprobado, que la muerte de un servidor publico, como un Policía, se produce en un ochenta por ciento por falta de capacitación, la falta de  aptitud y actitud para la misión, lo convierte en una presa vulnerable de los marginales.  Eso no es culpa de el, sino del Estado que no esta haciendo bien las cosas desde hace diez años.