El vínculo educativo y la libertad

El rector organizador de la Universidad Cooperativa de Gral. Alvear reflexiona sobre el proceso de enseñanza/aprendizaje. Dice: "El problema es actual, pero no nuevo. Hace alrededor de 24 siglos ya lo planteaba Platón en el libro VIII de su República, cuando diseñaba una sociedad con ´borrachera democrática´.

Ya sea en conversaciones informales o en reuniones académicas –como la realizada a medianos de setiembre en la Escuela Normal Superior de San Rafael, en la que participé como Rector Organizador de la Universidad Cooperativa de General Alvear (e.f.)- aparece un enfoque básico que de alguna forma es transversal a casi todos los temas específicos. Se trata de la relación enseñanza/aprendizaje, que en esta época posmoderna ha quedado un tanto desdibujado el perfil que caracterizó a esta relación en épocas pasadas.

El problema es actual, pero no nuevo. Hace alrededor de 24 siglos ya lo planteaba Platón en el libro VIII de su “República”, cuando diseñaba una sociedad con “borrachera democrática”.

“…Que el padre acostumbre a tratar a su hijo de igual a igual y hasta llegue a temerle…el maestro tema y adula a sus discípulos, y éstos menosprecian a sus maestros y preceptores…y los viejos, a su vez, llenos de condescendencia con las bromas de los jóvenes, afectan un tono festivo y tratan de imitarlos para no parecer fastidiosos y despóticos…”(p. 450 de la edición de EUDEBA/1972).

Pero sin necesidad de remontarnos tan lejos en el tiempo (Platón sólo imaginaba una situación hipotética), en la década del 30’ del siglo XX, el ensayista francés Alaín (hoy un tanto olvidado por “reaccionario” y positivista, comteano ortodoxo) arremete contra las modas pedagógicas. Su propósito explícito era:

“…dar un buen puntapié al sistema de instruir divirtiendo…”, ya que la educación consiste en:

“…poner en sus manos (la de los chicos) su propio aprendizaje, lo que significa fortalecer en ellos la voluntad”.

Resulta imprescindible:

“…que el niño conozca el poder que tiene de gobernarse…y que ese trabajo sobre si mismo es difícil y hermoso…Y no sólo debe ser el niño capaz de vencer el tedio y la abstracción…Ensáyese, pues, ese método severo…” Es que “…el hombre sólo vale por lo que obtiene de si mismo según el método severo, y los que rehúsan el método severo no valdrán nunca nada” “…No confío en…invenciones mediante las cuales se quiere instruir divirtiendo…El hombre se forma por la fatiga; debe ganar; debe merecer sus placeres verdaderos…” (párrafos I al V de “Conceptos sobre Educación”).

Alaín escribió su libro en Francia en 1932 (aquí se tradujo recién en 1948) cuando por lo visto en su país ya despuntaba algo de la postmodernidad educativa: el “educamiento”, invento estadounidense que mereció hace unos años la crítica frontal de Jaim Etcheverry a través (entre otros escritos) de su siempre vigente libro “La Tragedia Educativa”.

En efecto, este intento de ensamblar educación con entretenimiento no tiene base ni destino. Podrán intentarse, sin duda, procedimientos didácticos que faciliten la compresión de lo que se estudia: pero el hecho de estudiar no es en absoluto divertido; es difícil, supone esfuerzo, exige atención, en fin, requiere lecturas para el aprendizaje, no para la diversión. Esta tiene sus propios ámbitos, el juego, los espectáculos, el deporte, etc. Pero a la hora de estudiar sólo funcionan las “horas sillas”, la atención y el esfuerzo intelectual.

Otro de los problemas que, por cierto, preocupa a Jaim Etcheverry es la supuesta “igualdad” entre el alumno y docente, tal como lo había planteado Platón en su “borrachera democrática”. Hay una evidente asimetría entre quien enseña (se supone que sabe lo que enseña) y el que aprende (que por ello se supone que todavía no sabe). Si no hubiera diferencia entre educador y educando, simplemente no haría falta sistema educativo alguno. No se trata, desde luego, que el docente utilice esta asimetría para dominar y someter al alumno. Por el contrario, de lo que se trata (como lo señalaba Alaín) es que el docente guíe al alumno para que éste ejercite su voluntad de perfeccionamiento, pero con la guía de quien puede guiarlo: el docente. El docente, claro está, aliado a los padres para posibilitar esa guía, no (como suele suceder ahora) un docente que se ve obligado a enfrentar la alianza alumno/padres vs. maestro.

Lo planteado implica reconocer y propiciar la libertad del educando. Sólo en los regímenes “educativos” que pretenden fabricar robots teledirigidos –dogmatismos, intolerancia, fundamentalismos, en fin totalitarismos de cualquier pelaje- puede pensarse en negar la libertad: ésta es inherente a la naturaleza humana.

Pero como señala Oriana Fallaci en su autoentrevista:

“No la libertad entendida como libertinaje, desenfreno, prepotencia, egoísmo, es decir, la libertad que se emborracha a sí misma. Que se abandona a los excesos, que acaba con la libertad de los demás. La libertad razonada, quiero decir. Disciplinada e incluso autodisciplinada…” (pag.74).

No es otro el legado de la modernidad, que en nombre de un confuso posmodernismo se pretende desconocer: mi libertad y mis derechos llegan hasta donde empiezan la libertad y los derechos de los demás. Esto implica que la libertad no es un valor absoluto, sino relativo a la convivencia. En su “Metafísica de las Costumbres” (1797) Kant precisaba:

“El deber de respetar a mi prójimo está contenido en la máxima de no degradar a ningún otro hombre convirtiéndole únicamente en medio para mis fines (no exigir que el otro debe rebajarse a sí mismo para entregarse a mi fin”.(pag.319).

Es que el hombre:

“Está obligado a reconocer prácticamente la dignidad de la humanidad en todos los demás hombres…” (pag.336).

En síntesis, si acordamos en que una concepción moderna del ser humano, el alumno debe ser orientado para llegar a ser un hombre libre –esto es, que sepa investigar sin dogmatismos, decidir racionalmente y ser responsable de su destino-, que sepa valorar y manejar su libertad- ésta tiene que ser entendida como atributo de todos los seres humanos y, por lo tanto, como valor de convivencia.

La libertad ilimitada de todos implica anarquía; la libertad ilimitada de uno sólo implica tiranía. Corresponde, pues, orientar la actividad educativa para no caer en ninguno de los dos extremos.

Y dado el estado actual de la educación, resulta pertinente reiterar la consigna de Jaim Etcheverry que hace poco nos recordaba en una periodística Escalante Gómez: “Volver a Educar”.