Muchas veces, al preguntar a un vecino o a un compañero de trabajo qué opina de tal o cual medida del gobierno, recibimos como respuesta un “no sé, soy apolítico”.
Algunas de las personas que contestan de esta manera, haciendo una mezcla entre política y partido político, quieren en realidad responder que no se sienten identificados con ningún partido político, o con ninguno de los políticos que están en danza en ese momento.
Pero, apolítico…
Imaginemos esta situación: una señora va llegando a fin de mes con lo justo, le queda sólo el resto para pagar la tarjeta de crédito (que si no paga no va a poder ir al súper el mes que viene), y ya en la recta final, con el 31 a la vista, uno de los niños se enferma…
¿Qué hace? ¿Paga la tarjeta y no lleva al niño al médico?
¿Paga el mínimo, va al médico y pide prestado para los remedios?
¿O directamente no paga un peso, aún a riesgo de quedar sin crédito en el futuro, hasta tanto no saber cuánto le va a costar la incursión por el pediatra?
Decida lo que decida, eso es política.
Lo mismo que hace el Gobernador o la Presidenta. Priorizar en qué gastar los recursos escasos con que cuenta.
Algunos priorizan la deuda sobre el desarrollo social, otros al revés, otros un poco de aquí y otro poco de allá, pero lo que si está claro es que cada uno de nosotros piensa de una determinada forma, y que no nos da lo mismo (aunque eso pensemos o digamos) que nos gobierne tal o cual.
Sería bueno que de una vez por todas, los habitantes de este planeta (ya que el problema no es sólo argentino ni mendocino) elijamos gobernantes que nos representen, y exijamos que sigan, al asumir sus funciones, la línea política que plantearon en campaña .