La Argentina ha venido creciendo a tasas cercanas al 9% durante cinco años consecutivos. Los primeros dos años todo era color de rosa porque arrastrábamos inversiones anteriores y una infraestructura que estaba subutilizada. Esos primeros años se dejaron pasar y a medida que el crecimiento se acentuaba se comenzó a tomar conciencia de la situación aunque con poca convicción.
Hasta el día de hoy, las autoridades nacionales se niegan a reconocer que hay crisis energética. Solamente lo califican como “las consecuencias de nuestro propio éxito”. No obstante, lanzaron un plan de uso racional de la energía que incluyó polémicos cambios en el uso horario, recambio gratuito de lamparitas hogareñas, aunque le han faltado otras decisiones para que el título de “racional” sea el apropiado.
Un enemigo de al racionalidad en el consumo es la tarifa barata y subsidiada. Con las tarifas actuales, los consumidores actúan sobre la base la racionalidad que genera dicha tarifa, es decir, consumen más, compran más aparatos eléctricos y electrónicos porque pueden pagar el consumo, dado que la tarifa ha quedado muy rezagada respecto de los incrementos del resto de los consumos del hogar.
La otra cuestión alejada de la racionalidad es que se pide medir el consumo en los hogares, se multa a las empresas que consumen más, aunque sea por un aumento de la producción, pero no se suspenden –aunque sea provisoriamente- los espectáculos públicos nocturnos. Pan y circo.
Cuando Brasil pasó por una crisis similar, se restringió el consumo hogareño, se suspendieron espectáculos y se dio prioridad a las industrias para que no paren, sigan produciendo y no se ponga en peligro el crecimiento ni la creación de empleos. Esto parece que nunca pasará en Argentina.
Los problemas del tránsito
Una parte espectacular del crecimiento argentino está representado por la producción y venta de automóviles 0 km así como de vehículos de carga y de transporte de pasajeros. Las ventas de 2007 superaron los 500.000 vehículos 0km, superando el récord del año 1998, y el sector espera aumentar un 10% más las ventas en 2008.
Lo sorprendente de este crecimiento es que, a diferencia de 1998, solo el 30% de las ventas se concretó a través de créditos, mientras que el 70% fue al contado. Si creciera la disponibilidad de créditos prendarios, la expansión sería mucho mayor.
Pero el problema es dónde ponemos los autos nuevos. Hay que pensar que en 4 años se incorporaron 1,5 millones de autos nuevos y las estructuras de nuestras ciudades siguen presentando diseños estructurales de la década de los `60.
En el caso específico de Mendoza, se calcula que son unos 75.000 autos nuevos los que circulan por la provincia, de los cuales un porcentaje elevado se concentra en el área del Gran Mendoza. El caos vehicular dado por el crecimiento del parque automotor, sumado a la conducta cada vez más antisocial de los conductores, ya es parte de un paisaje urbano peligroso si no se toman medidas que, a esta altura, solo serán paliativos.
Una de las grandes deudas que la provincia tiene es un verdadero ordenamiento de reconfiguración del transporte público de pasajeros. Durante las dos últimas gestiones radicales se tomaron dos decisiones que contribuyeron al atraso actual. La primera fue anular la concesión de la privatización del servicio de trolebuses, que hoy está colapsado, quebrado y sin posibilidades de mejora, salvo que el Estado invierta una suma millonaria que no sabemos si la tiene y si es sensato gastarla.
La segunda fue cambiar el manejo de la caja del sistema de ómnibus urbanos. El Estado pasó a manejar la caja y los dueños de los colectivos cobran por km recorrido, pero no se hizo ninguna reingeniería seria para mejorar la calidad de servicios, abarcar a los nuevos asentamientos poblacionales y brindar un nivel de cobertura adecuado.
El sistema de recorridos es tan irracional que sigue manejando el criterio de que el transporte público circule por la periferia de la ciudad y privilegiando el ingreso de los autos particulares al centro, cuando debería ser al revés. La prioridad para llegar al centro debería ser del transporte público, porque es el que tiene la capacidad de movilizar a mayor número de personas. Los autos particulares no deberían pasar de la periferia, ya que llevan pocas personas y ocupan mucho lugar en un espacio cada vez más chico.
Como estos, hay muchos más ejemplos que cotidianamente nos vienen abrumando sin que los sistemas estén preparados para ello. Mendoza sigue careciendo de una ley que regule el uso del suelo. No olvidemos que somos un desierto y que los oasis son ecosistemas muy vulnerables si no se respetan normas básicas. También falta un sinceramiento en cuanto al uso racional del agua y la forma de cobro del servicio.
Cuanto antes los gobernantes tomen cartas en el asunto, menor será el daño que el éxito nos cauce, Cuanto más se demoren, peor será la calidad de la vida en nuestros oasis, en nombre de la modernidad y el “progreso”.
Los costos del crecimiento
Mientras la economía crece a tasas extraordinarias, la infraestructura de servicios no se ha adaptado a los nuevos tiempos y genera crisis en varios sectores por la insatisfacción de la población. Desde la escasez energética hasta los problemas del tránsito, todos son factores que muestran la falta de previsión y planificación de las autoridades.