La participación como aporte constructivo

"La sociedad civil solamente puede involucrarse activamente en la 'cosa pública' cuando se encuentra bien informada. Acceder a la información pública, entonces, permite simultáneamente controlar al Estado y profundizar el marco de conocimiento y de acción de los destinatarios de la misma".

Foto: NA
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La Democracia como sistema político exige transparencia en la actividad de los que ocupamos cargos públicos, a fin de desalentar las prácticas corruptas y mantener la estabilidad y el desarrollo económico y social de nuestro país.

Asimismo, la sociedad civil, solamente puede involucrarse activamente en la "cosa pública" cuando se encuentra bien informada. Acceder a la información pública, entonces, permite simultáneamente controlar al Estado y profundizar el marco de conocimiento y de acción de los destinatarios de la misma.

Un mayor acceso al resultado del trabajo que los representantes del pueblo argentino están realizando, significa un mayor debate público y les proporciona a los ciudadanos las herramientas para involucrarse y, al mismo tiempo, contribuye a la generación de un marco político más estable para la gobernabilidad y el desarrollo armónico.

Si tuviésemos que llegar a un acuerdo y señalar un rasgo definitorio de las democracias representativas actuales, sin duda alguna, atenderíamos de inmediato al concepto de participación política, como el principal mecanismo con el que cuentan los ciudadanos para transmitir información sobre sus intereses, preferencias y necesidades, y, sobre todo, para obtener respuestas de las autoridades respecto a ellos.

Resulta evidente señalar, entonces, que se hace necesario generar más participación para disminuir la brecha que parece existir entre gobernantes y gobernados y, además, para dejar de lado el individualismo que parece haberse instalado en las nuevas formas de vida.

Por ello, en un momento en que las modalidades participativas tradicionales como el voto, los partidos políticos o algunas asociaciones de intereses como los sindicatos muestran claros síntomas de crisis, el potencial de las nuevas tecnologías adquiere un fuerte protagonismo en el ámbito participativo.

La información disponible a través de Internet permite a los ciudadanos estar mucho más informados sobre los asuntos políticos y, a partir de allí, pueden articular mejor sus iniciativas, puntos de vista y opiniones a través de nuevos espacios; también les permite ejercer plenamente sus derechos políticos en un entorno plenamente digitalizado y seguro, además de estimular el compromiso cívico.

En cualquier caso, los estudios acerca de la mejora de la calidad de nuestras democracias han incluido en los últimos años a las TICs como un factor altamente relevante.

Son muchos los analistas que han subrayado el papel privilegiado y relevante de las nuevas tecnologías de la información en la creación de una democracia más auténtica, real y participativa.

La creación de la Banca Virtual del Ciudadano en la Cámara de Diputados de la Nación, una iniciativa en la trabajamos en forma conjunta con el presidente del cuerpo, doctor Alberto Balestrini, surge, precisamente en la institución pública con mayor representación dentro del sistema democrático argentino.

De allí la necesidad de crear mecanismos que permitan profundizar el acercamiento de la población a la institución parlamentaria, dándoles a los ciudadanos de todos los rincones del país la oportunidad de expresar sus opiniones, propuestas y necesidades, y de esta manera, tener una mejor y mayor incidencia en la elaboración de políticas públicas.

La iniciativa tiene como finalidad general difundir conceptos básicos relativos al tratamiento de los proyectos e iniciativas parlamentarias mediante su aplicación práctica y, como finalidad específica, producir una retroalimentación virtual entre los Diputados y la población acerca de determinados proyectos e iniciativas parlamentarias que preocupan a la sociedad.

Luego de la crisis del 2001, la sociedad se encuentra en un creciente estado de participación, retomando el papel activo que asumió a partir de la recuperación de la democracia en 1983. A partir de ello es que afirmamos que ese fuerte papel activo debe también extenderse a instituciones públicas y oficiales como el Congreso Nacional, a partir de una creciente revalorización de la Política como herramienta transformadora.

En este sentido, tomamos distancia de la promoción de la participación ciudadana que se instaló con fuerza como concepto en algunos sectores de la  comunidad académica y política a partir de la década del ochenta y, en especial, en la década del noventa. Su auge tuvo lugar en el mismo momento en que se acrecentó el desprestigio de lo político. Desde ese lugar se promocionó la participación como instrumento de control y denuncia, más que como aporte constructivo y comprometido.

Poseemos un único concepto de participación popular, pero admitimos que pueden proponerse nuevos modos, haciendo referencia a la inclusión de actores no tradicionales en los procesos de elaboración de políticas públicas, inscriptos en organizaciones sociales que no se vinculan con los aparatos u orgánicas partidarias.

El desafío es cómo rescatar los aportes valiosos de estas corrientes de pensamiento, sin que esto suponga desdibujar las instituciones representativas, en democracias modernas y complejas, que ya no pueden regresar a formas directas o semi indirectas de gobierno.