Si un supuesto candidato a ocupar un importante cargo plantea en plena campaña electoral una promesa de cumplimiento casi imposible (como podría ser por ejemplo disminuir un indicador negativo un 30% en 6 meses), se podría pensar, mas allá de no compartir, que el hombre hace una relación de costo-beneficio: el costo de mentir sobre que “se tiene el plan” es menor comparado con el beneficio de ganar las elecciones.
Ahora, si una vez pasadas las elecciones, y habiendo ya ganado, el funcionario electo insiste y profundiza las promesas imposibles, ¿qué respuesta nos amerita?
Sigamos: si el supuesto candidato dice que ya tiene la plata para poner en marcha el plan (aunque le demuestren que no la tiene) o que va a trasladar el gobierno una vez por semana a un lugar distante mas de doscientos kilómetros ,como si “el gobierno“ fuera su cuerpito y el de sus colaboradores directos, puede que esté desconociendo la compleja trama de la gestión estatal.
Esta trama incluye a funcionarios de distinto rango, intercomunicación permanente entre ellos, disposición de expedientes en caso de necesitarlos, archivos y, entre tantas otras cosas, miles de empleados administrativos indispensables para que la cosa realmente funcione, la situación se pone interesante, y la pregunta es entonces: ¿es o se hace?
Lo ideal sería que ni fuera ni se hiciera, pero puestos a elegir… ¿qué sería mejor o menos peor: que fuera o que se hiciera?
¿Que “fuera” una persona que desconoce los reales límites de su poder, o que “se hiciera” el que desconoce, con el objeto de aplicar un plan oculto para llevar las cosas a buen puerto?
Si el señor comandara una empresa propia, no sería problema nuestro, pero tratándose de lo público, va siendo hora de que empecemos a preocuparnos…
El supuesto candidato, ¿es o se hace..?
El autor hace referencia a la promesa de descenso del 30% de delitos en Mendoza: "Si un supuesto candidato a ocupar un importante cargo plantea en plena campaña electoral una promesa de cumplimiento casi imposible , se podría pensar que el hombre hace una relación de costo-beneficio: el costo de mentir y el beneficio de ganar las elecciones".