Hace algunos días MDZ propuso un debate sobre normas de uso de sus espacios abiertos a comentarios del lector. Tal vez un purista prefiera no denominar "foros" a esas secciones, dada su relativa fugacidad. Pero interpreto que tanto en concepto como en estructura, el conjunto de comentarios debajo de cada nota tiene la vida propia y el espíritu participativo suficientes como para encuadrar con justicia en la definición.
Las reminiscencias atenienses del término no son para nada ajenas a la esencia de estos espacios. Aquel ámbito de deliberación era a la vez escenario y opinión. Plataforma y contenidos, diríamos hoy. En aquel entonces una explanada rodeada de columnas dóricas y escalones de mármol no llegaba a la condición de foro a menos que lo pobláramos de ciudadanos con necesidad de expresión. Hoy, en el espacio virtual, puede haber herramientas muy avanzadas, muy "dóricas", pero carecen de vida si los usuarios no concurren a manifestarse.
El mandamás de Atenas (o de Roma o de Cartago) cumplía el mandato de construir el foro físico y la propia dinámica de la democracia incipiente le daba el ánima capaz de completarlo: la voz del pueblo. Hoy no hay que ser gobernante de nada para fundar un foro, pero el ciudadano sigue siendo imprescindible para darle entidad.
Como en el siglo XXI no se necesita tanto mármol, la lógica de la web permitió la multiplicación ad infinitum de ámbitos de participación sobre todos los temas imaginables. Desde el cuidado del caniche toy hasta el calendario maya, pasando por la genealogía de los Borbón, el origami, las hierbas afrodisíacas y los hábitos reproductivos del ornitorrinco. Y por supuesto, como digno heredero de Atenas: lo político-social.
Todos invitándonos con generosos y tentadores formularios de contacto. Todos vinculándonos con entrañables desconocidos. Todos alentando la libertad... y todos temblando cuando el ciudadano habla.
No podría enumerar la cantidad de normas-sine-qua-non que existen en la red para encadenar al usuario a reglas de convivencia, ridículas algunas, inútiles la mayoría. La voz del pueblo es capaz de tomar muchas formas. De bordear lo patético tanto como lo sublime. Tanto de herir como de enaltecer. Pero si Vox Pópuli es Vox Dei ¿quién se anima a ponerse la camiseta de árbitro?
Eso es lo que me alentó a poner a consideración de MDZ y especialmente de sus lectores, un modesto pentálogo. Como el cuerpo normativo mínimo que nos permita seguir siendo atenienses sin que al fundador del foro le den ganas todos los días de clausurarlo y abrir una pista de atletismo.
1. Cuidá el lenguaje y, si podés, la gramática y la ortografía. Todos sabemos que lo importante es el fondo pero a veces nos olvidamos que una forma digna de escribir le propone al otro seguir leyendo en vez de abandonar tu post, o saltearlo cuando ve tu nick.
2. En lo posible, leé todos los comentarios que preceden al tuyo. Las opiniones descolgadas o repetidas te quitan audiencia y son propicias para la burla o la admonición.
3. No hagas spam. Además de la subestimación grosera que ofende a tus pares, comprendé que ninguna empresa pone a tu disposición una plataforma gratuita para que vos te hagas publicidad.
4. Después de la inolvidable ponencia de Roberto Fontanarrosa en el III Congreso de la Lengua Española, las "malas palabras" perdieron gran parte de su oscuro status. No obstante, muy pocos pueden alcanzar la estatura del Negro cuando las utilizaba. Así que pensalo un segundo antes de adornar el post con el vocablo macizo y valiente que tenés en la punta de la lengua. Si te parece imprescindible, ponelo. Si creés que es reemplazable, no dudes en omitirlo. Hay "oídos" más sensibles que otros en un foro y es una pena que te pierdas un lector que se considere lesionado.
5. Sé generoso con el que coincidís y mesurado con el que disentís. No etiquetes, no presupongas, no sospeches, no descalifiques. No hay comentario, por más virulento que lo encuentres, que no se pueda rebatir con gracia y con altura.
Los antiguos foros, los de mármol, tenían un sustrato filosófico que hizo historia: la construcción de ciudadanía. Los modernos no están lejos. Además de la participación, acto tan reclamado y tan ausente en nuestra vida cívica, los foros en la web traen implícita la propuesta de construir comunidad.
El beneficio que esa forma de pertenencia nos traiga a cada uno será proporcional al compromiso que pongamos en sostenerlo, fortalecerlo y fecundarlo. Incluso al del ornitorrinco. Con más razón si es mendocino y nos está abriendo todo un paisaje al que otros medios, más curtidos en la comunicación, no nos permitían ni asomarnos.
Acerca de foros y foristas en el mundo digital
"No podría enumerar la cantidad de normas-sine-qua-non que existen en la red para encadenar al usuario a reglas de convivencia, ridículas algunas, inútiles la mayoría. La voz del pueblo es capaz de tomar muchas formas. De bordear lo patético tanto como lo sublime. Tanto de herir como de enaltecer. Pero si Vox Pópuli es Vox Dei ¿quién se anima a ponerse la camiseta de árbitro?".