La productividad laboral se mide en función de las horas de trabajo necesarias para la obtención de un determinado producto o servicio. Alcanzar un alto nivel de productividad es el objetivo de toda empresa y de toda persona que trabaje de manera independiente. Un mayor aprovechamiento de los recursos impacta en una mayor producción y, en consecuencia, en una mayor rentabilidad.
Solemos dedicar largas y extenuantes horas al trabajo en pos de la tan buscada productividad. Sin embargo:
Trabajar una gran cantidad de horas no nos vuelve necesariamente más productivos.
Todo lo contrario. La excesiva carga horaria laboral es uno de los factores de riesgo que incrementa en mayor medida las probabilidades de sufrir stress laboral.
La productividad varía a lo largo de la jornada de trabajo, siendo las primeras cuatro/seis horas las más productivas. A partir de la hora 7 la productividad comienza a disminuir, hasta llegar a cero en jornadas muy extensas, y aumentando consecuentemente la probabilidad de cometer errores, entre otras cosas.
Si bien el debate sobre la relación entre horas dedicadas al trabajo y productividad no es nuevo, se está tornando cada vez más relevante y, tanto países como empresas de diferentes características y latitudes, comienzan a hacer pruebas experimentales al respecto.
En Suecia hay empresas que de manera experimental han reducido la jornada laboral a 6 horas y la han asociado con niveles de productividad y felicidad (fuente BBC Mundo).
Los resultados aún no son palpables en toda su dimensión pero, en las empresas en donde se redujeron las jornadas a 6 horas, han disminuido las inasistencias y las personas manifiestan estar “menos estresadas”.
La posibilidad de salir antes del trabajo y disfrutar algunas horas de sol y actividades al aire libre ha mejorado la concentración de las personas en sus puestos y logran terminar antes sus tareas efectivamente.
Existen otras voces y otros intentos de reducir las jornadas de trabajo.
Bajo el lema “empieza temprano, termina temprano” el gobierno en Japón promueve entre funcionarios una campaña para reducir la jornada laboral y de esta manera lograr un mayor equilibrio entre la vida familiar y profesional. Con esta iniciativa el gobierno aspira a combatir el hábito de trabajar hasta la noche, muy arraigado en la cultura laboral nipona.
Si bien se trata de pruebas experimentales, existen muchas voces que se pronuncian a favor de trabajar no más de 36 horas semanales buscando el tan ansiado equilibrio entre vida laboral y vida personal.