A fuerza de ser sinceros hay que decir que el Acto Central no estuvo tan mal. Hemos visto cosas espantosas. Y esta “Sinfonía iluminada de gloria” entretuvo y cautivó más allá de carecer de algo fundamental: un guión.
El Acto Central de la Fiesta Nacional de la Vendimia 2014 fue una sucesión entretenida de cuadros sin hilo conductor alguno, que tuvo en la música a su mayor fuerte, a la coreografía como algo no tan ajustado y la ausencia total de historia como mayor defecto. Muchos se preguntan aún de qué se trató la fiesta…
Así, con este panorama, la obra musical dirigida por Paíto Figueroa tomó un vuelo tan alto que terminó siendo la estrella fundamental de la noche en una Vendimia que no tuvo ni al vino ni a los hacedores del vino dentro de su historia. Y no es poca cosa dejar eso de lado.
Paíto de alto vuelo
Figueroa entendió el concepto de la fiesta y por eso creo esta pequeña y efectiva sinfonía. Desde el mismo inicio, con el vals inicial, uno se daba cuenta que había elegancia, delicadeza, precisión y que la música sería una propuesta exquisita en la noche.
Desde luego que la imponente banda conformada por 40 músicos da seguridades y Paíto Figueroa se aferró a ello y al talento de varios de sus músicos y se animó a darle un toque sinfónico distinto a versiones archiconocidas. A eso hay que sumarle que todos los instrumentos de la banda sonaron y bien, mérito también del operador de sonido.
La selección de canciones no despertó sospechas porque se fue a lo seguro: gato, cueca, chacarera, una notable versión de la “Chaya riojana”, una canción “anocherada” de Abel Pintos, una versión lírica de “Virgen de la Carrodilla”, temas superconocidos a la hora de hablar de los inmigrantes y una hermosa combinación de “El cóndor pasa” con “India morena” cantada de manera espléndida por Bárbara Luna.
El final encontró a todo el Frank Romero Day de pie más allá que el tema elegido para el cierre no terminó de ser conmovedor, como todo cierre vendimial lo merece. Pero más allá de se detalle, la música salvó muchos momentos vacíos de contenidos y de gran desorientación, especialmente en la parte coreográfica.
Excelente tarea de la de Figueroa que cumplió su sueño de hacer de la Vendimia una exquisita obra musical. Para tener el CD y escucharlo una y mil veces y entender que lo tradicional se puede hacer de manera sinfónica sin ser alterado en lo más mínimo y dándole un toque de excelencia.
¿Y Piquín?
Hernán Piquín es uno de los grandes de la danza argentina. Hombre muy reconocido y de alta exposición mediática. Y eso terminó siendo lo que inclinó la balanza a la hora de los aplausos. Sus tres apariciones no fueron determinantes pero si ovacionadas, por el solo hecho de ser Piquín.
Muchos bailarines mendocinos han tenido actuaciones solistas destacadísimas pero al no gozar de esa “chapa” pasaron desapercibidos.
La verdad es que no se sintió que el gran bailarín sumara mucho más a la fiesta.
Buen guión de TV
Por fin una Vendimia se pudo disfrutar por la televisión. La transmisión fue impecable y se notó que hubo un guión especial para que el director de cámaras se orientara. Aplausos para todos los que allí trabajaron y se destacaron.
Algunos detalles sueltos
- Fue muy raro que al sonar “Los 60 granaderos” apareciera parte del ballet bailando. Hasta hace muy poco, un protocolo vendimial indicaba que esa canción –entre otras- no debía ser bailada. Anoche no sucedió eso.
- Algo similar pasó con el “Himno a San Martín”. ¿Se bailan los himnos?
-Una pena que se le cortara el micrófono a Tino Neglia justo cuando su interpretación del general San Martín estaba en el clímax. En medio del pedido de juramento, hubo un problema técnico que sólo la experiencia de Neglia pudo zafar.
-Por ultimo, la pantalla del medio del escenario es tan grande que a veces opacó a los bailarines. Por momentos, se pasaron imágenes sin ton ni son y fue un derroche de tecnología sin sentido.
La sobriedad de los locutores
Sergio “Coco” Gras ya es el gran locutor y animador mendocino y anoche marcó la senda a seguir: sencilla y sobria. Celia Astargo y Laura Carbonari fueron moderadas y claras. Marcelo Ortiz se supo acomodar a sus compañeros y trató de poner su sello mientras que la debutante Laura Rez Masud llevó la jornada como una experimentada. Por último, Pablo Molina supo amoldarse a la situación.