De chico, Joaquín fantaseaba con ser escultor. Después quiso ser arquitecto -para tener plata- y ser escultor. Se le daba por las manualidades. Desarmaba muñecos, compraba materiales y los convertía en esculturas a modo de diversión. A los 14 años empezó a dibujar sobre cuadros "demasiado decorativos y casi todos amarillos" de su vieja. Ahí se produjo el reencuentro con el juego infantil: tirar pintura, manchar, salpicar, ensuciarse. De a poco lo de la Arquitectura quedó en el olvido.
A partir de ese momento empezó a probar con diferentes técnicas de manera improvisada. Su aprendizaje es impresionista, intuitivo y mayormente autodidacta. Parte de lo que conoce: los museos de la Capital y los libros que había en su casa y que fue comprando. Traduce elementos que se le impregnan inconscientemente de lo que ve ahí, en películas, de lo que escucha. Aburrido en el colegio (donde se llevó hasta Plástica) dibujaba con biromes en sus cuadernos. En paralelo empezaba a pintar con acrílicos, a hacer stencils y después fue incorporando lápices, tinta, para finalmente dejar el secundario –que terminó en un acelerado- y pintar en bastidores con pasteles al óleo. Hoy tiene 21 años y trabaja con una técnica mixta, explotando el contraste y las diferentes texturas que eso implica.
Autorretrato en birome
Joaquín no trabaja todos los días porque no elige cuándo hacerlo. Lo hace en momentos particularmente intensos y ejecutivos que no tienen que ver solo con lo pictórico sino más bien con un estado mental general que le permite una mirada distinta sobre el mundo. Una mirada que en los mejores días es irónica y en los otros es más bien sardónica. Para él el mundo se burla de nosotros y no hay que tomárselo mal. Se relaciona con él a través del arte con resignación-esperanza. No se obliga a trabajar porque le da malos resultados.: no le gusta lo que hace por fuera de esos berrinches productivos que tan bien se ven en sus trazos frenéticos. En todo caso esas cosas que surgen de momentos menos inspirados las retoma después. Le quiere decir algo a alguien y se pone a dibujar. El puntapié después queda amalgamado entre todo lo que pasa y él queda más tranquilo.
Hace varios años ya que viene compartiendo sus trabajos vía Facebook –haciendo retratos de conocidos y etiquetándolos- y vía galerías virtuales con el proyecto de alguna vez exponer para completar el proceso de producción y de diálogo. El sábado 21 de septiembre es su primera muestra, que es como "el recital del disco que sacó hace un montón". La idea es hacer un ciclo de varias muestras con lugares aún por confirmar. Attenti. Joaquín dice y por primera vez se puede entrar en conversación de una manera más tangible. La Casa del Pueblo, Entre Ríos 488, entre las 22 y las 24 hs. Entrada gratuita.
Para ver sus trabajos: