Entrevista a David Fincher

El director respondió al llamado de NETFLIX y se aventuró en el terreno de las series. Cuenta por qué lo hizo y por qué piensa que lo va a seguir haciendo.

Pasaste de ser un director de cine de Hollywood a un productor de series de Netflix. ¿Por qué?
En Hollywood, imaginar proyectos cinematográficos ya no es tan estimulante, principalmente porque no queda demasiado lugar para desarrollar personajes. Si te pregunto qué personaje te marcó en estos últimos veinte años,  probablemente pensarías en Tony Soprano, que se volvió un ícono cultural justamente porque tuvo tiempo de contradecirse, de transformarse a lo largo de las temporadas, de revelar infinitas facetas de sí mismo. Por eso tenía ganas de experimentar con los tiempos de una serie.



¿Por qué dirigiste únicamente los dos primeros episodios?
No podía filmar más que eso. Crear una serie de televisión de la nada es un trabajo enorme, que no imaginaba. Necesito un promedio de dos años para terminar una película, y acá estamos hablando de trece horas de ficción filmadas en pocos meses, con semanas de cien horas. Necesité delegar, y estoy muy contento con el trabajo de los otros cinco directores. Obviamente me costó un poco adaptarme, porque quizás conmigo los personajes se comportaban de tal manera, y después viene otro director con diferentes ideas… En general yo no soporto ese tipo de cosas, pero acá era diferente. Los personajes de la serie son como hijos: hay que dejarlos desarrollarse y que sean lo que tienen que ser.

¿Te gustaría filmar una película para Netflix?
Ya va a llegar el día, seguro. Netflix tiene casi treinta millones de abonados que pagan nueve dólares por mes, así que la plata está. ¡Sería divertido organizar proyecciones a las que todo el mundo fuera con un iPad y un casco! Creo que no estamos tan lejos de un gran desbarajuste como ese. Técnicamente, la calidad de la producción que hasta hace cinco años se asociaba a un cine de gran presupuesto, está democratizándose. Cuando empecé a trabajar en El curioso caso de Benjamin Button usábamos efectos digitales muy nuevos para transformar los rostros de forma creíble, y esos planos costaban 100 mil dólares cada uno. Hoy estoy haciendo ensayos para Veinte mil leguas de viaje submarino, que espero dirigir, con técnicas increíblemente elaboradas: hay planos submarinos, vegetación y pececitos, en planos que no deberían costar más de 25 mil dólares. Hay chicos de 22 años posteando películas en Vimeo con una calidad visual increíble ¡y las hacen en su casa! ¿Cómo va a ser la experiencia del cine en un futuro cercano? La verdad es que es imposible saberlo exactamente.