Eran mediados de los noventas y Belle and Sebastian se pasaba de bar en bar interpretando sus canciones empalagosas que hablaban de situaciones que –suponemos– le sucedían a ellos y a otros chicos británicos. Acababan de editar mil copias de un primer disco que se agotaría pronto y se convertiría en una obra de culto pop postThe Smiths: Tigermilk.
La segunda canción del disco, “Expectations”, sintetiza la idea central del grupo: una letraartie con situaciones costumbristas y deprimentes sobre lo que le pasa a cualquier quinceañero. Pero cuando Stuart Murdoch escribió la canción estaba en sus veinti largos, convirtiéndolo en un verdadero exponente dela Generación X británica: los inconformistas que se dedican a trabajos chatos de puro aburrimiento.
Entre un cuento de Raymond Carver y una película de Martin Rejtman, Murdoch relata las vivencias de una chica loser en su colegio, donde quiere hacerse invisible y dejar conformes a sus padres. Mientras analiza como va a ser su vida y el lugar trucho en el que va a tener que trabajar, en verdad no espera nada y se angustia escuchando a Lou Reed.
“Expectations” podría haber sido la canción que defina a toda una generación, pero llegó tarde, luego de Nirvana. Pero esa pasividad del rock y el pop británico la transformaron en –no más– que una linda canción simple que tuvo su revancha cuando formó parte de la banda sonora de Juno, película que inauguró al modelo artie 2.0, el muchacho del canguro gris: Michael Cera.
Musicalmente el tema logra su objetivo: ser una canción suave y sensible, bien arreglada con instrumentos “exóticos” como trompeta y cello que reviven el legado británico del pop barroco de bandas como Nirvana (Reino Unido) y la gracia estadounidense de grupos como Love.