¡Los cuatro jinetes! #2: EUGENIA SEGURA

En una nueva edición del encuentro entre poetas medocinos, Eugenia Segura nos acerca a su panorama de la poesía en la provincia hoy.

Eugenia Segura nace en 1978 en el "lejano interior", provincia de Mendoza. Escribe, toma clases de Letras en la UBA, colabora con Eloísa Cartonera, y actualmente radica entre las cuevas y el sol de Uspallata. Su último libro, A cielo abierto (Ñasaindy Cartonera, Formosa), no sólo es un panfleto de sólidos argumentos contra la destrucción de los cordones montañosos de Los Andes en pos de una minería destructiva, sino que a través de esos argumentos, por su sintaxis, fluyen los futuros ríos contaminados, llenos del veneno más puro contra la autodestrucción del hombre. Es además, un ejemplar de lo que se ha dado a llamar "prosa poética" que por su estilo crea una eficaz forma de enfrentar problemas que están al borde de la biología y la sociología, nunca antes vista en la provincia. Abandonada por su canillita, que se niega a subir quince kilómetros para entregar las novedades del correo, llego yo con un mail. Eugenia me avisa que me apure en mandar las preguntas, sólo está unos días en Mendoza capital y el domingo subirá de nuevo a la montaña.

Casi todos alguna vez escribieron un poema, o se enamoraron y redactaron una carta que nunca enviaron, y, para expresarse, se comunicaron con lo más interno del lenguaje. Sin embargo, la literatura y la poesía parecen artes cada vez más alejados de un posible espectador ¿Es así en Mendoza, el lector llega o no al texto? ¿Qué no se lee en la provincia?
Decís una palabra un tanto extraña en la uno, que parece como venida de otro palo y por eso mismo arroja una luz interesante, esa palabra es “espectador”. Hace tiempo ya que la poesía se escapó de los estantes quietos y los escritorios autorizados que la confinaban, y para mí siempre es fascinante y conmovedor verla en el momento en que se fuga a otros espacios, y encuentra de ese modo la vuelta de la oreja menos pensada. Hablo de cómo la poesía ha ido ganando tabernas y bares, paredes y muros, intervenciones urbanas, perfos, en fin, ha ido ganando las calles reales y virtuales, y con eso otros oídos, otras miradas, otras respuestas.

Esto, por supuesto, no es nada nuevo bajo el sol, hace rato que viene pasando, desde que el poeta de lira, el juglar callejero, el tambor de la baguala, los graffitis pompeyanos y los cantos ancestrales sintieron que no alcanza con un puñado de lectores, que había que abrir el juego y hacer sentir el divino descontento a todo aquel que quiera y pueda oír: que oiga. Son los momentos de mayor libertad y fuerza de la poesía, cuando se convierte en una de las armas más hermosas para el cambio, para despabilar inteligencias y sensibilidades, para sacudir como un todo. Justamente, la clave de esas formas de la poesía es tener muy en claro que “casi todos alguna vez escribieron un poema, o se enamoraron y redactaron una carta que nunca enviaron, y, para expresarse, se comunicaron con lo más interno del lenguaje”, es decir, que hay una conexión directa de la poesía con todos los seres humanos, que todos alguna vez hemos cuerpeado con el software de lenguaje que nos ha sido dado para tratar de hacerlo decir más de lo que dice y a veces hasta lo indecible mismo. Esa experiencia común nos hermana con cualquier transeúnte que pase por ahí, y, más allá de esa especie siempre en extinción y siempre inextinguible que solemos llamar “lectores de poesía”, todos o casi todos queremos y podemos recibirla.

Por lo tanto, no estoy de acuerdo con eso de que la literatura esté cada vez más alejada de la gente, si eso parece es porque muchos escritores se han olvidado de esta clave fundamental, o se han perdido en los vericuetos del yolleo. Al mismo tiempo, muchos otros no, y por eso la poesía sigue viva.

Es común oír hablar de circuitos, grupúsculos literarios que generalmente aparecen en las capitales y que prestigian cierta forma de escritura, creando así un pequeño mercado y a su vez un pequeño círculo lector y finalmente un canon ¿Cuál es el estado de estas difusas instituciones en Mendoza? ¿Hay, no hay, hay otra forma? ¿Internet ya se encargó del asunto? ¿Para bien o para mal?
Sí, existen, y conviven en realidades paralelas, que a veces se intersectan, y ahí se arma. Su estado, además de difuso, es bolañesco, pero eso es así en Mendoza y en todas partes. De todos modos, creo que es muy importante que estén, porque forman una especie de tejido conectivo que hace que los textos circulen y que la vida de los escritores sea mucho más emocionante y divertida. Además porque cumplen ese deseo que todo aquel que haya leído Los detectives salvajes siente cuando va a llegando a los últimos capítulos: “quisiera que esta novela no se termine nunca”. Pues bien, sigue ahí, en la vida misma, internet le ha dado incluso ramificaciones cada vez más locas.

Sobre lo que no hay en Mendoza, aunque está empezando a despuntar en algunas revistas, son espacios de crítica literaria posta. Creo que esto obedece a un ritmo totalmente lógico, para que haya metaliteratura, primero tenía que haber literatura, es decir grupúsculos, fenómenos literarios, editoriales, ferias, libros publicados, ¡lectores! Todos esos pasos se han ido dando, material hay, y ahora sigue el de una lectura crítica intensa. Lamentablemente, la Universidad no funciona aquí en ese sentido -como por ejemplo sí lo hace en Buenos Aires- se ocupa poco y nada de leer el aquí y ahora de la literatura mendocina, y el esfuerzo recae en los escritores independientes, que sostienen como se pueda unas pocas revistas críticas o blogs, con la dificultad de que aún no llegan del todo al público que debería recibirlas, que vendría a ser el espectro de Filosofía y letras.

Mendoza, a diferencia de otras grandes ciudades, como Rosario, no se caracteriza por tener una industria editorial en manos estatales con miras al texto como obra de arte.Más precisamente la cultura parece estar restringida al aspecto vendimial o a la expansión del arte en los pueblos como acto social de inclusión. A pesar de haber tenido una gran industria editorial en los tiempos de la linotipo, la manufactura de libros parece haber disminuido, los ebooks parecen un sueño del lejano futuro y la responsabilidad de la reproducción del arte poético ha recaído sobre los pequeños editores, como en tantas otras partes del país, en este caso.Editores que muchas veces también son autores ¿Cuáles son las pericias del pequeño autor/editor en la capital del Oeste? ¿Se consigue papel, máquinas, capacitaciones, financiación? ¿La autoedición ha propiciado la difusión de literatura o pensás que es un “tema de Estado”? ¿Y el autor? ¿Qué significa escribir poesía en Mendoza?
Yo creo, y esto es una opinión muy personal, que justamente eso es un signo de buena salud, porque el Estado siempre se ha caracterizado por ser un pésimo lector. Creo que está bien aprovecharse de su miopía mientras se pueda, pero el riesgo es muy alto: perder la libertad de poder decir y pensar. Y ya se sabe: arte subvencionado es arte sumiso –a lo que sea, da lo mismo si es el Estado o el mercado: de alguna manera, corrompen todo lo que tocan. No sé cómo se las arreglan pero siempre terminan por asesinar la onda, producen arte estéril, convierten la palabra viva en speech, sí, tengo que decir la palabra justa: en relato. Ya hay infinidad de ejemplos a lo largo de toda la historia.

Por eso yo celebro las movidas independientes, y haber nacido en este tiempo: ya no los necesitamos, ni un poquito: con una impresora común, una resma de papel, una abrochadora y un poco de creatividad, se pueden hacer maravillas. Los medios de producción están en nuestras manos, y ni siquiera necesitamos financiación para eso. ¿Vale la pena transar la independencia por tan poca cosa? Si en vez de caer en las archisabidas quejas, nos diéramos cuenta que desde Guttenberg a esta parte no se había dado una liberación tan alucinante de la letra impresa, que las editoriales autogestivas son una fuente de aventuras increíbles, que se han abierto circuitos de difusión impensados, ya hace rato ese otro mundo posible que soñamos en los carteles de las revueltas planetarias sería una realidad, y cómo.

Por un lado, los círculos de información de ciertos ámbitos, los menos frecuentados por los medios masivos, como la neurociencia, el clásico juego chino del Go o la poesía, son estrictamente cerrados; pero por otro, el ingreso de internet al sistema ha provocado una globalización informativa de la cual no podemos escapar, y estos pequeños escenarios se abren directamente al mundo a través de él. Mendoza quizás sea una de las provincias que más reticencia tiene al lenguaje de la lejana Buenos Aires, ¿considerás que la escritura local mira a la Capital? ¿Mira más a la tradición chilena?
Me parece que internet está cambiando la noción de frontera (que suele ser más bien una barrera cultural y arbitraria) por la del linkeo, que es mucho más aleatoria, personal y autodidacta. Y se acerca, paradójicamente, a una forma antiquísima: el compartir, con otros lectores, con amigos, la data, el hallazgo, el título o el nombre que da el puntapié inicial a la búsqueda en google. En cualquier parte del país o del mundo. Creo que, por esa barrera cultural que hoy no tiene mucho asidero, nos hemos perdido la oportunidad de ser un puente entre dos mundos literarios muy diferentes e interesantísimos, a un lado y otro de la cordillera (imaginen lo que ese cóctel nos hubiera enriquecido). Me parece que, en general no hemos mirado mucho a la literatura chilena, más allá de la de exportación (Neruda etc), y sí a la de Buenos Aires, aunque ese tipo de mapas están empezando a desdibujarse.

Relacionado con la pregunta anterior, es posible una reconstrucción de la tradición poética cuyana? La pregunta sería, ¿hay una tradición local de la palabra escrita (es decir, más allá de la tonada, la cueca y el gato)? ¿qué papel juega en la escritura actual?
Pareciera que las barreras estatales no corresponden del todo a los caprichos del lenguaje, y un poema del vecino Leónidas Escudero nos es tan coloquial como a cualquier sanjuanino o incluso riojano quizás ¿Habría que pensar en una literatura cuyana o de otro nombre?
En ese sentido, movidas como la FLIA, el Encuentro de Escritores Itinerantes, las ferias del libre, y también los encuentros cercanos de todo tipo, aún los financiados por el Estado (ahí sí, ves: para eso deberían funcionar las secretarías de cultura de todo el país, ¿qué les cuesta? unos cuantos pasajes en bondi, una sede, unos vouchers y unas camas, y la cultura se intercambia y se enriquece a pasos agigantados, tanto entre los hacedores como entre el público que recibe los frutos de esos encuentros) te hacen ver que sí, hay un montón de similitudes y de diferencias entre las regiones, experiencias comunes y sustratos culturales en los que reconocerse y de los que asombrarse, y eso es buenísimo. Los que vuelven de ahí, siempre vuelven cargados de libros, nombres, data: hilos de los que tirar para descubrir tradición y actualidad de otras provincias y regiones, y los disemina en su lugar. Definitivamente, son enriquecedores por donde los mires

Mendoza es una ciudad en pleno crecimiento y el costumbrismo parece cosa del pasado. Escasean los retratos localistas y parece haber un vuelco al tratamiento mundano del tema. Cierto objetivismo licuado por las generaciones porteñas parece adaptarse nuevamente a una ciudad en ciernes ¿Estás de acuerdo, o hacia dónde se dirige la nueva tradición de la producción local? ¿Es esto más que de sitio, un signo de época? ¿No puede hablarse de tal generalización?
Esto que planteás hace un rulo interesante, porque uno de los escritores de cabecera de los objetivistas porteños es, justamente, el mendocino Antonio di Benedetto, y eso no es un dato menor. Me parece que es un signo de los tiempos que tiene que ver con las poéticas urbanas –tierra adentro se escribe distinto, mencionabas a Leónidas Escudero, y podríamos hablar también de Juanele o Calveyra- y es completamente válido que cada quien coloque la mirada y el oído donde el mundo que le toca le habla o le provoca efectos, le afecta. Para eso estamos. Ya no se pueden hacer oídos sordos a esa llamada: vates de toda laya, no versifiquen, verifiquen!. Sería absurdo y regresivo, versificador, pensar en el costumbrismo tipo decimonónico, detrás de los movimientos hay algo mucho más simple: el oficio del poeta es básicamente capturar instantáneas de lo que ve y escucha, lo que percibe y piensa, volver desacostumbrado algo que estamos acostumbrados a ver. En ese sentido, el objetivo del instante, van los trabajos de Sergio Taglia, Claudio Rosales, Leo Pedra, por mencionar algunos: ya sea una secuencia de barrio, de recital, de viaje, un fragmento de diálogo de la calle, si querés se pueden pensar como costumbres contemporáneas, por supuesto que escritas desde voces y formas muy distintas. Javier Piccolo, Gabriel Jiménez también andan por ahí, del lado del humor para pensar los elementos de lo real en crudo. Otra línea muy interesante es la que plantean Pablo Grasso, Pablo Arabena, el Ricky, ese costado del instante que tiene que ver con el cruce de la mirada y el testimonio. Por ejemplo, la máquina blanda de Arabena hace con recortes de diario y fragmentos de cosas vistas en la tele una denuncia del asesinato perpetrado por Daniel Vila, y el circo de falsa filantropía y lavado de dinero de sus socios Monetta y Manzano en un momento de Vendimia, desde una forma que mucho le debe a Lamborghini y a Burroughs. Grasso desde una impronta más neobarrosa piensa y alucina la realidad, el Ricky toma de la antipoesía de los Parra para bardear eso mismo en los bondis y en las calles, en la antiquísima línea de la poesía que viene a cambiar este mundo a golpes de tambor. Desacostumbrar aquello a lo que nos tienen acostumbrados, ése podría ser el hilo conductor al que se dirige la producción local.

¿El crecimiento de la producción en Mendoza se ve un tanto restringido por la falta de material apropiado? ¿Se consiguen los libros que uno quisiera leer en la escasa oferta de las librerías cuyanas?
¿Cómo ves la relación con otras provincias? ¿Llega material? ¿Se leen poetas de otros lados, o están confinados a un grupúsculo de escritores interesados en el tema?
Algo de esto ya está en la respuesta 4, es muy difícil conseguir ciertos libros en las librerías, y por eso se están dando esos circuitos paralelos de las FLIAS, encuentros de escritores, ferias independientes, etc. Que, además de producir intercambios entre los escritores, son abiertos al público o tienen sus momentos de lecturas públicas, perfos, etc, y de esa manera abren el juego también a otros lectores.

¿Por qué cada mendocino debería leer todos los días un buen verso? ¿Nos recomendás algunos?
Porque los libros son máquinas del tiempo, la aventura de entrar en otras formas de ver el mundo, nos hacen pensar, reír, conmovernos, asombrarnos, viajar, imaginar. Ya que estamos en otras provincias, recomiendo, además de los que ya hemos mencionado, al salteño Leopoldo Teuco Castilla, a las chaqueñas Claudia Masin y Rocío Navarro, al fueguino Alejandro Pinto, al puntano Marcos Freites, a los formoseños Federico Torres y Fernando Acosta, al entrerriano Arnaldo Calveyra, a los sanjuaninos Damián López y Adrián Salas Abrego. Y bueno, las listas siempre son ingratas, pero aquí van algunos hilos, como para empezar a tirar búsquedas por el resto del país.