Harmony Korine analiza Spring Breakers

Harmony Korine irrumpió en el cine norteamericano, primero como guionista en Kids de Larry Clark, y luego con Gummo, su trastornada ópera prima. Spring Breakers, cruza chicas Disney con el mundo subversivo del director.

Se dio a conocer como guionista de Kids, la película de Larry Clark, en 1995. Ícono alternativo y controversial del cine estadounidense desde los años 90, Harmony Korineparecía destinado al estatus de cineasta y artista de culto, admirado por algunos e ignorado por la mayoría. Después de Gummo (1997) y Julien Donkey-Boy (1999), seguidas de un parate de varios años, sus películas Mister Lonely (2007) y Trash Humpers (2009) parecían ser incluso un leve retroceso, menos en sintonía con la época. Iluminada por sus corrompidas estrellas de Disney (Selena Gomez, Vanessa Hudgens), la extraordinariaSpring Breakers vuelve a poner al niño de Tennessee ya crecido en el centro de la escena. Hace algunos años, conseguir hablar con Harmony Korine solía ser un milagro, entre entrevistas a las que faltaba y monólogos cósmicos. Sin haber perdido nada de su locura, ahora sabe iluminar las conversaciones con palabras precisas y cautivantes. También hay que decir que acaba de cumplir cuarenta años.

Spring Breakers está bastante lejos del cine under o “marginal” que solías conocer. ¿Tenés la sensación de haber entrado en el sistema?
Harmony Korine: No le vendí mi alma a nadie y considero a Spring Breakers como una película personal desde la primera hasta la última imagen. Pero la cultura alternativa ya no existe. En Internet todo flota en el aire sin diferenciarse; todo lo contrario del underground. Cuando era chico, esperaba tres meses para recibir los discos que había pedido en Maximum Rocknroll. La espera y el secreto formaban parte de mi emoción, le daban forma a mi gusto por la música. Ahora, cualquier álbum está disponible en algunas horas y debemos recontextualizar y reorganizar nuestras propias jerarquías. Además, cuando era adolescente, había una frontera entre lo que podíamos hacer y lo que estaba “prohibido” bajo pena de pasar por un “vendido”. Tengo la sensación de que el primer reflejo hoy consiste justamente en venderse.El sueño es vivir en público. Cuando empecé a hacer dos o tres cosas que tenían que ver con el arte, no quería que la gente lo supiera. Detestaba la idea de que me conocieran. Quería mantenerme escondido.

¿Hablaste de estos temas con las actrices de la película? Aparte de tu esposa Rachel, todas vienen del universo de jóvenes estrellas de Disney, algo contrario a tu universo.
No nos sentamos alrededor de una mesa para conversar sobre esto. Vanessa Hudgens, Ashley Benson y Selena Gomez encarnan el sueño de la nueva generación y su relación con la celebridad. Yo soy solo un observador. Eso no quiere decir que las haya tomado a traición. No me gusta estafar a la gente. Las incité a que vieran mis otras películas porque son un poco especiales. Siendo el director, soy el tipo en el que deben confiar. Hice todo para que se sintieran bien.Pero desde el principio, les dije que Spring Breakers sería una experiencia hardcore. Que tenían que ser audaces, que yo las empujaría hacia extremos a los que no suelen ir. Sabía que cuanto más lejos ellas fueran, mejor sería la película.

¿Cuál es tu método para exigir al grupo?
Usé al máximo la energía del momento. Como filmábamos en decorados reales en el centro de Florida, las chicas eran todo el tiempo perseguidas por los paparazzis. Era un nuevo mundo para mí, pero lo terminé por aceptar. La paranoia influyó en la película de forma interesante. Para obtener actuaciones naturales, la clave era respetar sus modos de vida. Pasé casi un año con las actrices entre las audiciones y los ensayos. Algunas ya eran amigas desde hace tiempo.Estaba fuera de cuestión transformar sus relaciones, ya que esas relaciones le dieron forma a la película, y no al revés.Tampoco quería hacer comentarios sobre sus elecciones personales.Nunca me pongo en el lugar del juez. Mi método es más bien el de un químico. Pongo algunos elementos en contacto, lugares, ideas, sonidos, actrices, mezclo todo eso y filmo el momento en que la explosión se produce. Las chicas podían ir en direcciones contradictorias, todo era interesante, incluso los errores… La poesía vino de ese sentido del azar que reinaba en la película y que Vanessa, Rachel, Ashley y Selena aceptaron.

Se tiene la impresión de ver a estas jóvenes revelándose a sí mismas, casi estupefactas de encontrarse allí…
La sorpresa es siempre linda de filmar. En Spring Breakers hay una escena entre James Franco y Selena Gomez en la que él intenta violentarla. La tenía en mente desde hacía meses, pero no le quise decir nada a Selena, para aprehender su reacción en el momento. Era como una experiencia. Creo que es su mejor escena.

Más allá de su costado pop y luminoso, Spring Breakers tiene algo de cine negro. ¿Por qué esa mezcla?
¡Para ser explosivo! Había pensado mucho en el subgénero del beach noir [series B de los años 50 que se desarrollan al lado del mar; N. de la R.] al preparar la película. La realidad de Florida se prestaba para eso. Los paisajes a veces son extraños, completamente desiertos. La soledad y el peligro reinan. Tenemos la sensación de que los habitantes participan de un programa de protección de testigos. Esos tipos que hablan durante un juicio y que tienen que cambiar su visa para evitar las represalias… En algunas pequeñas ciudades parece como si todo el mundo quisiera perderse o volverse invisible, como en una película negra. Ese tipo de atmósfera permite sondear algo que me apasiona: la violencia y el horror que rondan bajo la superficie de la cultura estadounidense.

¿Cómo concebiste el estilo narrativo de Spring Breakers?
Quise crear un relato líquido inspirado por una energía sin lógica, captar un salvajismo en el que el tiempo no importara. La inspiración viene más de la música electrónica que del cine. Una música cercana al trance, basada en estribillos.Mi ambición era que la película sobrepasara el sentido común y el lenguaje, que flotara, que los sonidos surgieran de todas partes y que una emoción se instalara pese a todo. Como una experiencia física que te atraviesa. Esta forma de concebir el relato viene de mi interés cada vez mayor por las microescenas.Intento desarrollar eso desde hace algunos años.Ya había trabajado en esa dirección al filmar publicidades [N. de la R.: para Liberty Mutual y Budweiser]. Pero acá hice de eso mi método principal en un largo período de tiempo. No podía permitirme ser insípido, era arriesgado.

Visualmente, la película propone una mirada sobre la tradición trash estadounidense, que es el Spring Break. Pensamos también en el programa The Grind, de las buenas épocas de MTV en los años 90…
Durante dos años coleccioné documentos: porno filmado en las fraternidades universitarias, imágenes de fiestas, cosas tipo Girls Gone Wild, esos videos en los que las chicas juegan a quién será la menos vergonzosa al mostrar sus tetas, estudiantes en plenoSpring Break que mean en autos de golf, que incendian su habitación, que cogen en cualquier lado, lo fluorescente, las luces de neón, Florida, los atardeceres… Todo eso se mezcló en mi espíritu, era como un simbolismo codificado. Luego, le pedí al director de fotografía que hiciera que Spring Breakers pareciera haber sido iluminado por caramelos multicolores tipo Skittles, como si usáramos el polvo de estrellas a modo de filtro. Quería que el tono y la textura de la película se volvieran personajes, como si se pudiera tocarlos.

La moda siempre te interesó. Trabajaste recientemente con Proenza Schouler y Supreme. En los años 90, estabas cerca de Chloë Sevigny y de la marca X-Girl…
Es verdad, andaba un poco con la gente del ámbito de la moda en Nueva York. Daisy von Furth y Kim Gordon de Sonic Youth eran amigas.Chloë formaba parte de esa banda. Pero honestamente, no tengo nada que ver con la moda. La manera en la que la gente se viste revela su personalidad, pero lo fashion como negocio no me interesa. En los años 90 algunas marcas alternativas eran importantes para mí, como Bernadette Corporation, que borraba las fronteras entre arte y moda y proponía un acercamiento radical y teórico. Era tan interesante frecuentar a esa gente como a pintores o músicos.

Cuando eras muy joven empezaste como skater. ¿Cómo fue esa etapa?
Fue la primera actividad de la que me enamoré, cuando tenía doce años. Crecí en Tennessee y ahí el ciclismo moto cross y el skate eran sinónimos de libertad, de contracultura, locura, violencia. Fui tomado completamente por este salvajismo que encontraba eco en mi personalidad. Me encantaba vivir en la calle y dormir en edificios abandonados. Vengo de una época en la que te podías ir por una semana sin dar señales de vida. No esperaban encontrarte en tu celular, porque no había celulares. Mis padres me dejaban hacer lo que quería. Eso parece completamente imposible hoy, ya que todo el mundo está obsesionado por la idea de mantener contacto.Pero era fácil perderse, y eso me encantaba. El skate me introdujo en la realidad. Cuando tenía dieciséis años quise hacer películas.Dirigí mi primer cortometraje en cuarto año.Me fui a Nueva York dos años después.

Te apasiona la cultura pop. Dos canciones de Britney Spears aparecen en Spring Breakers, entre ellas “Everytime”. ¿Por qué esa elección?
Siempre quise usar ese single de Britney. Esta vez era la adecuada porque la canción se relacionaba con la película en sí. Es una perlita pop a la que si se le saca la melodía, se vuelve horrorosa; es seductora en apariencia pero amenazante en el fondo. Me gustaría que Spring Breakers se parezca a eso. En mi habitación de hotel, durante la búsqueda de locaciones, escuché “Everytime” una y otra vez. A la noche, tarde, me iba a andar en el auto en busca de lugares para filmar. Me imaginé poco a poco la escena de ultraviolencia que podía ir acompañada por la canción. Britney es el símbolo del lado oscuro de los íconos adolescentes en los Estados Unidos, el modelo mismo de la all american girl que salió mal, como una fantasía pop que pierde el control. Ahora parece que le va un poco mejor…

¿Viste sus recientes apariciones robóticas en el programa X- Factor?
No, ¡no lo vi! Pero Britney me apasiona hace mucho. Tuvo ese periodo fascinante en el que todos los días encontrabas en Internet secuencias de ella recorriendo las calles de Los Ángeles. A veces discutía con los paparazzis. Usaba pelucas. Sería interesante imaginar una película que reconstruya todas sus divagaciones en tiempo real. Dos horas de Britney en auto, parando en la estación de servicio, comprando papitas, volviendo a arrancar, parando de nuevo para ir al baño. Como una meditación increíble sobre el estado de las cosas.

-

Spring Breakers
De Harmony Korine