Ernesto Suárez es uno de los más grandes actores que ha dado Mendoza. Y ahora está a punto de comprobarlo todo el país a través de la pantalla grande.
El Flaco se puso bajo las órdenes del debutante Francisco Varone, quien para esta ópera prima eligió como protagonista además del mendocino al talentoso Rodrigo de la Serna. Ambos son los protagonistas de “Camino a La Paz”, un filme que se rodó en Buenos Aires, Pergamino, La Falda (Córdoba), Rosario de la Frontera (Salta) y La Paz (Bolivia).
Hace unos días, Suárez volvió después de 40 días de trabajo y se reinstaló en su Mendoza querida. Así, se reunió con MDZ para contar todo sobre el filme.
-¿Qué significó para vos hacer la película?
-Algo muy importante... Se mezclaron un montón de sentimientos. Hubo satisfacción por el trabajo mezclada con problemas personales. Dudé bastante en hacerla, no me atraía la cuestión...
-¿Y cómo te decidiste a participar en la película?
-Francisco Varone, que es el director, vino a Mendoza a hablar conmigo y a proponerme que fuese uno de los protagonistas de la película. Fue el primero en empezar a convencerme. Al mandarme el texto me di cuenta que era sencillo pero profundo. Me ofreció ser uno de los protagonistas y compartir cartel con un actor del nivel de Rodrigo de la Serna, que tiene fama y popularidad a nivel nacional. Una de mis preocupaciones -o mejor dicho mi única condición- era saber que tal era Rodrigo como persona, porque tenía que estar un mes conviviendo con él, viajando hasta Bolivia. Me comentó que era buena gente y eso lo confirmé cuando Rodrigo vino a Mendoza a conocerme...
-Porque seguramente él también quería saber cómo eras vos...
-¿Cómo será este viejo? se tiene que haber preguntado. Y cuando vino comprobó que era verdad, que era un viejo pelotudo... (risas). Esos días que pasamos acá nos sirvió para afianzarnos. Cantamos mucho. Rodrigo toca muy bien la guitarra y canta tangos; cuando vio que yo sabía la letra de todos los tangos que existen y que soy afinado para cantar, nos pasamos horas cantando. Es un tipo con muy buen sentido del humor. Y eso terminó de convencerme.
-Resultaste duro
-Es que era mucho tiempo: un mes afuera. Hablé con mi familia, con mis compañeros de teatro, con mis amigos, y ahí terminé de redondear la idea de aceptar plenamente la película. Al final, el saldo que obtuve es sumamente positivo.
-¿En qué?
-Aprendí de cine, vi cómo es por dentro. Alguna vez hice algo en un corto pero más que nada era una ayuda para unos chicos mendocinos e intenté hacer algo de televisión en Ecuador pero no me gustó. Un día me molestaron algunas cosas en la filmación y una actriz me dijo: “Tenés que entender que el teatro es del actor y el cine del director”. Y en eso tenía razón: el director tiene todo el rompecabezas en su cabeza. Fijate esto que pasó: una de las escenas finales de la película me muestra a mi internado y en mi cama de enfermo hago una devolución al personaje de Rodrigo. Fue muy emotivo, muy sentido... Cuando terminé, hasta los técnicos estaban llorando. Entonces vino el director, me felicitó y me dijo que íbamos a filmarlo otra vez, desde otro ángulo. ¡Y lo hicimos siente veces más! Esas cosas son difíciles en cine.
-¿Hubo algo que no te gustó?
-Estoy con un problema en mi columna vertebral y me genera fuertes dolores. Estar todo el día al aire libre, con bajas temperaturas, con viento, con agua, me generó muchos colores. Si bien todo era hermoso como el catering, el equipo de técnicos, Rodrigo y el resto de los actores ese dolor no me permitió disfrutar a fondo.
-¿Cómo fue filmar en tantos lugares?
-Muy interesante. Los únicos actores que aparecen siempre somos Rodrigo y yo. El resto del elenco se iba contratando en cada locación y todos fueron buenas personas. Los técnicos trabajaron de manera impresionante siendo muy jóvenes. Me gustó ver el movimiento que se genera alrededor de la filmación, Había pueblitos que se alteraban enteros cuando llegábamos y bajábamos todo el equipo. Fue hermoso. Y hubo imprevistos que fue necesario sortear como cortes de ruta o falta de permisos de las cámaras para entrar a Bolivia, por ejemplo.
-Todo eso también hace al cine.
-Me contó Rodrigo que Héctor Alterio decía: “Para hacer cine hay que estudiar bien el texto y conseguirse una buena silla”. Y Anthony Hopkins dijo: “Hacer cine es una hermosa profesión en la que te pagan por esperar”. Entre escena y escena tenés que esperar mucho tiempo. Y después repetís muchas veces la misma escena. No es fácil filmar cine.
-Imagino que debés haber extrañado el resultado inmediato que si tenés en el teatro.
-Claro, en cada función tengo el público ahí, pegado. Y acá no existe eso. Acá le hablás a una cámara. Y ni siquiera sabés cómo está todo porque el final de filma al principio, la escena de Córdoba se filma en Buenos Aires, vas salteando la historia y eso sólo lo maneja el director, que tiene la película entera en su cabeza que, dicho sea de paso, me pareció muy inteligente y muy exigente.
-¿Cuándo se estrenará la película?
-La verdad es que no tengo ni idea.
-¿Te genera alguna expectativa la película?
-No. Me gustaría verla, obviamente, pero tengo plena confianza el director. Soy fanático del buen cine pero eso no quiere decir que esta película va a estar bien o mal.
-¿Qué más te dejó la filmación?
-Aprendí a admirar a esos actores que brillan en el cine, que manejan el mundo desde una pantalla. Hablo de Di Caprio, de Edward Norton, de Jack Nicholson, de Antonhy Hopkins... Ellos tienen un talento especial para el cine y eso lo aprendí ahora. Y, por consejo de Rodrigo y del director, aprendí que mis gestos en cine tienen una medida de 12 metros por 3 y en teatro a veces pasan hasta desapercibidos. Esto quiere decir que un gesto de más se transforma facilmente en una sobreactuación. Es fácil caer en el grotesco y eso hay que manejarlo. Es un lenguaje plástico totalmente distinto.
-Tuviste la posibilidad de trabajar en “El aura” pero preferiste irte a Ecuador a hacer teatro. ¿Cómo sentiste el participar en esta película?
-Fue mi debut y despedida.
-¿Te sacaste las ganas?
-Si... Tenía curiosidad y cumplí con ella. El teatro me salvó la vida: hice lo que se me cantó siempre y le agradeceré toda la vida. Me hizo dulce el exilio y fue mi salvavidas.
-¿Ya hacer cine es otra forma de hacer teatro?
-Creo que si. Acá no memorizás sino que adaptás el texto que te sugieren para que no se vuelva tan rígido. Se debe mantener la esencia del guión. Y aprendí a ignorar la cámara. Pero de eso me di cuenta el final.
-¿Viste algunas escenas?
-El director me ofreció siempre ver las escenas pero no quise ver ninguna.
-¿Por qué?
-Será por miedo...
-¿Todavía tenés miedo?
-Seguro. Preferiría verla terminada más allá que ellos digan que todo lo que hicimos fue genial.