FILOMENA MOYANO EN EL MMAMM

Maestra, pintora, hacedora. Filomena Moyano cumple años y Mendoza la celebra.

Las recientes creaciones de Filomena nos sitúan, una vez más, en una zona de asombro e incertidumbre. Sus dibujos-pinturas, que a simple vista parecen ejercicios plásticos de un adolescente en el aula, son el resultado de muchos años de conocimiento estético y transferencia semántica. 
Tiempo me llevó entender sus obras desde una óptica diferente a la plástica, precisamente porque no estaban hablando de eso, sino de la vida. La fragilidad de lo cotidiano en simultáneo con la intensidad de las ideas, pueden verse en los pequeños papeles arrugados, delineados con fibras, ajustados a corrector, acuarelados con agua oxigenada y lápices de color, afectados por cualquier cosa que permita variar el método representativo.
A casi noventa años de su nacimiento sus creaciones son actuales, contemporáneas, incluso diría que hacen uso de los cincuenta años de ventaja que lleva desde hace cincuenta años atrás.
Al conversar con Filomena sobre sus obras ella sostiene que a veces necesitamos escapar de algunas realidades que no nos resultan felices para crear un espacio nuevo lleno de esperanza y amor. Esta confesión me hizo pensar en los mandalas, en esas estructuras repetitivas que permiten lograr la abstracción y elevar el espíritu. Pero también, al ver sus obras con nombres a modo de dedicatorias incluidas en la misma representación, pensé en metamensajes ocultos de otra civilización o planeta.

Sin título, técnica mixta sobre papel, 2013


 

Crear obras pictóricas en el interior de un geriátrico resulta poco fácil; yo personalmente lo hago sobre mi cama y acomodo mi cuerpo en posiciones increíbles. Por fortuna habitan sólo femeninas lo que me permite exhibir sin pudor partes de mi cuerpo. Vienen a mi mente las palabras de Churchill a su pueblo: “Nos costará sangre, sudor y lágrimas”; exactamente eso yo lo protagonizo.

En éste lugar las carencias abundan y el material posible de usar es limitado. ¿Cuáles uso? Las fibras especiales de doble color, lápices de color doble, bolígrafos de variadísimos y atrayentes colores, algunos fluorescentes y como elemento original el agua oxigenada de 10 volúmenes, además algo gratuito: el agua común.

Las ideas de cómo utilizarlos me brotan en la noche. El resplandor de luz de un jardín se refleja en mi cama y yo lo aprovecho para hacer los bosquejos de mis futuras expresiones tanto gráficas como literarias. Son momentos de plena creatividad y de nuevas formas de pensar y vivir. Esto es factible pues las personas que habitan conmigo duermen a esa hora y reina un silencio total que me beneficia. Cuando amanece inicio mi actividad hacedora. ¡Sorpresa! No me aprisiona lo pensado; ese es el punto de partida e irrumpe una metamorfosis motivada por la aplicación de los materiales; así se me ocurrió mojar los lápices en el agua y la calidad del color se transformó. Otro experimento: aplico en el papel, que es de excelente calidad, gotas de distintos volúmenes de agua oxigenada, las agito con un marcador y se extiende una mancha con forma caprichosa cuya dimensión deriva de la cantidad de líquido usada. Sucesivamente repito la operación con diferentes colores. Espero que cada mancha se seque y al suceder esto aparece como límite una sinuosa línea oscura.

Otra experiencia que realizo es: cuando la mancha está mojada, vuelco sobre un chorrito de agua oxigenada y aplico un color distinto con cada marcador; con rapidez se mezclan las manchas, en parte, y se origina así un fragmento de un nuevo color. En ocasiones vierto sobre una mancha seca un poco de agua oxigenada y surge el mismo color con otra tonalidad. En esta faceta llevo a cabo infinitos procedimientos. Podrán apreciarlos en unas pinturas que hoy presento y que he realizado totalmente con esos dos materiales.

Presento además una obra monocroma.
Aplico trazados variados: líneas rectas, curvas regulares e irregulares, puntos en zonas de un color único y otras combinando colores, círculos pequeños, grandes y medianos, representación de palabras, de números y de variadas formas que voy creando y que llegan a mis manos en un aluvión incontenible.

Mi objetivo es que el observador sea protagonista y además dé una respuesta a mi propuesta.
No me considero artista y mis obras no son obras de arte; sólo el paso del tiempo lo determinará.
En el hacer de mi futuro anhelo incorporar la vertiginosa carrera de la tecnología.
Yo, en concreto, pienso usar otros materiales: yeso, puntas de rejas, arabescos metálicos, antifaces, broches de madera desarmados, paneles transparentes, ladrillos transparentes, semillas varias que ofrecen las dietéticas, tornillos, clavos, arandelas, entre otros. Crearé con ellos obras que contengan el color de témperas, pasteles, óleos, esmalte, adhesivos.

Es rica la existencia de materiales que ofrece el mundo de ayer y el de hoy. Lo que es factible para el hacedor es eso: HACER.

Sugerencia: leer lo más posible, visitar todas las exposiciones plásticas, viajar a la capital de Argentina y al extranjero para realizar lo dicho, actualizarse en todos los terrenos científicos, musicales, literarios, tecnológicos...Un hacedor es indivisible. No transita sólo un camino.


                                                                                                    Filomena Moyano
                                                                                                                    Abril 2013