Andrew Bird es, esencialmente, una persona inquieta. Violinista. Silbador. Compositor. Cantante. Guitarrista. Melómano. Todos condimentos de una persona que ha hecho de la música un verdadero estilo de vida.
Nacido en Chicago, su formación de violín comenzó a los cuatro años y bajo los particulares lineamientos del método Suzuki, el cual sostiene que, así como los niños aprenden su lengua materna, tienen la capacidad de aprender a tocar un instrumento. Junto con los estímulos que desarrollan el lenguaje –dice el método- es importante que convivan estímulos musicales de todo tipo, como conciertos y grabaciones. Crecer en un ambiente musical es crucial para desarrollar la sensibilidad, la paciencia y la disciplina necesarias para aprender un instrumento de forma natural.
Este acercamiento tan instintivo a la música es clave para entender la carrera de Andrew Bird. A pesar de haberse graduado como concertista de violín en la Universidad de Northwestern siempre buscó escapar de los clichés de su instrumento y el ambiente de la música clásica. El músculo que dinamiza su obra es justamente esa tensión entre un costado más bien técnico y formado y un impulso por resignificar esas herencias tan rígidas. El trasfondo de sus canciones acusa un crisol de influencias que van desde el bluegrass y el folk escocés a Debussy, una suerte de tour songwriter por la historia de la música moderna.
Después de unos primeros años en formato banda y tres discos con los Bowl Of Fire, Bird se entregó a un derrotero solista que lo convertiría en un verdadero hombre orquesta. Su uso del violín comenzó a ser cada vez menos ortodoxo, combinando hipnóticos loops de pizzicato y arco con guitarras incisivas y una extraordinaria capacidad para silbar melodías. Sus conmovedoras presentaciones en vivo sin banda, en las que combinaba su exquisita técnica con un dominio milimétrico del loopeo y los efectos para ir acumulando capas de canción, lo convirtieron en una cita obligada en el circuito de festivales internacionales. La serie de discos en vivo Fingerlings (2002, 2004 y 2006) capta magistralmente la particularidad de cada uno de esos momentos.
Esa virtual autosuficiencia musical se fue reconfigurando para dar lugar a un Bird más relajado y gregario. Si bien oficialmente sigue siendo solista, Break It Yourself (2012) y Hands Of Glory (2012), sus últimos discos, son claramente el trabajo de una banda. En particular Break It Yourself, grabado en vivo en una serie de sesiones en su quinta junto a Martin Dosh (batería y loops), Jeremy Ylvisaker (guitarra y teclados) y Mike Lewis (bajo y saxo), en una consola de ocho canales y con muy poca post producción, Break… muestra un Bird más crudo y garagero, enfocado en disfrutar y captar esa sinergia que sólo se da cuando cuatro mentes musicales empiezan a sonar como una. Esa búsqueda del momento se traslada directamente a sus presentaciones en vivo, en las que tanto él como Dosh procesan todo lo que pasa en tiempo real, garantizando un espectáculo único e irrepetible en cada show.
Con diez años de carrera a cuestas, Andrew Bird se presenta este martes en Buenos Aires por primera vez. Si bien lo que convoca es la gira Break It Yourself/Hands Of Glory seguramente opte por recuperar algunas de sus viejas épicas en nombre de esta primera cita.
Andrew Bird - Martes 26 de febrero 21:00 en Niceto (Niceto Vega 5510 – C.A.B.A.)
Discografía
• Music Of Hair (1996)
• Thrills (1998 – con Bowl Of Fire)
• Oh! The Grandeur (1999 – con Bowl Of Fire)
• The Swimming Hour (2001 – con Bowl Of Fire)
• Weather Systems (2003)
• Andrew Bird & The Mysterious Production of Eggs (2005)
• Armchair Apocrypha (2007)
• Noble Beast (2009)
• Break It Yourself (2012)
• Hands Of Glory (2012)