Potrillo Viejo nomás

Sobre una nueva edición de los poemas de Ted Hughes por la joven editorial Limache 250 ¡Una apuesta más a la traducción!

Ted Hughes, el reconocido poeta inglés, vino a mí en diferentes ocasiones esta semana. Veo un retrato suyo, primero, en la calle, como si fuera un cartel de publicidad, lo que me sorprende muchísimo. Me acerco a verlo detenidamente y leo unas palabritas abajo. Error, me lo confundo con un actor de cine. Horas más tarde, después de terminar el día, sueño con el nacimiento de un potrillo, probablemente el del último parto equino que vi, el de La Miré, la yegua de mi hermano. El sueño representaba el nacimiento como con imágenes sacadas de un poema de Ted y puestas en un vía crucis. Más tarde, número tres, recibo el pdf que esperaba, Diego Alfaro Palma, reciente amigo y un editor más que se suma a las filas porteñas de la autoedición, me había mandado por inbox el nuevo libro de Limache250.

El libro contiene traducciones de fragmentos del ensayo “Poetry in the making”, donde Hughes no abandona su metáfora animal, desde el comienzo al final, para tratar de cazar el espíritu del poema, esta vez desde el ensayo. La traducción, entre chilena y porteña, no va a dejar con mal gusto ni a un público ni al otro, lo que lo hace un libro que bien puede funcionar en ambos mercados, como parece que ya está sucediendo. Y, como detalle final, los poemas traducidos, que se mezclan como ejemplos entre la prosa del ensayo, son agregados al final del volumen en su idioma original, lo que nos permite ver los quiebres de rima de Hughes, también campesinos, de los poemas originales.

Un buen libro que abre la puerta para tener en cuenta otra nueva editorial, Limache250, que nos deja el primer párrafo de su libro El pensamiento zorro:

“Hay varias formas de atrapar animales y pájaros y peces. Pasé gran parte de mi tiempo, cuando tenía quince años o más, probando varias de estas formas y cuando mi entusiasmo comenzó a declinar, como lo hizo gradualmente, empecé a escribir poemas.

Uno podría llegar a pensar que estos dos intereses, capturar animales y escribir poemas, no tienen mucho en común. Pero entre más lo pienso más seguro estoy de que esos dos intereses han sido uno solo. De niño cuando perseguía a los ratones en los días de trilla, los agarraba de debajo de los fardos, los ponía en mi abrigo hasta que llegaba a tener 30 o 40 arrastrándose dentro del forro de mi chaqueta, esto y mi actual persecución de poemas me parecen ser diferentes etapas de una misma fiebre. Pienso en los poemas como un cierto tipo de animal. Tienen su vida propia, como los animales, es decir, parecen estar separados de cualquier persona, incluso de sus autores, no se les puede adherir ni arrancar nada sin mutilarlos e incluso matarlos. Poseen una cierta sabiduría. Saben algo importante… algo que quizás es demasiado curioso de aprender. Tal vez mi preocupación no ha sido capturar precisamente animales o poemas, sino cosas que simplemente poseen vida propia, fuera e independiente de la mía. Mi interés por los animales comenzó cuando comencé. Mi memoria viaja claramente hasta cuando tenía tres años y por ese entonces tenía un montón de juguetes de animales de plomo…”

El pensamiento Zorro, Ted Hughes (trad. Diego Alfaro Palma), Limache250.