Al costado de la calle asoma la Alboroza, hogar del artista. Según su significado, morada de la felicidad. Una especie de capilla proyectada por él, una dama unida al cielo por su manto de pintura, blanco etéreo. Las puertas se abren y a pocos pasos me encuentro en el taller, allí el silencio intensifica la espera.
Arañas de cristal, helechos colgantes, lámparas, ángeles, imágenes religiosas y un pájaro de madera que todo lo sobrevuela.
En esa inquietante tranquilidad, el jardín aflora por un gran ventanal como un cuadro materializado por tanta energía pictórica concentrada. El cielo cargado de lluvia ilumina los colores de palmeras, pinos, naranjos y quinoteros en profunda quietud. Solo pequeñas criaturas entre las faldas de los pinos, conejitos de campo, duendes de piel gris, dan cuenta de la vida que respira, detrás del vidrio, enmarcada en esa obra de la naturaleza.
En eso, entra Sergio, parece estar mimetizado con la maravilla que nos propone la mañana o quizás su mente esté en otro lugar. Tal vez, esté aterrizando del viaje por Europa, en donde estuvo a días del inicio de los juegos olímpicos, seleccionado por Christie´s, la legendaria casa de subastas que remató dos de sus obras junto a las de otros artistas internacionales en el Royal Commonwealth Club de Londres.
Quizás aún no aterriza desde que leyó la carta que recibió el año pasado, luego de ser visto en un programa de “People and Arts” de Canadá, que despertó especial interés en su obra y que, finalmente, desembocó en la invitación a la subasta, en la cual una de sus obras fue adquirida por la UNESCO para la Oficina del Desarrollo Africano.
La obra en cuestión, “El baño del niño yoruba”, muestra a la diosa del mar que va a envolver en las aguas del Amazonas a su hijo mientras mujeres negras ofrendan canastos con frutos a la madre Tierra.
¿Cómo te preparaste para el evento, qué pautas debiste seguir en las obras?
“Me dieron varias premisas, que tuviera presente el tema religioso y la cultura africana. Leí sobre la religión Umbanda, la etnia Yoruba, el África profunda, sus influencias, los rostros de la esclavitud por toda América, en especial en Brasil”. Cuenta Sergio dejando correr la curiosidad, como una canilla que queda abierta.
Según Wikipedia. “Muchas personas de ascendencia africana en América poseen ancestros “yoruba”. Un porcentaje significativo de africanos esclavizados en el continente americano tuvieron sus orígenes en este grupo étnico y en la región de Nigeria. Los valores religiosos africanos fundamentales son ancestrales, fueron heredados de culturas anteriores al Cristianismo. La cultura afrobrasileña inició un sincretismo entre el catolicismo, los cultos afros y los cultos nativos, entre otras doctrinas, además de compartir principios con las religiones orientales del budismo e hinduismo”.
Este fragmento de historia no está citado porque sí, como ningún ícono esta presente porque sí en la pintura de Roggerone, él ha logrado un sincretismo, fusión o asimilación de diversos elementos religiosos, quizás orientado a descubrir las más recónditas expresiones de fe. Sus cuadros parecen canalizar el trabajo espiritual, las creencias y la devoción que obra en el corazón de tantas personas, mostrando que más allá de la raza y la religión, existe un solo camino a Dios, que para el artista es el de la belleza manifestada a través del arte.
Probablemente, estas ideas se consolidan aún más en la etapa que hoy transita el pintor. En donde, como ha expresado en esta y otras oportunidades, está experimentando el magnífico sabor de la fruta madura. “Entre los 40 y los 60 años es cuando el artista alcanza la madurez de su obra. Pienso que ya estoy viviendo ese momento y me da gran satisfacción. Más allá de los resultados, siento un gran estímulo para crear”.
Sin embargo, el viaje por Europa no tuvo como único destino Londres, la alineación planetaria de este año lo llevó a Santiago de Compostela, a peregrinar esta antiquísima ruta mística, centro de gran concurrencia desde la Edad Media, cuyo nombre “Campus Stellae” se fue transformando hasta ser conocido como Compostela.
Una vez más todo se entrelaza y tiene su razón de ser. Sergio, es un gran admirador de la pintura de la Edad Media y según nos comenta, fue a recorrer el camino de Santiago por varios motivos. “Dicen que si tenés alguna enfermedad al llegar al final estarás sanado”. Fui por un amigo, además por mi predilección por todo lo que tenga que ver con la Edad Media y también porque el punto geográfico de este lugar coincide con un vórtice de alineación planetaria que guarda relación con el 2012”.
Su obra “Esperando el 2012” es una poética imagen de un ser en postura de loto con una cascada de agua en el pecho y un lago entre las piernas, que sostiene en sus manos un hilo donde se alinean los planetas.
Más allá de lo que se haya dicho de los íconos religiosos en tus pinturas, tengo un pensamiento… pintar para ver y ver para creer, ¿sos religioso, hay en tu pintura una búsqueda espiritual?
Soy religioso y creo que todos tenemos una misión en la vida, hay que descubrirla, darse cuenta de cuál es el aporte que venimos a hacer a la humanidad.
Algo que para mi tiene gran valor es colaborar a elevar nuestro nivel de conciencia a través de lo que hacemos. Creo que observar o mirar un cuadro es como meditar.
De regreso de Europa y devueltos al planto terrenal, hablamos de sus proyectos actuales. Algunos de ellos le exigen despegar y aterrizar casi todas las semanas entre Buenos Aires y Mendoza. Está trabajando en la Universidad Nacional del Noroeste de Buenos Aires (UNNOBA), el encargo es la puesta en valor del espacio físico de esa casa de estudios, un chalet de principios del siglo XIX perteneciente a un empresario ferroviario inglés, que se instaló en Junín, provincia de Buenos Aires, donde tuvo su origen el ferrocarril. Otro proyecto ligado a la universidad es la restauración de un departamento de estilo francés ubicado en Callao y Corrientes, en plena urbe porteña.
Mientras, por casa, le han encomendado la renovación del Hotel Huentala. “Estoy de acuerdo con que los hoteles cambien y refresquen su escenografía cada cierto tiempo. Hace diez años me tocó reciclar este mismo hotel, esta vez voy a redecorar el lobby y el frente generando un cambio fuerte, he traído muchas ideas de mi viaje por Europa que quiero volcar aquí”.
El artista, que dejó su último año de arquitectura para dedicarse a la producción de su obra pictórica, a regañadientes de sus padres, hoy apela a una visión integradora entre arquitectura, interiorismo y plástica.
Multifacético, hace unos años, realizó el trabajo de museografía del Aréa Fundacional, que incluyó el desarrollo del guión histórico, pintura de cuadros, pergaminos y el proyecto total del Museo; junto con Ana María Álvarez y Rosa Fader, en ese momento al frente de Cultura de la Municipalidad de Capital.
Lleva alrededor de veinte años pintando, a los 21, ganó una medalla de plata que le otorgó la Asociación Internacional de Críticos de arte. Ha vivido en Italia y Nueva York, sin embargo todavía lo emocionan ciertas cosas. “Nuestras tradiciones y ceremonias, en especial la de la Virgen de la Carrodilla. Hay una devoción por la Virgen en la gente que respeto y que me inspira pintar”.
¿Cuál creés que sea tu aporte a la plástica mendocina?
“En primer lugar, haberme decidido a permanecer aquí, apostar a Mendoza y Argentina, construir mi casa en Maipú, querer generar un polo artístico en esta zona, impulsando y fomentando motivos para que la gente visite nuestra provincia”.
Polémico, afirma que el artista verdadero no tiene competencia y que no hay una gran oferta, sino una gran confusión entre quienes pintan por ser artistas y quienes lo hacen como un trabajo terapéutico.
¿Qué opinás acerca del coleccionismo en nuestro país, de la actividad de las galerías y ArteBA que, desde 1991, se ha convertido en la cita anual que reúne a artistas y coleccionistas?
En relación a otros países, el coleccionismo en Argentina está despertando. Primero porque el mercado del arte nacional también lo está. El Estado no apoya, las fundaciones privadas intentan pero no funcionan como en otros países.
En EEUU, las inversiones en cultura se traducen en espacios, apoyo a los artistas, la venta de las obras se concreta de manera transparente. Esto también sucede en Chile, pero no aún en Argentina. ArteBA, ha logrado un espacio de intercambio importante pero las condiciones no ayudan, este año, por ejemplo, se desarrolló justo en el momento donde se instalaba el cepo cambiario. Lo mismo les ha sucedido a las galerías.
En mi caso, abrí un espacio a costa de un gran esfuerzo, con ayuda de gente y entidades privadas. Hay mucho por hacer y crecer en este terreno.
¿Te gustaría apoyar de alguna manera a los jóvenes artistas emergentes?
Asesoro a artistas jóvenes, me entusiasma intercambiar ideas y opiniones con ellos cuando
están comprometidos con lo que hacen. Hace poco me vino a visitar Andrea Bécares antes de partir a exponer en New York. Estos contactos, me hacen tener muy presente a mi maestra, la
Maga Correas, en retribución a ella quisiera dar mi experiencia a quienes vienen detrás.
Roggerone cree que todavía hay una gran valoración del arte como un elemento de estatus social. “Hace falta un trabajo de profunda educación para comprender y disfrutar del arte que debe ser estimulado desde chicos. En mi infancia me crié con mi abuela quien me compraba pinturas y me enseñó a dibujar. Creo que la escuela debería tomar la posta y comprometerse a enseñar más sólidamente la historia del arte para poder inculcar a los niños el conocimiento, el gusto y el interés”.
El pintor es un ávido coleccionista de toda clase de elementos que le inspiren belleza. En cuanto a obra de otros artistas, del ámbito local posee cuadros de Osvaldo Chiavazza, ha intercambiado obra con Eduardo Hoffman y, en su momento, con Jóse Pérez. Ha comprado obras y sigue de cerca la producción artística de Tereza Dürmuller y, destaca en especial la trayectoria del maestro argentino Guillermo Roux.
Según revela, “Siempre cuando vendo una obra, una parte la destino a comprar arte para que la rueda siga girando”.
Fotografía: Luis Guiñazú Fader