Shoshanna recibe en su depto a su sofisticada y aventurera prima inglesa que viene de París, Jessa. El living está coronado por un poster de Sex and the City, y Shoshanna – un encanto de chica, tan aparata como divertida – rápidamente le cuenta que ella en el fondo es como Carrie, pero que también le sale de adentro la Samantha, salvo cuando estudia, que ahí es Miranda, y que claro, Jessa también es como Carrie, pero con el pelo de Charlotte…
– Nunca vi Sex and the City – dice Jessa
– Guau, eso es como no tener Facebook – responde, fascinada, Shoshanna
– No tengo Facebook
Shoshanna queda estupefacta
–No podés tener tanta onda
Suerte de concentrado sobre la vida veinteañera de cuatro chicas en los márgenes gentrificados de Nueva York, Girls acaba de terminar su primera temporada de diez episodios en HBO y ya se llevó varias nominaciones a los Emmy. Todo es producto de la mente de Lena Dunham, joven prodigio de 26 años que se abrió paso por el camino del indie dirigiendo un par de hits low-fi (Creative Fiction, de 2009, y Tiny Furniture, de 2010 que ganó un Independent Spirit Award), y finalmente llegó a la televisión de la mano de –todos de pie, por favor– Judd Apatow, productor ejecutivo de la serie y rey de eso que algunos llaman Nueva Comedia Americana, además de un experto en transmitir de manera delicada sensibilidades generacionales libres de estereotipos (cosa que hizo también en la tele, hace años, con la extraordinaria Freaks & Geeks, y luego Undeclared)
Dunham produce, escribe, dirige, y protagoniza una serie con mucho de autobiográfico: su Hannah Horvath es una escritora en potencia que viene de Ohio (como Dunham) y sueña con publicar en The New Yorker (donde Dunham colaboró hace poco con un par de artículos). Hannah vive con Marnie (Alison Williams), una especie de Brooke Shields perfecta con novio perfecto, que empieza a romper un poco con toda esa monotonía y a liberarse de una vez. Completan el equipo Shoshanna (Zosia Mamet, el comic relief de la serie), y Jessa (Jemima Kirke), la femme fatale libertaria y snob que te seduce antes de decir hola.
Sin pruritos para hacer chistes de violaciones, hablar de abortos, o de eso que se mete por el borde del forro y te puede contagiar, Girls viene a derrocar el pathos del glamour que motorizaba a Sex and the City, y sin embargo, tal como lo demuestra la escena que contábamos al comienzo, no deja de reconocerla como antecedente. Es que Girls no podría suceder en ningún otro lado que no sea Nueva York, sólo que esta vez todo sucede del otro lado del río, en los distintos barrios hipster de Brooklyn, donde las chicas todavía no son mujeres ejecutivas ni escriben para Vogue. Recién salidas de la universidad, apenas balancean algún trabajo part time con la ayuda que todavía le dan sus padres.
Quizás esa raigambre en Brooklyn sea lo que hace que uno pueda reconocer hasta cierta influencia woodyallenesca –aunque actualizada por Larry David– en el personaje de Dunham, una chica intelectual y mañosa bastante concentrada en sí misma que busca en la vida el material para su escritura. Alguna crítica negativa de la serie remarcó que, en definitiva, no se trata más que de 4 chicas privilegiadas sin nada real de qué preocuparse. Como una "serie sobre nada" Seinfeldiana, que en vez de cinismo trafica toneladas de sensibilidad minitah. Pero si bien hay algo de cierto en todo eso*, también es verdad que Girls logra dar constantemente en la nota de la partitura emocional que ejecuta, sin jamás salirse de los bordes e incluso capaz de trascender (¡al fin!) esa lengua muerta llamada mumblecore (véase cualquier película de Andrew Bujalski) y así reírse un poco de sí misma, todo al ritmo de un soundtrack que incluye a Mark Ronson and the Business Int’l, Robyn, MGMT, o The Knife. Y además combinar esa sutileza con un desparpajo total a la hora de dibujar a sus personajes, un extraño realismo en donde los cuerpos y los diálogos andan sueltos de todo diseño, en constante fuga de los canones de belleza. Así es como mientras la perfecta Marnie no se desviste ni para bañarse cuando se mete a la bañera con su amiga, Hannah otorga en cada capítulo un festival de desnudez naturalizada al extremo: cuerpos imperfectos y sexo des-idealizado, demasiado real (incómodo, torpe, y de hecho nunca muy satisfactorio)
Toda esa crudeza airea bastante la trama, y evita muchas veces que los personajes de Girls se vuelvan icónicos. Sin embargo, la serie no deja de ser auto-reflexiva en su constante deambular por los rincones de una vida urbanísima, donde el amor es pura confusión expresada a través de smartphones, y el carácter real o no de una relación se mide en función de las vías en que es comunicado (en orden descendente de relevancia: teléfono, mail, GChat, mensaje de Facebook, y, lo peor, sms. "Lo ideal es cara a cara, pero eso no es de esta era", dice Marnie).
Girls actualiza aquel existencialismo femenino adolescente que alguna vez abordó Sofía Coppola con Las Vírgenes Suicidas, sólo que de una manera mucho menos lúgubre. De todas maneras, difícilmente se pueda pensar a la serie como un "fresco generacional" o algo por el estilo. De hecho, uno de los puntos más atacados de la serie fue precisamente que en Girls no hay identidad que no sea la de chicas blancas, ateas, y acomodadas, un panorama bastante contrario a la enorme diversidad intrínseca a Nueva York. En ese sentido, es casi como un reverso de otra serie nueva sobre chicas que miran a Manhattan desde Brooklyn: 2 Broke Girls, protagonizada por Kat Dennings, que por suerte cambió su figura de joven rockera indie (en Nick and Norah’s Infinite Playlist), subió unos cuantos kilos, y ahora es una laburante de clase media baja que con su roomate juntan mango por mango para poner un negocio de cupcakes trabajando de mozas en un diner berreta junto a un cocinero ruso, un dueño chino, y un cajero negro [En este mundo de chicas brooklynenses, las de 2 Broke Girls son como los morlocks del clásico La Maquina del Tiempo: una raza que vive debajo de la tierra trabajando para que los que viven en la superficie puedan dedicar su existencia al placer]
Cerca del final de la temporada, la serie se vuelve un poco más dinámica, aflojando ese tono tan extremadamente preciso con el que delineaba tan bien a sus personajes, pero ganando en ritmo y apostando más a vueltas de la trama que a inteligentes retratos psicológicos (coincidencia o no, eso parece suceder en los capítulos en que aparece algún co-guionista junto a Dunham en los créditos) En esa segunda mitad es donde crece el único personaje masculino con alguna relevancia, el no-novio de Hannah, un actor altísimo (y rarísimo) llamado Adam (Adam Driver), que pasa de ser un tipo indiferente, colgadísimo, y casi maltratador, a una versión 2012 de, digamos, el personaje de Ethan Hawke en Generación X: un intenso y desconcertante artista maldito, secretamente inteligente e imposible de asir, que al final se devela como un tipo atento y sensible. Cosa de chicas.
Con los personajes de Sex and the City convertidos en señoras que ostentan Prada en tiempos de recesión, y muchos íconos girlie que estiran de más sus fechas de vencimiento – Zooey Deschanel, por ejemplo, transformada en caricatura plástica de sí misma – Girls cambia el paradigma. Si antes la fantasía era un mundo brillante de ropa de diseñador y brunchs en Manhattan, ahora el atractivo está más cerca de la opacidad vintage del Instagram. Las neo-princesas en castillos de Barbie adultos que se movían en taxi por Chelsea ahora son chicas más jóvenes, sensibles e intelectuales que comparten un piso en Williamsburg y caminan – o a lo sumo se mueven en bicis plegables– sin necesidad de cruzar el East River hacia Manhatttan (las fiestas en depósitos abandonados están de este lado, en Bushwick). Encontrar al hombre perfecto no es un objetivo. No es ni siquiera una idea de la cual reírse desde la despreocupación tardo-adolescente. Eso sería perder el tiempo, cuando lo que estas chicas parecen estar buscando es más bien a sí mismas.
* [Nota] Un consejo para el público masculino: para evitar empalagarse, se recomienda rastrear en YouTube la parodia que hizo un grupo de flacos de Los Ángeles, obviamente llamada "Boys". ("¡Todo bien con que te sientas cómodo con tu cuerpo, flaco, pero dejá de andar en bolas y ponete pantalones!")