*Antes que nada, una aclaración a modo de spoiler alert: si no vieron la última temporada de Mad Men (y quieren hacerlo) no sigan leyendo.
En el origen fue una escena. Una sola. LA escena del primer episodio doble o season premiere de la quinta temporada de Mad Men (también conocida como La Mejor Serie Después de Lost), en la que Megan Draper canta y baila al son de Zou Bisou en la fiesta de cumpleaños de su marido Don Draper. Una escena que funcionó como un objeto en sí mismo, casi como uno de esos típicos souvenirs en forma de bolas de vidrio que encierran un paisaje, solo que esta vez el paisaje era la mirada retro-nostálgica de la chanson francesa de los ’60 vista desde el East Coast americano. Una escena que, con el diario del lunes, podemos ver como todo un símbolo de lo que vendría. El prólogo a un tema desplegado a lo largo de los siguientes 12 capítulos, que sin embargo ya subyacía desde el inicio debajo de toda esa testosterona de publicitarios neoyorquinos, ejecutivos alfa ellos, y devotos del dios Jack Daniels y la doctrina del consumo en los albores de la llamada “era de la persuasión”. El tema que siempre estuvo ahí: la “liberación” femenina.
Algunos nos enteramos hace poco que esa serie construida alrededor de Don Draper, el personaje masculino más magnético y complejo de la televisión (al menos desde Benjamin Linus), está escrita casi totalmente por mujeres. Sí, siete de los nueve guionistas son mujeres. El Don Draper de Jon Hamm (ahora productor de la serie, y el actor que sería el Superman perfecto si alguien quisiese hacer la película sobre el Hombre de Acero cuarentón) es, a fin de cuentas, una creación 78% femenina. Pero algo cambió en esta temporada, y el avasallante, inconmovible, e impermeable Draper, una idea platónica de masculinidad y misterio, terminó de rodillas frente frente a su discípula Peggy Olsen, la joven ambiciosa (y despiadada, como él) que Draper vio crecer hasta tener su propia oficina en un mundo de hombres. Draper, el hombre que amaba a las mujeres, terminó superado por ellas. Hasta el socio y amigo de Draper, Roger Sterling, un vehículo de pura misoginia old school, terminó esta temporada solo, en bolas, y mirando por una ventana mientras volaba de ácido. Es que, al parecer, llegó la hora de las chicas. Veámoslas una por una:
Megan Draper (Jennifer Pare). La que pintaba como otra más de las chicas ocasionales de Don Draper, terminó siendo mucho más que la secretaria veinteañera que de un día para otro se casa con su jefe –ese cliché corporativo del cual Joan Holloway, la reina del castillo Sterling Cooper Draper Pryce, se reía sola: “¡Y todos creen que es tan original!”. Megan, la actriz/modelo que peló un carácter casi tan fuerte como el de su marido, tomó la temporada por asalto con su número musical, y no solo demostró ser una creativa publicitaria con talento, sino que luego se dio el lujo de dejar ese trabajo (que también es el de su marido) y dedicarse a su propia vocación, no sin antes aprender a dominar sexualmente a su esposo.
Joan Holloway (Christina Hendricks). Uno de los momentos más populares de esta temporada fue el momento en que la escultural (adjetivo que difícilmente le calce mejor a nadie que no sea Christina Hendricks) secretaria ejecutiva se deshizo para siempre de su marido. Y lo hizo sentada, seria, calma, y con una sola frase: “entonces, se acabó”. Convertida en madre soltera, el personaje de Hendricks ascendió en popularidad a medida que adquirió más protagonismo, para terminar –legalmente- a la par societaria de sus jefes. Joan es ahora una más, luego de acostarse con un hombre para obtener la cuenta de Jaguar. Una de las sus mejores escenas de la temporada fue sin dudas la de Joan y Draper en un bar –luego de jugar al marido y mujer en una concesionaria– como dos dioses que se toman un rato para reírse de su karma de ser lo que son: irresistibles. “Parecían dos viejos boxeadores”, dijo Hendricks sobre la escena.
Peggy Olsen (Elizabeth Moss) quizás haya sido el personaje más obviamente simbólico en Mad Men en cuanto a retratar la lucha de las mujeres por moverse de manera autónoma e igualitaria en un mundo masculino. La chica, que entró como secretaria y fue ascendiendo hasta volverse en una de las creativas más importantes de la empresa, se independizó y dejó la agencia que la vio nacer hacia un nuevo y mejor trabajo. Otra gran escena de esta temporada: Don Draper de rodillas, casi suplicándole a la chica de la cual fue mentor, jefe, y ahora par, que se quede con él.
Betty Francis. Como una muñeca de porcelana suburbana, Betty Francis (ex Betty Draper) es otro símbolo: la caída de la imagen de la mujer como ama de casa perfecta, tan fines de los ‘50. En una decisión bastante polémica para los seguidores de la serie, el personaje de January Jones fue pura decadencia: entrada en kilos (una suerte de síndrome de la housewife crónica) y resentida, la que fuera un arquetipo de la mujer americana (de los años 50) quedó totalmente opacada por los otros personajes femeninos.
Sally Draper (Kiernan Shipka) Los chicos crecen. Sally también, y ahora incluso hay fans que piden que el personaje tenga su propia serie spin-off. Sobre el final de la temporada Sally Draper “se volvió mujer” (en palabras de su madre Betty, un eufemismo WASP para “primera menstruación”) justamente en una escapada con Glen, un viejo y creepy amigo de la infancia (o sea, de hace un par de años). Pero Sally, la única representante del Baby Boom, ya no sólo se rebela contra su madre y sus maniobras para envenenar la pareja de Don y Megan, sino que también atravesó un paso decisivo en el camino a la adolescencia: en uno de sus fines de semana en Manhattan con su papá, donde ve a su abuela postiza haciéndole una fellatio al picarón Roger Sterling, descubrir que el mundo de los adultos es “sucio”.
Si esta tendencia se mantiene o no, lo sabremos en la próxima temporada. La última escena es tan sugestiva como ambigua: en un bar, Don Draper se sienta, pide un Old Fashioned y ve unas chicas en la barra. Esta vez, ellas lo encaran a él.
Las Chicas Ponen Quinta
La 5ª temporada de Mad Men terminó con un Don Draper fiel y domesticado, y todas “sus” mujeres en camino hacia la liberación femenina, al son de Nancy Sinatra.