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Son madre e hijo. En la intimidad se dicen “vieja” y “negrito”, delante de los clientes se llaman Liliana y Luis. Ellos son conocidos arquitectos locales, dueños del estudio Clement & Rico, donde realizan decenas y decenas de proyectos para mendocinos y foráneos.
En su lugar de trabajo ubicado en calle Tiburcio Benegas de Ciudad, reciben al equipo de MDZ Online y le hablan con fervor de lo que hacen. Cuentan detalles de cómo es trabajar en familia y cómo las medidas económicas afectan a algunos de sus clientes extranjeros. Aunque aseguran que la situación que atraviesa el país termina favoreciendo, de alguna manera, al "sector del ladrillo".
-¿Cómo surge este estudio de arquitectura?
Luis:- Liliana tenía una empresa constructora hace mucho pero cuando mi hermano Manuel se recibe de arquitecto formamos este estudio. De esto ya hacen casi 12 años. Hace un tiempo mi hermano se separó del estudio y se puso una constructora aparte. Así, quedé con Liliana al frente del mismo.
-¿No le decís mamá?
Luis:- En el ámbito de trabajo no, pero en la intimidad le digo “vieja”.
-¿Qué te llevó a continuar los pasos de tu madre?
Luis:- Mi viejo es bioquímico y nunca llevó trabajo a la casa. Mi mamá comentaba todo el tiempo sobre su trabajo y seguro eso nos fue influenciando.
Liliana:- Muchas veces por necesidad las madres que trabajan tienen que llevar a los chicos a sus actividades. Yo muchas veces tuve que llevar a mis dos hijos a obras porque no tenía con quien dejarlos. Ellos me acompañaban a hacer barrios a San Luis, donde había víboras en cada una de las casas en las que entrábamos. Iban con botitas hasta las rodillas para que no los mordieran… Un día le pregunté a mi marido por qué los dos varones habían salido a mi y él me dijo: “por la pasión que le ponés a lo que hacés”. Y es así: La arquitectura en mi vida ha sido una pasión, no lo tomé como un trabajo que lo hacés de taquito. Para mi fue muy cautivante.
-Liliana, ¿sus padres eran arquitectos?
Liliana:- Mis padres son franceses. Mi papá tenía negocios y mi mamá era profesora de francés, fundó la Alianza Francesa en la provincia y le puso pasión a todo lo que hizo. Yo fui nombrada a nivel nacional como arquitecta solidaria, en 2008, porque mi madre durante 30 años consiguió materiales para un hospital paupérrimo como es el Lencinas. Así, yo hacía la construcción con mis obreros y eso corría por mi cuenta. Mi mamá era una mujer totalmente solidaria y amante de lo que hacía. Como mujer y profesora ha dejado un legado muy fuerte. El pabellón donde se atiende a las personas con HIV lleva el nombre de ella. Esa solidaridad también la tomaron mis hijos: Manuel con el Rotary y Luis con la Fundación Nicolás. Hemos hecho cosas de las cuales nos sentimos orgullosos. Ahora lo más importante es como se fusiona la experiencia con la sangre nueva. Es una unión fenomenal y para mi es un placer porque ellos fueron aprendiendo de chiquitos conmigo.
-¿En las reuniones familiares también hablan de trabajo?
Liliana:- El vive en su departamento de soltero…
Luis:- Yo corto el teléfono y listo. Atiendo sólo a los clientes…
Liliana:- Corta el teléfono para la madre… (carcajadas). En realidad, cuando llego a casa no queremos hablar más de trabajo. Además, respeto su intimidad y si el fin de semana nos vemos no hablamos de trabajo porque agobia. Por lo general cuando uno habla de trabajo no habla de las cosas lindas, si no de lo que falta por hacer o si algo no salió bien. Por eso nosotros hemos implementado un sistema de auditorias que hacemos a los dos meses y al año para ver cómo quedó la obra. Es un valor agregado del estudio. Y ese seguimiento de la obra es lo que le encantó a Gustavo Santaolalla.
Mirá el video y descubrí cómo los conoció el afamado músico creador de Bajofondo.
-También están trabajando en el estudio de grabación que Santaolalla tendrá en Mendoza...
Liliana:- Es un paraíso terrenal el lugar donde tiene ubicadola finca, la posada, el estudio y la bodega el talentoso músico. Los estudios de grabación, normalmente, son todos cerrados por una cuestión de acústica. Pero aquí nos pidieron, como premisa fundamental, una vidriera inmensa hacia la cordillera. Entonces, hay muchas cosas que tenemos que mantener de acuerdo a lo pedido, pero sin perder la calidad técnica que él busca para grabar.
-¿Le fue difícil insertarse en el ambiente de la construcción donde por lo general son todos hombres?
Liliana:- Hay algo que me dio mucho resultado cuando yo tenía poca experiencia de obra: le preguntaba a cada constructor que haría en mi lugar. De esa manera, fui aprendiendo y al darle lugar a una persona que teóricamente sabe menos que vos se da una relación fantástica. Con los obreros costó un poquito más porque por ahí miraban más de lo que correspondía, pero nada más. Siempre he tenido carácter fuerte y todo lo que he vivido ha sido muy enriquecedor.
-Las actuales medidas económicas implementadas por el Gobierno Nacional, ¿cómo los afectó a ustedes y a sus clientes?
Luis:- Han afectado a los clientes extranjeros, principalmente. Unos hindúes que iban a abrir un restorán se fueron porque veían a Argentina como una posible Venezuela. Hay dos cosas que son fundamentales en los negocios. La primera es que el argentino, por lo general, habla mal de su país, no le hace buen marketing. Y, la segunda, que las medidas tomadas por el Gobierno están tirando por la borda las inversiones extranjeras. Yo no invertiría en ningún lugar en el que me hablen mal y menos si un gobierno te pone miles de trabas. Algunos proyectos de afuera se han retrasado y están esperando que el dólar suba. Mientras que los emprendimientos locales están más trabados, a diferencia del año pasado.
Liliana:- Pero también hay un punto bueno. Cuando hay tanta turbulencia en la economía, los ladrillos son seguros. Eso es un refrán argentino muy viejo. Siempre ha ocurrido que en las épocas de crisis, los ladrillos o la construcción es el lugar más seguro para invertir. A nadie le viene bien este desequilibrio de la economía argentina, pero nuestros clientes extranjeros que han decidido seguir apostando, lo han hecho porque se han enamorado de esta provincia, de sus paisajes y de su gente que es tan cálida. ¡Del sol! Hay gente que viene de países donde tienen pocos días de sol y cuando llegan acá eso les fascina. Sin embargo, repito, a nadie le viene bien esta inestabilidad económica. Sobre todo perjudica a la seriedad del país.
Producción audiovisual: Danila Bragagnini, en Twitter @danibragagnini