Las Suculentas en general y los Cactus en particular precisan un lugar con mucha luz, aunque el sol directo todo el día podría provocar quemaduras en determinadas especies más delicadas.
Lo mejor es una posición donde disfruten de sol una parte del día, al menos unas 5 ó 6 horas de sol, de mañana o de tarde.
Los Cactus grandes toleran más sol que los pequeños, pero incluso al alcanzar los 4-5 años conviene que parte del día estén bajo una leve sombra.
Las macetas de plástico oscuro se pueden sobrecalentar con el sol y quemar las raíces, por ello lo mejor es tener macetas de colores blancos o pastel; en caso de no tener otra opción se debe recubrir la maceta por fuera con papel u otro material blanco grueso.
En cuanto a la temperatura, dependerá de las especies, pero en general, si la temperatura baja de 5º muchas suculentas, sobre todo las que provienen de zonas tropicales, pueden morir. Los cactus son más resistentes porque en su hábitat natural desértico, por las noches, las temperaturas alcanzan algunos grados bajo cero.
Cuando el termómetro baje de 10º a 15º bajo cero es muy importante conservar el substrato de las macetas totalmente seco. Por tanto, si tenemos Cactus en macetas en el jardín, es aconsejable disponer de un sitio que no se mojen con la lluvia, una zona cubierta con algún material traslúcido como un techo de plástico, y proteger así a aquellas plantas que en invierno requieren un sustrato completamente seco o no aguantan la conjunción de frío y suelo húmedo. Además el techo resguarda del frío, pero en climas con heladas fuertes no será suficiente protección y habrá que meter dentro de casa o en un invernadero cerrado.
Por otro lado, para garantizar la floración de los Cactus, conviene dejar la planta en estado de reposo durante el invierno, reduciendo al mínimo los aportes de agua y nada de abono. Hágalas invernar dentro de su casa en un sitio fresco y luminoso como el dormitorio. Por ejemplo, la pequeña Chamaecereus silvestrii sólo florecerá si ha soportado un golpe de frío durante el invierno.
Las plantas que invernan al fresco o en semioscuridad no deben regarse en absoluto, porque se pueden pudrir. Al contrario, las plantas que invernan con calor (15 a 20ºC) en un apartamento o en un invernadero siguen creciendo y hay que regarlas moderadamente (2 ó 3 veces por mes, pero sin abono).
Una vez terminado el reposo, evita sacar las plantas de golpe al sol tras pasar el invierno a cubierto. Si ha estado en penumbra corre el riesgo de quemaduras irreversibles. Finalmente, no debe retomarse la fertilización hasta que la vegetación no se haya reiniciado por completo, es decir, avanzada la primavera. Es necesario acostumbrar a los vegetales al sol al principio del período vegetativo.
Fuente consultada: www.Infojardin.com