Vendimia: historia, esperanza, celebración

Vendimiar es cosechar. Es lograr concretar las labores que en viñedos y frutales se realizan durante el año. Y la Vendimia, para nosotros, es sentimiento, es historia, es esperanza. Es, esencialmente, Fiesta. En la nota, un poco de historia de esta historia no escrita de los mendocinos.

Símbolo de la Vendimia, el surco y los cosechadores
Símbolo de la Vendimia, el surco y los cosechadores

Festejos de la vendimia

Surgieron como símbolo de la alegría por el final de la cosecha. Y aunque el turismo las está globalizando, lo cierto es que estas celebraciones se remontan a los tiempos en que el vino era el puente entre dioses y hombres, siendo Baco el rey de esas celebraciones.

Cada región las celebra a su manera,  tanto en el viejo como en el nuevo mundo. En las principales regiones productoras son un importante atractivo turístico, uno de los principales detonadores del Enoturismo. Las fiestas de la vendimia se llevan a cabo pues, con la cosecha, y su tiempo va variando dependiendo los tiempos de cosecha de cada región.

Un poco de historia mendocina

La Vendimia sintetiza tradiciones, creencias, mitos y costumbres de Mendoza. Vendimia es nuestra música, nuestra poesía, las comidas, las supersticiones y nuestra fiesta.

Vendimia está ligada a la “historia no escrita del pueblo”. El cultivo de la vid y la industrialización de sus frutos, en Mendoza es mucho más que una actividad económica; es una expresión popular del sentimiento de amor y adhesión hacia el trabajo y la riqueza colectiva.

Mendoza es vendimia, porque la siembra y la cosecha son una clave secreta de la vida de los mendocinos, esa vida signada por el esfuerzo necesario para ganar la batalla desigual contra el desierto.

En 1936 Mendoza comenzó a crear una fiesta, una celebración que es mucho más que el agradecimiento por el fruto de un año de esfuerzo. Con los años, fuimos construyendo una fiesta que es un poco nosotros mismos. Mendoza es Vendimia, porque la fiesta está realizada por la amalgama de lo que fuimos, lo que somos y lo que soñamos ser.

 Mendoza es Vendimia y cada uno de los mendocinos es parte de Nuestra Fiesta, porque cada uno de nosotros ha sido moldeado por el paisaje del desierto, por el esfuerzo cotidiano, por el canto lento y pausado de las acequias, por la arboleda y los surcos.

La Fiesta Nacional de la Vendimia, a pesar de sus jóvenes 76 años, es una fiesta tan vieja como Mendoza, porque revive una larga historia que es la nuestra. Por eso la fiesta es nuestra carta de presentación al mundo, ella nos pinta de cuerpo entero, pinta nuestro paisaje, canta los sueños que nos hicieron posible como pueblo y los sueños de lo que queremos para nuestros hijos. No cabe duda, Mendoza es Vendimia.

Una historia que descansa en espalderos

Un breve repaso de lo que fuimos, servirá para entender lo que somos. Para que Mendoza sea vino y vendimia tuvimos que recorrer un largo camino. Nuestra historia es la bitácora de un viaje de desvelos y esperanzas; la suma de voluntades para ganarle terreno al desierto, el relato de una jornada que nos trajo hasta este presente de vino y Fiesta grande.

Mendoza es la Tierra del Sol y del Buen Vino, porque pacientemente pusimos y ponemos nuestro mejor esfuerzo para hacer los mejores vinos y celebrarlos como nadie en el mundo los celebra.

La vendimia no siempre se festejó como hoy la celebramos. La fiesta se fue construyendo junto con la provincia, con retazos de distintas tradiciones que en Mendoza se amalgamaron en Vino.

Durante la primera mitad del siglo XVII comenzó cultivarse la vid en Cuyo, con el objetivo de obtener el vino necesario para oficiar la Misa. Como la importación de vino era dificultosa, junto a cada capilla los conquistadores dispusieron un parral y un huerto que servía para abastecer las necesidades alimenticias. Bajo la sombra de aquellos parrales, nuestros antepasados se protegieron del calor abrasador del desierto y sus racimos dieron alimento y permitieron llenar el cáliz en cada capilla solitaria.

Por aquel entonces, al finalizar la cosecha y la elaboración del vino, se festejaba con baile, canto y comidas. En esa oportunidad se elegía la más linda de las mujeres y se la coronaba con hojas de vid y racimos de uva. Estos sencillos festejos fueron la fuente inspiradora de la principal fiesta de nuestra provincia.

Hacia 1800 se había instituido oficialmente una celebración anual denominada “Fiesta de las Chinas”, que se realizaba en amplios galpones coloniales iluminados con candiles de grasa, donde inmigrantes y nativos, bajo el rasguido de guitarras, se disputaban las “chinas” más hermosas.

Nuestra Fiesta de la Vendimia reconoce una fecha: el 11 de abril de 1913, cuando Mendoza fue la sede del Congreso de la Industria y el Comercio, que finalizó con un desfile de vendimiadores y carrozas alegóricas. Ese fue el antecedente más cercano.

Recién en 1936, durante la gestión del gobernador Guillermo Cano, se instituyó la Fiesta de la Vendimia. El 18 de abril de ese 1936, el estadio de Gimnasia y Esgrima se colmó con 25.000 personas. Y ante esas 25.000 almas se consagró la primera Reina de la Vendimia, Delia Larrive Escudero, representante de Godoy Cruz.

Sobre Delia recayó el honor de representar a todas las mujeres mendocinas. Desde entonces, la elección de la soberana vendimial es un homenaje a la sacrificada tarea de la mujer en el surco. Delia fue la primera embajadora de Mendoza, con la misión de difundir las virtudes de su pueblo y la belleza de su tierra.

La Fiesta nació grande, pero fue creciendo en forma y contenido. A lo largo de estos 76 años, fue cambiando, se fue llenando de sentidos y se transformó en uno de los atributos que nos distingue en Argentina y el mundo.

La Fiesta de la Vendimia se proyecta a nivel nacional

En 1972 se celebró “Vendimia de América”, un espectáculo dirigido por Abelardo Vázquez, cuyo libreto fue de su autoría. Ese año la Fiesta se llevó a cabo un 4 de marzo. Don Abelardo Vázquez ideó un colorido paseo de danzas y canciones por los distintos países de nuestro continente. Ese mismo año, por resolución 137/2, de la Secretaría de Turismo de la Nación, se declara el carácter nacional de la Fiesta de la Vendimia.

Bendición de los Frutos

La Bendición de los Frutos tampoco nació en 1936 con la Fiesta de la Vendimia, aunque ambos ritos (ofrenda y fiesta por la cosecha) reconocen antecedentes en todo el mundo y en Mendoza. En los orígenes de la vitivinicultura mendocina se reconoce esta relación, puesto que los primeros parrales se plantaron junto a las capillas, con el objetivo de proveer las uvas que se transformarían en el vino necesario para oficiar misa.

La primera Bendición de los Frutos la realizó Monseñor José Verdaguer el 2 de abril de 1938, en la Rotonda de los Caballitos de Marly, en el Parque General San Martín de la capital provincial.

El golpe de reja se instituyó al año siguiente, en 1939, cuando el entonces gobernador, Rodolfo Corominas Segura inauguró la costumbre de los tres golpes al arado. Recién en 1946, la Bendición de los Frutos se comenzó a desarrollar en el Prado Gaucho del Parque General San Martín.

A partir de los festejos de los 70 años de Vendimia, en el año 2006, la ceremonia para agradecer la cosecha se traslada al interior de la provincia. El objetivo es profundizar el carácter federal de esta Fiesta que es de todos los mendocinos.

Por primera vez la Virgen de la Carrodilla salió del Gran Mendoza y recorrió fincas y bodegas del Valle de Uco para llegar al Cristo Rey del Valle de Tupungato, un monumento ubicado a más de 1400 metros de altura, en Los Cerrillos, departamento de Tupungato.

La Virgen de la Carrodilla, Nuestra Señora peregrina que llegó de Aragón, volvió a peregrinar para llevar su protección a los campos y a sus hijos que la veneran.

En el 2007, la Patrona de los Viñedos volvió al camino, para ser venerada por sus fieles del Valle Central, en una peregrinación que la llevó por La Paz, Santa Rosa, San Martín, Rivadavia y Junín, dónde se realizó la Bendición de los Frutos.

Nuestra celebración mayor sigue expandiéndose sobre el territorio provincial, para que cada año la Fiesta sea un poco más de todos los mendocinos.
La fiesta ganó la calle para ser popular

La Fiesta de la Vendimia salió a buscar a los mendocinos para ganarse el reconocimiento y fervor. La fiesta del trabajo debía estar en los corazones de todos, porque todos hacían posible el verde milagro de ganarle nuestra eterna batalla al desierto.

Vía Blanca y Carrusel fueron la estrategia y hoy son parte irremplazable de la Fiesta Nacional de la Vendimia.

El Carrusel surgió en 1937, un año después de la primera fiesta

Ese año se incorporaron los carros alegóricos conformando el germen de lo que hoy conocemos como Carrusel. El desfile se realizaba dentro del Parque General San Martín. Recién en 1939, el desfile sale del Parque para ganar las calles céntricas de la ciudad.

Por el Carrusel desfilan, además de las reinas vendimiales, centros tradicionalistas, diferentes colectividades, reinas invitadas de diferentes puntos del país y personajes representativos de nuestra provincia, todos los que hacen su aporte a esta vendimia de todos.

Vía Blanca de las Reinas

La Vía Blanca de las Reinas fue el fruto de una noche lluviosa...En la noche del 25 de marzo de 1939 se realizó un Corso de Fantasía que recorrió la Avenida San Martín. Este es el antecedente reconocido de la Vía Blanca.

Al año siguiente y por casualidad, nació la Vía Blanca. Una fuerte tormenta impidió la realización del espectáculo central y la elección de la Reina se hizo en el Salón de los Espejos del Plaza Hotel. Este accidente climático determinó que el lunes posterior a la elección se organizara la primera Vía Blanca, que luego se incorporó definitivamente a los actos centrales.

Acto Central

Por la noche, en el teatro griego Frank Romero Day construido en las faldas de los cerros que lindan con el Parque General San Martín, se lleva a cabo el Acto Central que congrega a más de  20.000 personas sentadas y otras miles que se ubican en los cerros aledaños, sumando más de 40.000 asistentes para presenciar el espectáculo de luz y sonido que culmina a la medianoche con la elección y coronación de la nueva soberana vendimial, cerrando con un despliegue sin igual de fuegos artificiales que estallan en el cielo mendocino.

Las motivaciones y argumentos son netamente relacionados con Mendoza, el vino y el mundo, donde todas las actividades artísticas, figurantes, actores, música, escenografía, bailarines y creativos, son producto de esta tierra y componen una fiesta particular con el sello local. Al día siguiente todo el acto se repite, sumándose un espectáculo artístico tipo show, con intérpretes de jerarquía nacional.

San Rafael también es historia vendimial

En la geografía vendimial de Mendoza, San Rafael tiene destellos propios, en los nombres de quienes dejaron confirmado la belleza de la mujer de este "corazón viñatero". Y no sólo por la belleza femenina, sino por la magnitud que la fiesta departamental ha tomado, a lo largo de la historia.

Seguramente, muchas veces los ojos se nos llenaron de lágrimas, cuando el tiempo dispuso que la celebración grande por la vendimia a lograrse se viese interrumpida por el granizo destructor. Muchas veces, también, hemos apretado el alma, porque el esfuerzo de todo un año no fue recompensado como merecíamos.

Pero.. Vendimia es agradecimiento. Es esperanza. Es el premio a sueños e ilusiones atadas entre zarcillos y racimos. Es color y aroma a bodega de alma generosa y de sinfin girando impiadoso. San Rafael es... vendimia


Y no podemos dejar de evocar a quienes, desde la juventud de su sonrisa y la sencillez de su palabra, lucieron dignamente la corona de Reina Nacional. Irene Roldán, en el año 1941; Hebe Magrini, en 1948; diez años después, Nilda Esther Eraso: Isabel Golbano fue coronada en el año 1961; una belleza rubia, en 1964: Teresa Wachowicz; en 1981, la morena Josefina Izquierdo sería aclamada sin discusiones, en tanto que al año siguiente, fue Marcela Perdigues quien portaria orgullosa la corona nacional. María Cecilia Fornara, en 1988 es aún, nuestra representante.

Mendoza es…lenguaje de vendimia

Y por ese andar entre surcos, sepas, zarcillos y racimos, es que Mendoza reconoce casi un lenguaje propio.

Acequias: zanjas para conducir agua de riego. El sistema de riego por acequias es de la civilización pre-colombina, diseñada por los primitivos habitantes del “Cullum”
Agüeros: visión del futuro.
Ande: poéticamente, Cordillera de los Andes.
Bordelesas: barricas de vino de gran tamaño.
Cogollo: agregado poético de la Tonada, en el que se la nombra, galantemente, a la persona a quien va dedicada.
Duela: cada una de las maderas curvas que forman las paredes de cubas y barriles.
Escarcha: rocío congelado.
Granizos: agua congelada en forma de granos que caen de las nubes.
Guijarros: piedras redondeadas pulidas al rodar por el agua.
Hileras: Formación en línea de las parras.
Labriego: agricultor / viñatero.
Mosto: zumo de uva sin fermentar.
Obligo: la persona a quien han dedicado la Tonada, en agradecimiento, “obliga” al ejecutante a un brindis.
Prietos: Apretados.
Pura cepa: nacido en el lugar. Auténtico.
Ripios: fragmentos pequeños de piedra.
Siesta: descanso / sueño en las horas de más calor de la tarde.
Tonada: composición musical netamente cuyana, sin percusión y sin coreografía determinada.
Tonel/ cuba: recipiente de madera hecho con duelas aseguradas por aros.
Trovero: cantor y poeta.
Vendimia: cosecha de la uva. Tiempo de la cosecha.
Virgen de la Carrodilla: imagen de la Virgen y el Niño con un grano de uva en la mano. Fue traída en 1776 desde Huesca, España, por la familia Solanillas, quien la nombró protectora de sus viñas, fervor que se hizo popular.

Este sábado, en el predio del parque Hipólito Yrigoyen que por derecho propio lleva el nombre de Pedro Cladera, Chacho Santa Cruz, nuevamente se encenderán las luces vendimiadoras. Y San Rafael coronará un nuevo sueño, que en el escenario grande de la Vendimia Nacional brillará con  la ilusión de una cosecha generosa para el trabajador de Mendoza.