El caso que nos ocupa hoy es el de Henry David Thoreau, escritor estadounidense nacido en 1817 en Massachusetts. Miembro fundamental del trascendentalismo (junto a su maestro y amigo Ralph Waldo Emerson) Thoreau es el responsable por el sesgo más revolucionario del movimiento. Como buen trascendentalista, supo ir a la naturaleza en busca -intuición mediante- de aquella dimensión divina que Emerson había planteado en su famoso “Nature” (Naturaleza). Para estos pensadores, lo divino está al alcance de nuestros sentidos, solo hay que saber encontrarlo en la naturaleza como su manifestación directa. Dejando atrás a la sociedad que lo desesperaba, sus exigencias, sus lujos, sus instituciones (abandonó la docencia por negarse a los castigos físicos), Thoreau vivió dos años, dos meses y dos días en una cabaña que él mismo construyó en los bosques de Walden. “Los hombres se han convertido en las herramientas de sus herramientas” sentenció en el libro que llevó el nombre de aquella localidad. Thoreau se alejó, vivió con lo mínimo indispensable, sustentándose sin ayuda ni compañía de nadie, y se declaró infinitamente más feliz. Un siglo después, los hippies le hicieron altares en Woodstock y convirtieron sus escritos en una especie de biblia.
Ahora bien, ¿qué fue lo que llevó a la cárcel a nuestro hippie del siglo XIX? Como dije, Thoreau fue quien le añadió un compromiso social al trascendentalismo, el que aportó a la teoría del maestro la praxis del joven inquietado por las injusticias de su tiempo. Ubiquémonos: Thoreau pasó su noche tras las rejas en 1846, es decir, 15 años antes de la Guerra de Secesión. Uno de los conflictos más apremiantes de aquel entonces era nada más ni nada menos que el del esclavismo. Thoreau era un abolicionista acérrimo, daba conferencias, organizaba lecturas por esta causa y refugiaba a los esclavos que escapaban hacia el Norte. Una de las cuestiones que lo indignaba de la situación eran los abolicionistas de hecho, que nada hacían por acelerar el proceso de la libertad de los negros. “No puedo ni por un instante reconocer esa organización política como mi gobierno cuando es a la vez el gobierno de los esclavos”. Al conflicto de la esclavitud se sumó el de la guerra expansionista contra México. Thoreau tomó cartas en el asunto y no pagó ni un solo impuesto al gobierno norteamericano durante seis años. Una mañana de camino a la zapatería lo fueron a buscar para llevarlo a la cárcel, a lo cual no opuso resistencia. De esa noche en prisión nació “Civil Disobedience” (Desobediencia Civil), publicado por primera vez en 1849. “Vi que, si había una pared de piedra entre mis conciudadanos y yo, había una todavía más difícil de trepar o de romper antes de que ellos pudieran ser tan libres como yo. No me sentí ni por un momento confinado, y las paredes parecían un gran desperdicio de roca. Me sentí como si yo solo de todos mis conciudadanos hubiera pagado el impuesto”. Thoreau instó a sus contemporáneos a la acción individual y pacífica, a la resistencia pasiva. Reivindicó el derecho a no cumplir con un deber civil cuando se está luchando por una causa justa. Había que tomar medidas individuales y concretas para allanar el camino de la igualdad. Hasta sus últimos días se mantuvo firme. Murió en 1862, es decir: lamentablemente no vivió para ver la abolición de la esclavitud tras la guerra civil.
“Desobediencia Civil” no tuvo una repercusión demasiado significante en su tiempo. Thoreau pasó esa noche en una celda (salió cuando alguien pagó sus deudas) y nadie siguió su iniciativa. Todo seguía igual. En “Desobediencia Civil” cuenta amargamente que al salir se dio cuenta de la gravedad de la situación, de la indiferencia de sus vecinos, y fue desesperanzado a la zapatería a hacer arreglar de una vez sus zapatos. Así como no vivió para ver la derrota de los estados esclavistas, tampoco vivió para ver la influencia inconmensurable que tuvo este ensayo en generaciones futuras. El concepto de la desobediencia civil quedó asentado a partir de su ensayo, y se fue profundizando a través de movimientos políticos con el correr de los años.
En el siglo XIX (y aún hoy, quizá) fue uno de los textos más visitados y citados por grupos minoritarios y pacifistas en la lucha por sus derechos. “Desobediencia Civil” fue una herramienta clave para Martin Luther King y para Mahatma Gandhi, por nombrar tan solo a dos gigantes que hicieron de la resistencia pasiva su modo de luchar. Un ejemplo feliz de la literatura puesta al servicio de las causas sociales. Esa noche fue, sin lugar a dudas, una noche en la cárcel que valió la pena, aunque Thoreau muriera sin saberlo.
LOS REOS I: Henry David Thoreau
El padre de la desobediencia civil pasa una noche tras las rejas.