Cuando hablamos de Té Verde, nos referimos a los brotes y hojas de la Camellia sinensis que no ha sido fermentados, que luego de ser cosechados son sometidos rápidamente a la acción del calor, para detener el proceso de oxidación que generan sus propias enzimas.
Es la forma más antigua del té y su cultivo y consumo han sido patrimonio de China desde tiempo inmemorial. Su origen e historia, están ampliamente vinculados a la cultura de ese país, desde donde se extendió a otros como Japón, Taiwán e India para luego llegar al mundo entero.
Sólo en China se producen alrededor de 20.000 variedades de té verde, que reciben distintos nombres, a veces relacionados con el lugar de donde se obtiene y otros tantos relacionados a la mitología oriental, como es el caso del afamado IMPERIAL DRAGON WELL.
Una característica distintiva de los tés chinos es el proceso de elaboración que en su mayor parte está hecho por manos de campesinos, lo cual les da un valor especial. Nada se compara a la mano del hombre, en cuanto a respeto y cuidado de la hoja de té.
Japón es también productor de tés verdes de alta gama, con gran eficiencia y si bien las condiciones de relieve y clima que ofrece no son óptimas para este cultivo, la tecnología ha sido puesta al servicio de este fin, logrando excelentes resultados. Exporta sólo una mínima
parte de lo que produce y el resto se destina a consumo interno.
Entre sus mejores tés verdes podemos mencionar al Gyokuro, “rocío de jade”, un té de sombra porque las plantas son cubiertas en las semanas previas a la cosecha para evitar la luz solar, lo que se traduce en su color verde oscuro y su sabor dulce y suave.
El té verde es altamente valorado por su bajo contenido de cafeína y por el efecto de la L-teanina, un aminoácido que actúa sobre el cerebro provocando un estado de relajación sin perder la concentración. Esto explica porqué la bebida ha sido fundamental en Oriente, a la hora de practicar la meditación.
A estos componentes, se suman los polifenoles que le dan su poder antioxidante, al actuar sobre los radicales libres que dañan nuestro organismo a lo largo del tiempo.
El valor agregado del té verde es que al no ser oxidado, conserva todas sus sustancias activas
intactas: antioxidantes, vitaminas, minerales, aceites esenciales, aminoácidos, que en conjunto, contribuyen a mejorar nuestra salud, calidad de vida y nos brindan armonía y bienestar.
En síntesis podemos decir que el té verde:
• Es un gran antioxidante natural
• Previene enfermedades cardiovasculares
• Reduce los riesgos de cáncer al prevenir la mutación de las células
• Reduce el colesterol y los triglicéridos
• Disminuye el nivel de azúcar en sangre
• Controla la tensión arterial
• Fortalece el sistema inmunológico aumentando las defensas del organismo
• Fortalece la dentadura por su aporte de fluor
• Regula la flora intestinal y el funcionamiento del intestino
• Es un gran aliado, en la pérdida de peso, al inhibir el apetito y acelerar el ritmo en que se
queman las grasas.
• Sus componentes lo convierten en un producto de belleza de gran uso en cosmética, para rejuvenecer la piel, mejorar la apariencia del pelo, etc.
Por tratarse de una hebra de té sumamente delicada y frágil, es vital prestar atención, en su preparación, a la temperatura del agua que no debe superar los 85ºc y al tiempo de infusión que no debe exceder los 3 min.
Si no se cuidan estos factores las hojas pueden arruinarse y alterar su sabor, además de perder sus valiosas propiedades. Es también importante una vez transcurrido el tiempo necesario de
infusión, retirar las hebras del contacto con el agua para evitar que el té se vuelva amargo.
¿Cómo podemos consumirlo? En cualquier momento del día, en la cantidad que deseemos por su bajo contenido de cafeína. Caliente o frío, en hebra pura o combinado con frutas, flores o especias en blends, es igualmente valioso y saludable. No es conveniente agregarle leche.
Lic. Silvina Fortuny. Sommelier de Té. Tea and Company. info@teandcompany.com.ar. Tucumán 185 esq. Almirante Brown. Godoy Cruz. 4247815.