El cable de la Agencia UPI, en enero de 1982, parecía un parte de guerra. “El gobierno de Argelia movilizó tropas, camiones y aviones sobre el desierto del Sahara”, decía el encabezado de la información. Pero enseguida sorprendía el objetivo de tamaña maniobra militar: hallar a Mark Thatcher, hijo de Margaret, la primera ministra británica, perdido durante la disputa del París-Dakar mientras conducía un Peugeot Dangel.
El “ilustre” extraviado, de 28 años, se había lanzado a la aventura de la mítica carrera junto a su copiloto femenino Anne-Charlotte Verney. “Ya corrí en Le Mans y en otras competencias. El Paris-Dakar no es problema”, dijo el británico en consonancia con su espíritu arrogante que sólo dejó de lado cuando fue declarado desaparecido en la frontera entre Argelia y Malí, pleno Sahara, el 9 de enero de 1982.
“La Dama de Hierro”, que tres meses más tarde ordenó la movilización de la poderosa flota naval británica hacia las Islas Malvinas, emitió un comunicado a través de un vocero en el que sostenía que “no tengo pánico. Mark ha crecido ya y es muy capaz de cuidarse solo”. Ni siquiera el rumor de que su hijo había sido capturado por milicianos del Frente Polisario (movimiento para la autonomía del Sahara Occidental) le cambió el discurso. “No siento pánico, porque él puede aparecer durante los próximos cinco minutos”, sostenía con férrea convicción.
“Incesante búsqueda del joven Mark Thatcher” fue el título de La Voz del Interior del 14 de enero de 1982. “Argelia ordenó que sus tropas entraran al desierto del Sahara para buscar al hijo de la primera ministro británica Margaret Thatcher y a dos miembros de su equipo que desaparecieron la semana pasada”, sostenía la nota, a la vez que destacaba la peligrosidad del raid, de 20 días de duración, que ya se había cobrado la vida de la periodista francesa Ursula Zentsch, aplastada por un camión de abastecimiento, y de un niño de Malí, arrollado por un competidor mientras jugaba cerca de su casa.
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