Margaret Thatcher es la personalidad más repudiada por los argentinos a la hora de recordar la guerra de Malvinas de 1982. En 1997, retirada de su actividad política, cruzó el Atlántico que separa su país, Gran Bretaña, de Estados Unidos, para concurrir a la Fletcher School of Law and Diplomacy, ubicada en Boston, ciudad de donde también es sede la Universidad de Hardvare.
La conferencia fue sobre temas de un ciclo en el que antes habían participado el ex presidente Bush padre y el ex secretario de Estado James Baker III, entre otros: el fin de la Guerra Fría, el colapso del imperio soviético, hacia dónde iba el mundo encaminándose al cambio de milenio.
Hasta ahí todo normal, hasta que al cierre de la conferencia empezaron las preguntas de los alumnos presentes.
Uno de ellos cursaba una maestría: el mendocino Luis Rosales, quien en 2011 fue candidato a gobernador de Mendoza por el Partido Demócrata y hoy se presenta en una lista de ese partido, en busca de un lugar para en octubre ser diputado nacional por Mendoza.
El mismo Rosales contó su testimonio al diario La Nación:
"Las consultas de mis otros compañeros giraron en torno de esos temas, ya que los que queríamos tener la oportunidad de dialogar con la conferencista nos tuvimos que anotar varios días antes y señalar el tema por profundizar, siempre vinculado con el contenido de la charla. Pero los sentimientos pudieron más y cuando llegó mi turno, después de presentarme como argentino, algo que empezó a deformar el rostro ya adusto de la señora, giré mi vista al decano, un general de cuatro estrellas del ejército norteamericano que había sido comandante supremo de las fuerzas de la OTAN y pedí permiso para apartarme del tópico central de la conferencia. Luego de recibir la autorización del anciano militar me dirigí a la ex premier, con bastante nerviosismo y algo de temor, llamándola Mrs. Thatcher, sin hacer referencia a su título. Saqué desde lo más profundo la mezcla fuerte de sensaciones que se amontonaban en mi corazón y en mi mente. Le dije que frente a ella yo experimentaba una dual combinación de admiración y repudio. Admiración por haber sido una de las grandes protagonistas de la historia moderna, cuando junto con el presidente Reagan y el papa Juan Pablo II habían encabezado un verdadero frente contra el vetusto y arcaico sistema soviético y habían conseguido liberar a millones de humanos del yugo esclavizante que se imponía desde el Kremlin. Pero que al mismo tiempo, como argentino, no podía sino sentir algo de rabia, bronca y desprecio. Le pregunté si quince años después de los sucesos del Atlántico Sur, especialmente del hundimiento del crucero Gral. Belgrano, no experimentaba algo de remordimiento o al menos de arrepentimiento, y le sugerí si la historia de las Malvinas podía terminar con un final feliz para nosotros, como en Hong Kong para los chinos".
"Un rayo de autoridad pareció iluminarle el rostro. Su mirada ya penetrante se intensificó y concentró hasta llegar a niveles intolerables. La Dama de Hierro crecía desde el atril mientras miraba a este impertinente habitante del sur de la Tierra, que osaba contradecir su obra maestra".
Inmediatamente me contestó que nada de eso sentía ni sentiría nunca hasta el final de sus días.
"Que había sido un reclamo inventado por el gobierno fascista del General Perón el que había originado nuestra causa nacional por las Malvinas y que otro general fascista, Galtieri, había decidido invadirlas, dejando de lado los derechos y deseos de sus habitantes. Que ella sólo había salido en defensa de un territorio británico y de sus súbditos".
"Que además los argentinos debíamos estarle agradecidos, ya que por ella disfrutábamos de la actual democracia".
"La ofensiva verbal, tan intensa como la que ordenara contra nuestras tropas allá por 1982, culminó con una profecía también de hierro: que nunca la Union Jack, su bandera, iba a seguir el destino que siguió en la ex colonia de Hong Kong. "Las Falklands fueron, son y serán británicas for ever, and ever."
Margaret Thatcher murió en Londres el 8 de abril de 2013. Fue primera ministra del Reina Unido desde 1979 hasta 1990.