Ariel es papá de dos nenes de 5 y 6 años y en una reunión de amigos declaró “comienzan la escuela y siento que yo también empiezo con ellos. No puedo evitarlo, un poco me fastidia y me siento como cuando era chico”. aría Paz es mamá de una nena de 6 años y también demostró su preocupación “No le costó entrar al jardín pero el primer día de clase en la primaria fue un dilema que lo sufrimos ambas”.
El ingreso a la escuela constituye un gran acontecimiento psicológico para el niño y para su familia. En la mayoría de los hogares los niños son el centro y, en torno a ellos, se organiza la vida de la familia. “Con la entrada a la escuela el mundo del niño se amplía y él ya no está en el centro. Comienza a formar parte de un grupo que tiene pautas que hay que respetar, lo cual supone para él aprender a controlar su conducta, tomando conciencia de que hay un tiempo para estar quieto, escuchar y trabajar y un tiempo para jugar, reír, correr, conversar; aprender a esperar su turno, a cuidar sus útiles, a compartir, a respetar normas diferentes de las del hogar” explica la doctora. Lucia Morchio, psicopedagoga.
La escuela para los niños es su ingreso a la sociedad. A diferencia de la infancia de los padres, la mayoría de los niños actuales no son extraídos de golpe del seno materno para ir a la escuela para encontrarse con un mundo totalmente diferente, hoy las exigencias laborales hacen que ambos padres trabajen y que los niños convivan en guarderías o jardines maternales desde muy pequeños. “A veces no tienen problemas de adaptación en el jardín pero sí en primer grado” dice la psicóloga Teresa Quiroga y explica que el motivo puede ser que primer grado marca una situación de límite. “Era más libre, más consentido y ahora viene la disciplina, el orden, las notas, las obligaciones, la fila, etc.
Factores que marcan límites entre lo maternal (trato que se continúa a través de la contención del jardín de infantes) y la exigencia de la escuela. Los padres no deben alarmarse porque es natural el desprendimiento por el que debe pasar un hijo, es parte de la esencia evolutiva del ser humano tanto para los grandes como para los chicos”.
Papás comprometidos
“Sería bueno que la escuela se ocupara más de los padres porque ellos también viven una etapa de desprendimiento” considera la psicóloga. Será el contexto social en el que el niño se desenvolverá y del que espera que sus padres formen parte.
“Como padres, es necesario administrar el tiempo de estudio de juego de los hijos”.
Lo que también implica poner límites a la cibernética para que no pierdan la posibilidad de incorporar otros estímulos en sus vidas relacionados al arte y al deporte.
“Los chicos tienen distintas formas de aprendizaje, algunos son más dependientes, otros van más despacio, otros más rápido, etc. La escuela va a un ritmo y los padres deben suplir lo que la institución no contempla”.
“Muchas veces papá y mamá idealizan a su hijo y proyectan en él sus propias expectativas.
Esperan que sea exitoso como él o ella lo fueron cuando iban a la escuela y si el niño tiene dificultades se enojan argumentando que no ha puesto suficiente esfuerzo o atención”, comenta Morchio. Se recomienda compartir la experiencia escolar de los hijos manteniéndonos lo suficientemente cerca para que se sientan acompañados y seguros y, lo suficientemente lejos, para que vayan desarrollando gradualmente su autonomía.
Es importante para el niño que sus padres valoren la escuela, reconozcan su esfuerzo, se alegren con sus logros, escuchen lo que quiere contarles, vayan a verlo en los actos, asistan a las reuniones que convocan los maestros, en definitiva, se preocupen y se ocupen de él en esta nueva y trascendente etapa de su vida.
Las especialistas consideran que un niño que en la familia se siente querido y recibe una imagen positiva de sí mismo será un niño feliz, y estará preparado para llevar adelante las experiencias de la vida con seguridad. Este colchón de afecto, respeto, comprensión, amortigua cualquier tipo de dificultad y es la base de la autoestima y la confianza en las propias capacidades. Es importante tener en cuenta que un niño cuya iniciativa y autonomía se anulan sistemáticamente tiene más dificultad para desarrollar confianza en sí mismo, por eso es bueno valorar lo que aprenden y lo que son capaces de lograr en el día a día para que ellos se motiven a seguir aprendiendo cada vez más.
Consejos psicopedagógicos para padres
La doctora Lucía Morchio determinó algunos ítems a modo de consejo para acompañar el proceso de nuestros hijos en la escuela:
• Crear un orden respecto de las horas de sueño, de alimentación, del tiempo para jugar y para hacer tareas. La organización familiar ayuda al niño a sentirse bien, con energía y a organizarse él mismo.
• Mostrar que papá y mamá valoran la escuela. Que les interesa saber qué hizo cada día, ver qué trae en el cuaderno.
• Escuchar más que hablar. Disponer de un tiempo para que les cuente qué hizo, con quién jugó, qué le gustó, o qué lo hizo enojar por ejemplo.
• Mantener estrecho contacto con la escuela, con los maestros.
• Sería muy bueno que ellos mismos se hagan cargo de preparar sus materiales, de recordar lo que la señorita pide de un día para otro. Sin embargo, en los primeros grados pocos son los niños que organizan solos su mochila, que revisan el horario para ver qué materia tienen al día siguiente. Son los padres quienes actúan como “conciencia prestada” para evitar que el niño reciba un reto o una mala nota por algo que todavía no tiene madurez para hacer solo. La autonomía se forma gradualmente y una forma de hacerlo es enseñándoles a prepararse para el día siguiente revisando el horario, el cuaderno de comunicaciones, la mochila… con él.
• Crear ocasiones para que el niño manifieste y desarrolle su curiosidad, su imaginación, su creatividad, sus intereses y motivaciones.
• El niño valora la escuela a través de los comentarios y actitudes de sus padres. Es importante no descalificar a la maestra ni a la escuela delante del niño. Si mamá y papá están en desacuerdo en algún aspecto deberán hablarlo entre ellos y, si les parece conveniente, en la institución.
• Es oportuno crear alrededor de los niños un ambiente de tranquilidad, predecible, en el que hay reglas definidas que se deben respetar. Tener presente que ser firme, con amor, no significa ser desconsiderado o “malo” con el niño, sino ayudarle a desarrollar el autocontrol como base para el logro de proyectos futuros.
• Promover el desarrollo de hábitos de higiene y orden.
• Evitar retarlo constantemente. Jerarquizar y decidir como papás qué es importante y no se debe dejar pasar y qué es intrascendente y no hace falta remarcar.
• Cuando tiene una obligación relacionada con el estudio o con la convivencia, enseñarle a aceptarla sin necesidad de prometerle premios o regalos.
• Destacar cuando hace correctamente las tareas y se porta bien para consolidar una imagen positiva de sí mismo. Cuando hace algo incorrecto explicarle en privado para no contribuir al deterioro de la auto imagen a través de retos permanentes.