Cualquiera pensaría que el lugar donde vive Facundo Cabral, una suite del cuidado Hotel Suipacha, está repleto de discos. Pero no: lo primero que se ve apenas se ingresa al hogar de este hombre que recorrió el mundo con su criolla y canciones como “Yo no vendo, yo no compro”, “Vuele bajo” y “No soy de aquí, ni soy de allá”, todas traducidas en varios idiomas y repetidas de memoria en cualquier fogón, es una pared llena de libros. Y al costado otra. Y otra. “Lo que pasa es que yo soy un cronista más que un músico.
Soy más colega de ustedes que de Silvio Rodríguez”, explica Cabral, que no fue a la escuela y aprendió a leer y escribir recién a los 14 años, cuando un jesuita lo rescató de las peleas callejeras en Tandil y le inculcó el amor por la literatura y la filosofía.
Cerca de cumplir 73 años, la salud de Facundo Cabral le jugó algunas malas pasadas en el último tiempo. Primero fue un cáncer que logró superar con mucho esfuerzo, y luego problemas en la vista y en su pierna derecha, que lo obligaron a usar un bastón y espaciar sus actuaciones hasta prácticamente reducir su cantidad a un puñado por año.
Mirá la entrevista de Facundo Cabral en Tiempo Argentino