MONTEVIDEO.- Otra vez la 18 de Julio se tiñó de celeste. Asomaba un festejo inocente, de gente que no integra una "barra" de un club, que no sabe entonar completo un canto futbolero. No eran los típicos hinchas del fútbol que salen a festejar con una victoria disfrutable. Eran jóvenes, niños, mujeres, adolescentes, que llevaban emocionados la bandera uruguaya, que reían, gritaban "soy celeste" sin mucha coordinación coral, que saltaban, se abrazaban, sonreían a las cámaras. El mediodía uruguayo fue una explosión de felicidad rara.
Los uruguayos admiten que en el fútbol cuando logran una victoria es sufrida y quizá por eso más celebrada, pero que cada partido se termina con los dientes apretados y una sensación mezcla de alegría y angustia. Pero este Mundial 2010 ha cambiado las cosas y Uruguay termina con otro aire.
La ciudad toda, los barrios de la capital del país y en cada rincón de Uruguay, se convirtieron en una fiesta colectiva especial, luego que el seleccionado local le ganara 1 a 0 a México y clasificara a segunda fase. Ya no quedan camisetas celestes en las tiendas que las vendían, en medio de una fiebre futbolera como hace mucho tiempo no se veía.
Uruguay terminó liderando su serie, invicto y sin goles en contra. Antes del Mundial, las aspiraciones eran clasificar pero sin muchas pretensiones. Luego de haber logrado un cuarto puesto en México ´70, Uruguay no tuvo muchas alegrías mundialistas, quedó eliminado en cinco oportunidades y en los otros pasó como mejor tercero de cuatro o se volvió a casa en la primera vuelta.
Los uruguayos renovaron expectativas de triunfo y la ciudad quedó embanderada como nunca se vio. Automóviles y balcones lucen la bandera azul y blanco con el sol en su ángulo superior izquierdo.
"Lo que más vendemos son las chiquitas para los autos, pero ahora sale todo, todo, nadie se quiere quedar sin bandera", comentaba ayer Julián un hombre del interior del país que atendía un puesto informal de ventas en la avenida 18 de Julio.
Los centros de estudios hicieron horarios especiales, corrieron horas de clase, instalaron televisores y vivieron jornada especial. En las escuelas, los niños se pintaban la cara con la bandera uruguaya y coreaban viejas canciones murgueras sobre triunfos charrúas de otrora.
Las oficinas públicas permitieron que los funcionarios llevaran televisores para ver el partido y a la hora del encuentro no fue necesario atender usuarios. En los casos en que no había aparatos de TV, se distribuía un link de Internet para una red interna que permitía ver el partido en directo.
También las empresas privadas acomodaron su funcionamiento al partido. Otras dispusieron cerrar la atención al público para prevenirse de posibles robos.
Los bares y restaurantes ya tienen preparativos para cada partido porque se llenan de público para la transmisión y muchos uruguayos quieren cumplir con la cábala de quedarse siempre en el mismo lugar.
Los fabricantes de banderas trabajan con toda su capacidad, porque el sábado Uruguay juega con Corea del Sur para avanzar en el Mundial y ya se sabe que el país estará parado toda la mañana, pero que ese día amanecerá más celeste que nunca y que los balcones quedarán tapizados de azul, blanco y sol.
(*) Información provista por Canchallena.com
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