Italia en su laberinto

Entre carencias y contratiempos, la azzurra no cautiva, pero subestimarla es el peor consejo. A pesar de todo, sigue funcionando con mentalidad ganadora.

Gianluigi Buffon, arquero titular y figura central en el santoral del calcio por lo hecho en la obtención del Mundial 2006, depende de un milagro de la medicina para curarse de una lesión en la espalda y reaparecer, en el mejor de los casos, en las semifinales o final. 

Su reemplazante, Federico Marchetti, acaba de cumplir una discreta temporada en Cagliari, buena parte de su carrera transcurrió en el ascenso, y lo más interesante que encontró la prensa para contar de él es su condición de superviviente de un accidente de tránsito de hace cinco años, en el que murieron dos compañeros, y que de niño era delantero y un día de lluvia pasó a ocupar el arco para no abandonarlo más ("me enamoré del puesto", dijo este guardavalla de 27 años). Eso sí: jugó el segundo tiempo en el 1 a 1 contra Paraguay y no la embarró: no recibió goles. Mientras se somete a un tratamiento especial, que requirió la aprobación de la Comisión Médica de la FIFA, Buffon no se resigna a ser un lesionado irrecuperable durante el Mundial: "Quiero estar en la final". 

Acabada la época de Totti y Del Piero en la azzurra, la cuota de talento futbolístico y sabiduría se concentra en Andrea Pirlo, el volante de aire melancólico y mirada ausente. Pero el jugador de Milan (de 31 años) todavía se recupera de algunos achaques físicos y sólo se lo espera para el tercer partido, frente a Eslovaquia. A su sustituto, Riccardo Montolivo, se le reconocen cualidades técnicas, pero en Italia se lo cuestiona por falta de personalidad. Y es sabido que en el calcio se pueden disculpar otras carencias y defectos, pero no hay tolerancia con la falta de temperamento y flojera de actitud. 

El panorama en el ataque no es mucho más alentador. En los últimos seis partidos (cinco fueron amistosos de preparación), Italia hizo apenas cuatro goles, y uno solo llevó la autoría de un delantero (Fabio Quagliarella). La sequía es tan acentuada que ni siquiera en las prácticas se revierte. Alarmado, el director técnico Marcello Lippi gritó a los cuatro vientos en una de los últimos entrenamientos: "Si no patean al arco, nunca vamos a hacer goles". Por si todo esto fuera poco, hay coincidencia en señalar que el nivel del plantel no supera el calificativo de discreto, que está pasado en años y que algunos veteranos (Cannavaro, Zambrotta, Gattuso, Camoranesi) ya dieron lo mejor y cumplieron un ciclo. 

Lo que está por verse es si todos estos percances a Italia la debilitan o la hacen más peligrosa. El mayor error que se puede cometer es subestimarla, suponer que será fácil víctima de sus limitaciones y problemas. Italia es especialista para motivarse en la adversidad. A Alemania llegó envuelta en el tsunami del calciopoli, el mayor escándalo de corrupción en la historia de la Liga, y se fue con la Copa del Mundo en las valijas. 

Basta que la consideren una presa accesible para que Italia muestre los colmillos y se ponga inabordable. Ayer, en la conferencia de prensa que ofreció, el mediocampista Daniele De Rossi, autor del empate frente a Paraguay, le restó trascendencia a la falta del gol del equipo: "Que nadie se olvide de que el último Mundial lo ganamos sin tener un Paolo Rossi [goleador en España 82], y nadie se quejó". Para enfrentar mañana a Nueva Zelanda, en la delantera ingresaría Antonio Di Natale, cannoniere de la última Liga, con 29 goles para Udinese. Y también sería titular el argentino nacionalizado Mauro Camoranesi, que dio otro empuje cuando entró frente a Paraguay. 

De Rossi recurrió a una figura para graficar lo ineludible de un triunfo ante Nueva Zelanda: "Si ocurre lo contrario, sería como que Italia les ganara a los All Blacks en rugby". Después queda Eslovaquia. 

Aunque su fútbol sea escaso, se le noten las arrugas y la condición física general diste de ser la óptima, Italia sigue funcionando con mentalidad ganadora. Así lo reflejó De Rossi: "No llegar a las semifinales sería un fracaso". En camino a la definición, la azzurra, si termina primera en su grupo, tendría como principales amenazas a España en cuartos de final y a la Argentina en semifinales. 

Por ahora, estas predicciones están lejos de hacerse realidad. De Rossi reconoció: "Nos falta un poquito de todo, de malicia cuando tenemos la pelota. El fútbol es una cuestión de actitud, no de planteos tácticos expresados en números". 

Un periodista italiano le preguntó a De Rossi si la nazionale estaba en condiciones de darles una alegría a unos tifosi que están preocupados por la crisis económica y política de Italia. El volante fue diplomático, pero sabe que el mejor favor que el seleccionado le puede hacer al liberal Silvio Berlusconi es llevar a la práctica el apotegma del filósofo comunista italiano Antonio Gramsci: "Hay que contrarrestar el pesimismo de la razón con el optimismo de la voluntad".

El calcio sabe mucho de eso.

*Información provista por canchallena.com 
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