El ex gobernador escribió un libro de 500 páginas enfocado en los conflictos que asumió su gestión. A lo largo de sus páginas, da su visión sobre espinosos temas como la transferencia de la Caja de Jubilaciones, la muerte de Sebastián Bordón y la Reforma Policial, la caída del Banco de Mendoza, las privatizaciones... Una invitación al debate sobre la historia reciente de Mendoza.
Partamos de una base: todos buscamos ser aprobados. Y más aún si cuando aquello que hacemos cobra tal relevancia que su luz –o su sombra– es también luz o sombra para aquellos que nos aman. ¿Cómo no buscar aprobación social, si resultar aceptado es la carta credencial que justifica que nuestro paso por tiempos y lugares no fue en vano?
Desde este lugar, nos preguntamos: ¿Qué dirá la historia acerca de nosotros, si es que tuviere algo que decir? Algo está claro: la mejor gambeta de la historia y de la religión para no ser especialmente discutidas es el hecho de que hablan, con distancia retórica e impersonalidad, del pasado posible.
El presente, en cambio, en naturalmente apasionado, plural, superficial. Por eso, en general, son tan desfachatados en sus procederes los periodistas, los empresarios y los políticos: porque piensan más en la supervivencia que en la posteridad.
Siempre que hagamos algo, aparecerá algún impertinente para vociferar desde un sillón que no hemos hecho lo correcto. Bastará que algún iluminado invente la vacuna que cura el cáncer o el sida, para que un desaforado se queje por semejante hallazgo atentatorio contra las manifestaciones divinas.
Es difícil hacer: no importa cuán prístina haya sido la trayectoria de tu obra, siempre habrá alguien dispuesto a destruirla.
Un libro sobre conflictos
Hecha la aclaración, asumamos ahora, con culpa, ese vuelo de superficie que caracteriza al periodismo: Arturo Lafalla ha escrito el libro “Utopía y Realidad” y, a bordo de lo que hizo y dejó de hacer durante su vida pública, ahora ofrece su análisis de 500 páginas y tal ejercicio resulta saludable.
Lafalla tuvo un rol protagónico en la reciente historia de Mendoza. Fue, nada menos, vicegobernador de Mendoza de 1987 a 1991; diputado nacional de 1993 a 1995 y gobernador de Mendoza, de 1995 a 1999.
Eran aquellos los infames años del menemismo (Lafalla lo sabe) y sus consecuencias dañinas siguen a la vista, por supuesto. Integró, además, aquel célebre “equipo de los mendocinos”, que se encargó de diseminar e instalar la idea de que los mendocinos éramos fantásticos.
Ahora bien, uno puede estar no de acuerdo con la gestión del justicialista al frente de la provincia de Mendoza, pero nadie puede dudar que hizo lo suyo y se ocupó de tomar decisiones. Pues de esto mismo se trata el libro de marras: concretamente, Arturo Lafalla escribió un libro sobre los mayores ejes y conflictos que enfrentó su gestión: la caída del Banco de Mendoza, la transferencia de la caja jubilatoria, las privatizaciones, el dique Potrerillos, el caso Sebastián Bordón, la Reforma Policial.
Y lo hace, además, con una lectura política y crítica, de modo que incita al debate. Y lo hace, además, con buena gimnasia de la discreción, pues tiene la elegancia de no enumerar los logros de su gestión, que los hubo, por supuesto.
Construir ciudadanía
“Utopía y Realidad, Testimonio de un gobernador (1995-1999)”, cuenta con un prólogo del actual comentarista político y ex funcionario justicialista Carlos La Rosa y ha sido editado por EDIUNC, de la UNCuyo.
Se trata, en el fondo, de contar una historia, la historia en este caso de esos años mendocinos bajo la visión, la opinión, la valoración de quien fue nuestro gobernador. Es, entonces, un relato documentado, escrito por un hombre con ganas de decir lo suyo.
Mucho de lo que entonces ocurrió tiene una altísima incidencia en la Mendoza de hoy: entre aquella caída de los bancos y esta actual falta de financiamiento hay un puente directo; entre aquella fuerza policial en manos de civiles y ésta en manos de policías también lo hay; entre aquella Caja transferida y la actual relación de dependencia de la Provincia con la Nación lo hay; entre aquellos grupos empresariales de presión y éstos lo hay. Aquellos protagonistas y estos son, básicamente, los mismos.
Una lectura más de fondo, y conociendo al autor del libro, tiene que ver con lo expuesto en el título: lo que Arturo Lafalla soñó hacer con su gobernación (Utopía) y lo que efectivamente hizo (Realidad).
En esto reside, básicamente, el ejercicio político.
Y la lectura de este libro deja clara constancia de ello, especialmente cuando el poder político tiene que cruzarse y dar cuenta de resultados, por caso, con el poder empresarial o el poder policial.
El resultado de esos cruces, a fin de cuentas, termina determinando la memoria de una gestión. Sin embargo, aquí no termina la cosa, porque luego vienen las lecturas de los hechos.
Arturo Lafalla, con su libro, quiso hacer la suya, con mayor profundidad a la habitual –y muchas veces interesada– de los medios de comunicación. “Utopía y Realidad” está disponible para su lectura y debate, dos buenas formas para seguir construyendo ciudadanía.
Volviendo al comienzo: todos buscamos ser aprobados. Y la mayor aprobación proviene de nosotros mismos.
En eso ha de andar Arturo Lafalla por estos días, con su libro bajo el brazo.