Hace un año su figura acaparaba buena parte de la escena política. Transcurría el último tramo de la campaña previa a las elecciones legislativas. La posibilidad de vencer a Néstor Kirchner parecía una quimera. Omnipresente en los medios, sus recorridas proselitistas se mezclaban con su polémica vinculación con la causa por la ruta de la efedrina y con los avatares de su imitador en el programa de Tinelli. Francisco de Narváez era en una presencia cotidiana, a veces hasta el hartazgo.
¿Dónde está De Narváez? ¿Cómo pasa sus horas el hombre cuyo rostro, en forma de afiche, invadía la ciudad y la provincia y repartía su tiempo entre los compromisos proselitistas, los discursos y la TV?
Casi doce meses después del pírrico triunfo, el diputado cambió las luces de las cámaras y el maquillaje de los estudios de televisión por lo que llama "la construcción política silenciosa". Sus aliados de entonces ya no son sus aliados. No quiere que lo asocien con Unión Pro, el partido que lo alió con Mauricio Macri y con el que venció a Kirchner. Su relación con Felipe Solá es sólo correcta. Prefiere que lo identifiquen con Celeste y Blanco, su agrupación de origen. Tampoco quiere hablar de candidaturas, ni hacer público si finalmente va a pelear por la gobernación bonaerense o si, fallo de la Corte Suprema mediante, intentará suceder a Cristina Kirchner. Sin embargo, ya recorre el camino hacia ese segundo objetivo.
Con el diputado nacional y abogado Gustavo Ferrari a la cabeza, los colaboradores de De Narváez trabajan en el escrito que prevén presentar ante la jueza electoral María Servini de Cubría para que la magistrada evalúe sus chances de competir por la presidencia pese a haber nacido en Colombia y a ser hijo de extranjeros. Aspiran a que la Corte Suprema de la Nación haga propio el criterio por el que el máximo tribunal bonaerense aceptó una eventual postulación de De Narváez pese a las condiciones que impone la Constitución. Ayer, el diputado deslizó que el pedido podría formalizarse durante el segundo semestre de este año. "Vamos a hacerlo cuando las condiciones sean las mejores", resumen en su entorno. Más allá de la candidatura que termine asumiendo, el objetivo del ex dueño de Casa Tía está claro: llegar a las elecciones de 2011 listo para volver alzarse con un triunfo.
Operativo seducción. En ese camino, la tarea de estrechar vínculos con los intendentes de la provincia es fundamental. En el último mes, De Narváez visitó Mar del Plata, Balcarce, Bahía Blanca, Florencio Varela y La Plata, Tandil y Vicente López. En la capital provincial ya puso pie firme: inauguró un local partidario y bendijo la candidatura a intendente de Gonzalo Atanasof, hijo de Alfredo Atanasof y diputado bonaerense de Unión Pro. El ex jefe de Gabinete de Duhalde es uno de los hombres del Peronismo Federal con quien conversa seguido. Es común verlos hablar por lo bajo en el recinto de la Cámara de Diputados, donde se sientan a pocas bancas de distancia.
De Narváez busca explotar el hartazgo que crece entre los intendentes. Sin exponerlos a lo que llama "la dictadura de la billetera", espera ser el elegido cuando los hombres fuertes del conurbano y del interior provincial pongan fin a su alianza con Kirchner. Antes, claro, habrá que ver qué hará el santacruceño respecto de su futuro. También en este ámbito el manejo de los tiempos es clave. "Hay que trabajar con paciencia, esperarlos", resumen cerca del diputado. Por lo pronto, De Narváez ya tiene decidido participar de la interna del PJ, siempre y cuando "se den las condiciones mínimas de seriedad y transparencia", definen en su entorno.
Las recorridas, que combinan reuniones con hombres de poder y caminatas por lugares céntricos con "gente común" son prolijamente difundidas por su equipo de prensa. Las fotos muestran a De Narváez en situaciones cotidianas: comprando golosinas en un quiosco, dándole la mano a un joven en un taller mecánico o mirando modelos de la camiseta de la selección en un puesto callejero. En todas las imágenes aparece con uno de esos buzos grises con cierre que fueron cábala en la última campaña.
Nombres. En esas incursiones lo acompaña un elenco casi estable: la diputada Natalia Gambaro; el presidente del bloque de senadores provinciales de Unión Pro, Alfredo Meckievi, y el dirigente porteño José "Pepe" Scioli, hermano de Daniel y hasta el año pasado funcionario de la provincia. No es el único hombre de la administración del ex motonauta que se pasó de bando. También Emilio Monzó, ex ministro de Asuntos Agrarios de la provincia, forma parte de sus equipos. Otros integrantes de esa suerte de "gabinete en las sombras" son el economista Ricardo Delgado; el periodista Diego Valenzuela y el legislador porteño Daniel Amoroso, que ayer formalizó su pase de las filas del macrismo a las de De Narváez y Nicolás Ducoté, ex director general del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).
Con el mismo espíritu, De Narváez recorrerá el interior. Ya estuvo en Salta, Chubut, La Rioja y Catamarca, donde se entrevistó con los gobernadores Juan Manuel Urtubey, Mario Das Neves, Luis Beder Herrera y Eduardo Brizuela del Moral, respectivamente. Las visitas seguirán en los próximos meses, aunque una vez pasado el Mundial.
Después de sus viajes a España, donde estuvo con José Aznar, Felipe González y con el líder de la central obrera local (UGT), Cándido Méndez, y a Brasil, donde se reunió con Fernando Henrique Cardoso, ya decidió que la próxima escala de su agenda internacional será Washington, aunque la fecha del viaje no está aún definida.
Adentro. De Narváez quisiera sentarse a una mesa con el resto de los hombres del PJ no kirchnerista que tienen aspiraciones con fecha de vencimiento en 2011. "Tenemos que poder deponer las ambiciones personales para poder hablar de política", afirma. Sabe, sin embargo, que la premisa no es más que una ilusión. En el banquete imaginario sobresalen dos comensales: Eduardo Duhalde y Carlos Reutemann. A la hora de poner blanco sobre negro, no cree que el bonaerense represente competencia real. La imagen negativa del ex presidente lo dejaría rápidamente fuera de carrera, afirman cerca de De Narváez. Con Reutemann, comparte la convicción de que, por ahora, no hay que hablar de candidaturas, aunque espera que no tarde demasiado en definirse.
Mientras tanto, su energía está concentrada en seguir "haciendo política silenciosa" y en mostrarse, aunque lo menos posible, como "un hombre común". En sus oficinas de Las Cañitas un ineludible contador con números rojos marca en días, horas y minutos la cuenta regresiva hacia el 10 de diciembre de 2011. La palabra "candidatura" seguirá estando prohibida, aunque sea la que rige todos y cada uno de sus movimientos.
Francisco De Narvaez: ambición de poder intacta
Sin definir si peleará por la presidencia o la gobernación, combina contactos con intendentes y mandatarios provinciales con viajes al exterior; la estrategia judicial y la relación con sus rivales.