Mirador Gourmet

Gastronomía internacional en Sheraton Mendoza. La propuesta de la nueva temporada en la elegancia del ambiente cinco estrellas y a partir de la experiencia de una experta en gastronomía y vinos.

Restaurante
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Por Mariana Di Leo

Obtener una experiencia de primera mano espontánea, genuina, novedosa, donde todo funciona según un nivel y estándar programados, es un desafío. Lugar común de los hoteles que ostentan las flamantes “cinco estrellas”. Allí donde reinan el protocolo y los buenos modales, donde nada debiera escapar al modelo, afortunadamente en la opinión de quien les escribe, se cuelan aspectos positivos y de los otros. En mi última aventura gastronómica me dirigí a cenar a El Mirador, el restaurante gourmet del hotel Sheraton.

Ubicado en el piso 17, el Mirador es el restaurante más alto de la ciudad. Se trata de la última planta del edificio que invita a moverse con soltura y  libertad en un salón comedor amplio y espacioso, todo alfombrado, con dos gruesas columnas de acero que lo atraviesan en el centro y la exquisitez de algunos de los cuadros de colección que posee el hotel. Sin embargo, donde todo parece estar signado por la pulcritud y el racionalismo a ultranza, como contra partida, una maravillosa vista panorámica de Mendoza aparece tras el frente vidriado del salón y deja ver una ciudad viva con su imponente cordillera de fondo.

Por la noche, cuando el restaurante mira a la ciudad esta parece guiñarle con sus infinitos ojos titilantes desde cada rincón donde muestra sus formas menos perfectas, prolijas y pulcras.  Es en ese momento donde la realidad del piso 17 cobra un significado rotundo e invita a viajar a través de los sentidos.

La propuesta de El Mirador está integrada por platos propios de diversas culturas con distintivo toque de autor.

Atmósfera elegante, las luces a media intensidad coquetean con los brillos del mármol de las mesas altas mientras las más petizas y sus holgados butacones invitan a disfrutar de la vista por su cercanía al ventanal. En el centro una pareja conversa absorta en su mundo, más allá un viajero solitario despliega su “laptop” tras el último sorbo de café. Una camarera de paso imperceptible se acerca a saludarnos con carta en mano. Una primera leída ágil y sin pausa permite notar que el menú está de estreno y que sus protagonistas son los nuevos productos de estación.

En la carta prima el gusto internacional. Al frente de este restaurante, de Las Acequias y Debas, otros dos espacios que completan la apuesta gastronómica del hotel, se encuentra Mauro Pellegrino, el chef ejecutivo, un apasionado de la cuisine quien luego de haber finalizado su carrera de gastronomía en Buenos Aires, trabajó en el Sheraton de Retiro.

La propuesta de El Mirador está integrada por platos propios de diversas culturas con un distintivo toque de autor. De esta manera se puede paladear una típica tapa andaluza o unas italianísimas pastas al dente, descubrir las trillas españolas y reconocer la “argentinidad al plato” en un fillet de lomo con salsa malbec.

Entre los appetizers sugiero en primer lugar el “Timbal de mollejas sobre pan tostado y reducción de oporto” ($44). Esa joya de ternera o cordero joven que desaparece con la edad, se presenta en esta ocasión, como una brusquetta acompañada por un mix de verdes y el toque dulzón del vino fortificado. Sumamente apetitosa!
 
Le siguen los “Conchigliones rellenos” ($42) pasta fría rellena con jamón de parma y alcaparras acompañada por una suave mayonesa de mostaza Dijon. Un gustoso juego de texturas y sabores.

Las entradas y los platos en general están presentados a la manera de la nouvelle cuisine muy atractivos y artísticos.
 
Conviven en el menú, platos de sello “Sheraton” delicados y de exquisitez como “codorniz rellena con hongos portobellos” ($65) junto a otros de temperamento criollo y visceral como los generosos medallones de “Filete de Lomo de Ternera al Malbec” ($58), con salsa de ligero toque agridulce que cubre la carne de un punto exacto de cocción.

Otro destacado es el “Atún rojo marinado en especias de la india” ($ 63) el lomo tierno y carnoso de este pez va acompañado de puré de manteca y reducción de cervezas rubia y negra que en el paladar se aprecia como una miel.

Por último, con una perfecta estética en la presentación, la “Tentación de chocolates y mango” ($24) a semejanza de un “damero”, el pasatiempo que paradójicamente impide el paso del tiempo entre bocados de fundente chocolate negro y mango. Dulce y muy estético en su presentación.

Las entradas y los platos en general están presentados a la manera de la nouvelle cuisine muy atractivos y artísticos.

En general prevalece la buena calidad y cantidad en los platos aunque los precios se escapan quizás por guardar más relación con las estrellas del hotel.

La carta de vinos está muy bien provista con un listado de ejemplares presentados por variedad provenientes de una cava exclusiva.

El servicio es cortés y amable aunque, quizás por seguir el protocolo a raja tabla, se pierde agilidad y los platos se demoran. Nada mejor como paliativo a esta situación que el trato cálido y amable del joven personal del lugar.