Entre Leonardo Astrada y Daniel Passarella hay una relación aceitada de más de dos décadas. El vínculo surgió en una etapa clave en la vida de ambos, ya que el Kaiser dejaba los cortos para comenzar su carrera como entrenador y el Negro asomaba en las inferiores de River como uno de los más interesantes proyectos de juvenil. No fue sencilla la toma de decisión del flamante entrenador por abrirle camino a un jovencísimo volante central, a quien subió al plantel profesional junto a otra promesa de mediocampista todo terreno, como lo era Gustavo Zapata.
La apuesta le salió demasiado bien al novato director técnico, quien tenía mucho por perder en cuanto a imagen ganadora si es que su paso como conductor de planteles derivaba en un resultado negativo.
El binomio Astrada-Zapata revolucionó la mirada sobre cómo mirar el fútbol en el sector medio de la cancha. Cuando hoy se habla de "doble cinco", ese River de principios de los '90 ya lo hacía con los dos dinámicos volantes. Fue tal el impacto que hasta el periodismo especializado en deportes tuvo que rendirse ante las evidencias. Víctor Hugo Morales los denominó "pacman", en alusión al video juego que por entonces hacía furor en la juventud. El nuevo sistema táctico obligaba a dividirse el ancho del terreno en porcentajes similares - esto es treinta y cinco metros para cada uno, en vez de un solo cinco para cubrir setenta - y se reforzaba con dos laterales volantes que hicieran el ida y vuelta por las bandas.
Costó tomarle la mano a un River poderoso en cuanto a nombres, pero también adelantado en cuanto a innovaciones tácticas. Sólo dos entrenadores de altísima concepción de juego táctico estuvieron a la altura de Passarella en aquellos años: uno venía desde Francia y era una incógnita; el otro, surgía desde las divisiones inferiores de un club, sin paso previo por la primera división. Eran Carlos Bianchi y Marcelo Bielsa, quienes demostraron su notable capacidad de innovadores en Vélez y en Newell´s. Junto a Daniel, fueron los tres técnicos dominadores de la década.
Passarella tenía en claro la misión clave de un mediocampista central, ya que en su inicio de carrera como futbolista en River supo qué significaba tener a Reinaldo Merlo, primero, y a Américo Gallego, después, delante de su posición como marcador central. Tanto Mostaza como el Tolo se convirtieron en especialistas para hacer los relevos cuando el Gran Capitán cortaba en posición de cuevero y comenzaba el ataque de su equipo a cinco o diez metros de su propia área; Daniel recorría treinta o cuarenta metros con la pelota en línea recta, abriendo camino y llegando hasta posición de tiro o de pase filtrado. Lo supo aprovechar Ángel Labruna desde mediados de los '70 y el ojo avizor del Flaco Menotti lo potenció en la Selección, en el período '76-'82.
Cuando Passarella confió en Astrada, a pesar de su corta edad, lo hizo convencido de que Leo iba a manejar la pausa para la distribución de juego, hecho que permitía que el resto del equipo se reagrupara en dos o tres segundos a partir de la línea de la pelota, por detrás o por delante, tanto en defensa como en ataque
Hoy día, el Negro está a la búsqueda de quien cumpla esa función dentro de este River. No le resulta fácil porque, en definitiva, los ejecutantes tienen características diferentes. Tanto Matías Almeyda como Oscar Ahumada se sienten más cómodos en el corte que en el control de balón y la posterior habilitación. Su equipo, en consecuencias, es repetitivo cuando sale armado desde su campo, porque el pase de sus dos volantes centrales es paralelo o termina en un pelotazo a dividir, y ésto le quita sorpresa en el instante en el que hay que tomar la decisión de cómo encarar la llegada al área rival.
No es ocioso que, a lo largo de esta semana, Astrada haya demostrado tanta preocupación en cómo evitar que Riquelme gire y arme, porque sabe que si Román encuentra el espacio libre por detrás del doble cinco visitante se potenciará el peligro de terminar la acción ofensiva dentro del área.
Un cinco con sentido de la ubicación haría dos movimientos simultáneos en un segundo: cortar y distribuir rápido, con un alto porcentaje de precisión. Pero ese volante cental completo ya está archivado y desde hace tiempo dá indicaciones detrás de la línea de cal. Cómo suplir esa función es la clave para llegar a la Bombonera con sensación de victoria.
En River: la clave de Astrada para ganar
. El vínculo entre Pasarella y Astrada surgió en una etapa clave en la vida de ambos, ya que el Kaiser dejaba los cortos para comenzar su carrera como entrenador y el Negro asomaba en las inferiores de River como uno de los más interesantes proyectos de juvenil. Cuando Passarella confió en Astrada, a pesar de su corta edad, lo hizo convencido de que Leo iba a manejar la pausa para la distribución de juego, hecho que permitía que el resto del equipo se reagrupara en segundos a partir de la línea de la pelota, tanto en defensa como en ataque.