Como si todo estuviese listo para empezar con sólo apretar la tecla “enter”, cada vez que la realidad nos cachetea con algún nuevo fracaso del aparato del Estado en su rol de contralor o prestador de servicios fundamentales, algún funcionario anuncia, pomposamente, que “a partir de ahora todo cambiará para mejor”.
No es una costumbre nueva, pero se ha tornado más evidente. El recurso de mostrarse “listo para cambiar la realidad de inmediato” puede servir una o dos veces para impactar a la opinión pública. Pero cuando el recurso es sobreutilizado, deja al descubierto la verdad: nada funcionaba bien, nadie se hacía cargo del problema, ninguna idea se había descolgado antes de que el escándalo forzara a un par de reuniones capaces de parir el “a partir de ahora” del momento.
Gobernar es una tarea compleja, difícil y para peor, muchas veces menospreciada e incomprendida. Cuesta mostrar lo que se está haciendo bien y eso ocurre, sencillamente, porque está bien que todo funcione bien: no debiera ser la excepción destacable.
Cuando algo evidentemente no funciona y la gente, los medios, la oposición política o quien fuere lo destacan con fuerza, es porque el responsable no supo, quiso o pudo echar a andar la maquinaria a su cargo.
Lo común en muchas democracias –aun en las nuestras, las latinoamericanas, de “bajo octanaje”- es relevar de esa tarea a quien ya demostró que no puede: no tiene fuerzas, ganas, capacidades; no sirve; hay que remplazarlo.
Pero eso no es tan común por estas tierras porque se ha descubierto la forma de empezar de nuevo, cual Ave Fénix, en medio del incendio público: basta un atril, un micrófono, un grupo de funcionarios de diversas áreas (muchas, diferentes: así es mejor) acompañando y una frase: “A partir de ahora…”.
Así, pasó que cuando no se pudo cumplir con la promesa preelectoral de bajar el 30 por ciento el índice delictivo de la provincia en los primeros 6 meses de Gobierno, la respuesta tardó, pero llegó. Hubo varios “a partir de ahora para pedir disculpas por el no cumplimiento”. Fueron:
1- “a partir de ahora, sistematizaremos las estadísticas del delito”;
2- “a partir de ahora las decisiones en materia de seguridad las tomará un Consejo Social”;
3- “a partir de ahora ofreceremos recompensa por quien de información certera sobre los autores del delito…”; y
4- “a partir de ahora, castraremos químicamente a los violadores”.
Los publicistas dieron cuenta que atinaron mostrándose ejecutivos y reflexivos y decidieron, indudablemente, que reaccionar repetitivamente de esta manera resultaría productivo.
Entonces, cuando quedó en evidencia la desatención en los centros de salud, que originaron muertes escandalosas, se supo cuál tenía que ser la respuesta de alto impacto: “A partir de ahora, saldremos a recorrer uno por uno los centros de salud”. El ministro lo hizo. Se difundieron un par de fotos y después, las imágenes lo mostraban en Europa, en donde –al ser nuevamente criticado, le dijo a una entrevistadora de radio: “Mire, a partir de ahora tendré el celular abierto durante las 24 horas…”.
Seguramente hubo muchos casos más de “a-partires-de-ahora”, unos más difundidos que otros. Pero el último fue revelador de todos los anteriores.
Tal vez el más aplaudido y a la vez ridículo de la historia reciente del país, fue pronunciado por Adolfo Rodríguez Saá al asumir interinamente la presidencia de la República y anunciar que la Argentina no pagaría la deuda externa. “A partir de ahora…”, dijo, y tras ser ovacionado de pie por nuestros parlamentarios le quedaron escasos seis días de gestión. “A partir…” del séptimo, Rodríguez Saá, sus ideas locas y la institucionalidad del país se fueron a la basura una vez más como producto de la improvisación.
Lo mismo había pasado con el “a partir de ahora” del “blindaje” de Fernando de la Rúa; con el “a partir de ahora…el que depositó dólares recibirá dólares…y pesos los que depositaron esa moneda”.
Otras interpretaciones ofrecidas a la triste frase es la que pretende refundar algo demoliendo los antecedentes ya existentes: “a partir de ahora la Argentina tiene una política de Derechos Humanos”, se dijo hace poco y se despreció la histórica y titánica tarea del Juicio a las Juntas, de la Conadep y de tanta gente que se la jugó en medio de una democracia en pañales, para construir una justicia democrática y, sobre todo, justa.
El último y menduco grito de la moda retórica
“A partir de ahora, registraremos cada nacimiento coordinadamente”, dijo el funcionario, esta vez, pero el tema es lo suficientemente delicado como para detenernos ante de aplaudir: estaba reaccionando a la denuncia de una heroína: la empleada del registro civil del Hospital Lagomaggiore que avisó, decidida y solitariamente, que allí entregaban panfletos ofreciendo comprar bebés “indeseados” a adolescentes que acudían a la maternidad.
Este “a partir de ahora” demostró que, en realidad, “hasta ahora”, el Estado había abandonado su rol en un tema tan caro como es la identidad.
“A partir de ahora”, entonces, habrá que estar mucho más atentos de las reacciones extemporáneas porque, a todas luces, desnudan todo lo que no se hizo antes.
Las improvisaciones y los "a partir de ahora"
¿Cuántas veces hemos escuchado la frase como respuesta al estallido de un tema alo que no se le estaba dando solución? "A partir de ahora..." ha sido la respuesta a flor de piel de varios gobiernos locales y nacionales. Pero un último caso resulta revelador por la crudeza del caso y la simpleza de la respuesta que antecedió a un silencio sobre el tema.