Bastó el gesto de la actriz ultra K Florencia Peña en el interior de la Casa Rosada, cuando trató de hipócritas a un grupo de dirigentes radicales a los que cruzó en un pasillo, y los insultos que esos mismo dirigentes recibieron afuera, para entender que Julio Cobos hizo bien en no venir a despedir al ex presidente Kirchner, el autor del plan por el que el entonces gobernador mendocino terminó en la fórmula junto a Cristina Fernández.
Mal día para salir a la calle en la Ciudad de Buenos Aires si uno se llama Cobos. Es que el kirchnerismo movilizó todo su aparato, que es muy fuerte, hacia la Casa Rosada. A esta hora de la noche, la Belgrano, 9 de Julio, son un muestrario de colectivos que trasladaron a miles de miembros de organizaciones sociales, piqueteros, barriales, más la movilización propia que aportan el PJ y los gremios de la CGT, con los camioneros de Hugo Moyano a la cabeza. Hubo poca presencia espontánea de acuerdo a lo que se vio durante todo el día. Y todos los movimientos del núcleo del poder tendieron a aislar tanto a Cobos como a Eduardo Duhalde, el otro excluido. A ambos les dijeron que era mejor que no estuviesen. No iban a ser bienvenidos. Los contactos fueron claros en ambos casos. Les pidieron que evitasen “provocaciones”.
El sentimiento en muchos de los dolientes que desfilaron ante el ex presidente muerto era de bronca decidida. La expresaron en gritos, puños cerrados, cantos virulentos y masivos contra Cobos en apretadas columnas rebosantes de militantes. Fueron mayoría. Y se complementaron con los muchos grupos de funcionarios que –ingresando a la fila por Alsina y Balcarce sin hacer la democrática cola- llegaban al Salón de lo Patriotas Latinoamericanos comandados por jefes y directores.
El malhumor kirchnerista en la multitud se notó en los reportajes de los medios oficiales. Estuvimos al lado de dos equipos de la prensa gubernamental. Uno de la agencia TELAM, y otro de la TV pública. Fue por la entrada de Balcarce 50, por donde ingresaría la gente a la capilla ardiente. Elegían muy bien a sus entrevistados, casi todos líderes de los grupos. Ni uno de ellos dejó de referirse a Cobos, o a Clarín, o al campo, o al enemigo difuso de “las corporaciones” o la oligarquía nacional. Entonces, en la enorme movilización a la Casa Rosada hubo más organización que espontaneidad. En eso, la muerte de Kirchner se diferenció de la de Alfonsín, o aun de la de Juan Domingo Perón.
Los radicales “puros” encabezados por Ernesto Sanz y Gerardo Morales recibieron también algunos insultos, además de la diatriba furibunda de Florencia Peña. Lo saben ellos, y lo sabe un senador radical que llegó tarde y decidió entrar solo. Un par de militantes lo reconocieron, y empezó la lluvia de insultos. No pudieron ver a la presidenta. Estuvieron en un rincón junto a Miguel Pichetto, José Pampero, Aníbal Fernández y otros dirigentes peronistas. No volverán mañana a la Casa Rosada. Para ellos, la ceremonia acabó hoy con la breve visita a la capilla ardiente.
A pocas cuadras del centro del dolor y de la militancia (a la mañana una cosa, a la tarde la otra), la ciudad de Buenos Aires latió como siempre. Restaurantes rebosantes de porteños y turistas, cines y teatros abiertos y con gente haciendo fila para ver un espectáculo... Bastó pasar por Avenida Corrientes y Esmeralda para ver cómo el país está dividido entre “unos” y “otros”.
La gente sigue llegando a Plaza de Mayo. En estas primeras horas de la noche, son decididamente mayoría los militantes. Se acuerdan de Cobos un rato más... Hay varios grupos de mendocinos, algunos de ellos comandados por Guillermo Pereyra, otros por Adaro. Todos, con el deseo de dejarle al ex presidente su saludo, su despedida de dientes apretados y ojos duros. ¿Quién más tiene la culpa de la muerte de Néstor Kirchner?
Cerramos este despacho con textos ajenos. En Perfil, informan que Cristina irá por la reelección. Aparentemente, Héctor Timerman se lo dijo a una corresponsal de la CNN. Como bien dijo Jorge Lanata en su brillante editorial sobre la muerte del ex presidente: Mañana, seremos inmortales otra vez.
Una decisión correcta de Cobos: no ir al velatorio
Todos los movimientos del núcleo del poder tendieron a aislar tanto a Cobos como a Eduardo Duhalde, el otro excluido. A ambos les dijeron que era mejor que no estuviesen. No iban a ser bienvenidos. Los contactos fueron claros en ambos casos. Les pidieron que evitasen “provocaciones”.