Amamos tanto a Facebook

¿Qué es esta red social que tiene atadas a centenares de millones de personas en el mundo a una versión del mundo? Los amigos, la soledad, la estupidez, la pornografía, el delito, la intimidad, los talentos, la ausencia, todo pretende caber en este sitio de Internet. Hicimos la prueba, nos registramos y aquí, los resultados.

Mientras elijo una contraseña para registrarme en Facebook, no puedo obviar el hecho de que siempre he despreciado ser parte de cualquier tipo de club por afinidades, ya sean deportivas, poéticas, etílicas, intelectuales o sexuales.

Y no es de ahora: siempre me ha parecido un tanto estúpido integrar algún tipo de comunidad. Ya me pasó durante 14 años que, conduciendo por las calles de Mendoza mi añorado Wolkswagen Escarabajo, me detuvieran algunos tipos ofreciéndome integrarme al “Club de Amigos del Escarabajo”. ¿Cómo es posible querer compartir parte de tu tiempo con un grupo de tipos sólo porque compraron la misma marca de auto que vos? (aún cuando se trate de un auto tan encantador).

Sostengo, en líneas generales, que los intereses afines no tienen por qué determinar el tipo de amigos que uno tiene que tener. De hecho, por suerte, tengo amigos con los que compartimos muy poco nuestros estilos de vida y visiones del mundo, pero a los que amo entrañablemente, tal vez por el hecho de que los conseguí en la adolescencia, esa época de la vida en la que uno está más dispuesto a conquistar el mundo que a verlo por televisión.

Listo. Ya estoy en Facebook.


Te quiero mucho y te conozco poco


Luego de unos minutos. Ya estoy en Facebook y me encuentro con que hay decenas de “amigos” en una lista esperando que los acepte. ¿Qué es esto de “aceptar” a los amigos? Uno no acepta a sus amigos: los tiene y listo y mucho menos anda esperando su amistad. Sigo adelante: acepto e invito a un grupo de personas, la gran mayoría de las cuales no son efectivamente mis amigos.

¿Quiénes son mis amigos? En líneas generales, siempre he considerado que mis amigos son aquellos con los que como asados, subo cerros, me emborracho, canto canciones de Spinetta y me presto firmas y plata a cobrar sin intereses.

No importa, Facebook ha decidido que los llame mis amigos y así será. Me pongo ahora a subir fotos y videos, sin restricciones, para que los vea todo el mundo, porque acá el asunto es compartir aquello que uno supuestamente es o, en todo caso, aquellas cosas mostrables de lo que uno supuestamente es. Así, elijo fotos y videos de la montaña y algunas notas publicadas en el diario: que los vea quien quiera.

Al mismo tiempo, a mi casilla de correo me van llegando, una tras otra, confirmaciones de amistad. Algunas de gente que hace años no veo o que veo una vez al año. Esto es Facebook: una experiencia de la virtualidad que, lentamente lo voy aceptando.


¿Qué es Facebook?


Resulta que Facebook no es otra cosa que un sitio de Internet gratuito y abierto para cualquier persona del planeta. Sólo basta con tener un correo electrónico para participar de estas y otras redes sociales de la web. Una vez dentro de ella, el internauta delimita un perfil y propone y recibe solicitudes para integrar grupos de personas conectadas.

Facebook fue creado por un pibe llamado Mark Zuckerberg, quien, a los veinte años, en 2004, armó esta red para estudiantes de la Universidad de Harvard y hoy cuenta con 250 millones de usuarios en el planeta. Es la más célebre de las redes y está entre los cinco sitios más visitados del orbe. Actualmente, como se señala en Wikipedia, Facebook compite por abrirse espacio entre empresas de éxito como Google y MySpace, por lo que se enfrenta a grandes desafíos para lograr crecer y desarrollarse. Una de las estrategias de Zuckerberg ha sido abrir la plataforma Facebook a otros desarrolladores.

No obstante, tan tremendo impacto en el mundo aún no quita la preocupación “acerca de su posible modelo de negocio, dado que los resultados en publicidad se han revelado como muy pobres”, analiza Wikipedia. El riesgo de que no le vaya bien –como ya le ocurrió a Geocities, a pesar del éxito logrado en la década del ’90, cuando era la tercera página más vista y hoy se vino a pique– está vigente, pues, como se sabe, en Internet, cuando algo deja de concitar interés habitual, muere lisa y llanamente. 

Igualmente, hay que decir que el crecimiento exponencial de la utilización de la red en los últimos años, ha hecho que, por ejemplo, los dueños de Facebook declinaran una oferta de compra por 750 millones de dólares. Hoy, sus dueños consideran que el sitio vale 15.000 millones de dólares. Tal gigantesca cifra surge luego de los últimos acuerdos de sinergia que han trabado con importantes empresas como iTunes Store, Xanga, LiveJournal, BloggerParakey Inc. e incluso una integración con YouTube.

Entre los últimos movimientos financieros de este coloso, en octubre de 2007 la red de redes vendió una parte, el 1,6%, a Microsoft a cambio de $240 millones de dólares, “con la condición de que Facebook se convirtiera en un modelo de negocio para marcas de fábrica en donde se ofrezcan sus productos y servicios, según los datos del usuario y del perfil de éste”.

Este último movimiento puso a Facebook en el rango de los citados 15.000 millones de dólares y una ganancia anual de por lo menos 150 millones de dólares y a Microsoft le brindó un avance estratégico de cuantía en la red.

Un último dato: hace poco, Facebook recibió 27,5 millones de dólares de un fondo de inversión con una relación muy estrecha con la CIA. Esto, lejos de paranoias, tiene una primera lectura evidente: “Jugá a Facebook, enviá y recibí, entregá tus datos, compartí, buscá afinidades, mientras la CIA estará tomando nota de cada uno de tus movimientos”.

Y no sólo la CIA, me cuenta un amigo que, hace poco, fue secuestrado el hijo de un importante empresario, luego de que lo siguieran a través de las muchas pistas que el niño dejaba en Facebook, como números telefónicos, direcciones y rutinas diarias.


Facebook es cultura


También en Internet, hay un valor que atraviesa las modas y pasa a integrar el concepto de la cultura: es el valor simbólico. Esto está ocurriendo con Facebook: ha atravesado los mecanismos que suelen reglar las elecciones individuales y grupales y se ha constituido en un modo de ser y hasta en una forma de conocimiento del mundo.



¿Qué no te gusta?; ¿qué no estás de acuerdo? De acuerdo, yo tampoco, pero esto no impedirá que la dimensión de la virtualidad vaya ganando dimensión en el mundo. Y no es desde ahora: ya en mi infancia, hace décadas atrás, había niños que creían que los pollos no eran animales, sino pedazos de carne dorada que danzaban un monótono spiedo y que la leche no venía de las vacas, sino que simplemente era un líquido blanco que venía en botellas de vidrio de pico ancho.

Hoy, sé de chicos que no se relacionan entre ellos, si antes no lo han hecho en Facebook o en Sónico, que es argentina.

Sé de mujeres que están tan solas que ansían llegar del trabajo al hogar para chatear conquiequieraquesea, como si estuviera allí, frente a ellas, compartiendo una imposible tibieza.

Sé de chicas, prácticamente niñas aún, que se sacan fotos medio desnudas en Boedo para lograr aceptación de pantallas en primera instancia afines, pero que luego terminan decorando books de páginas de prostitución infantil hojeadas en Leningrado, Chiloé o Kioto.

Sé también de gente que ingresa, porque la construcción de su destino le dice a cada rato que en verdad no hay nada mejor que hacer.

Vamos a lo bueno ahora: Facebook puede hacer que se encuentren personas; encontrarse y comunicarse, un verdadero milagro. Facebook puede (podría) ser una maravillosa herramienta para la cultura, si los usuarios se manifiestan como interesados por ella. Facebook puede ser también un primer escalón para un amor real, una amistad real o una soledad real. Facebook también podría ser una fenomenal herramienta de poder social, ciudadano, si sus usuarios lograran ponerse de acuerdo y accionar, por ejemplo, contra la arbitrariedad de alguna megaempresa vampira.

En definitiva, Internet, con Facebook en ella, podría cambiar el mundo. El asunto es que no hay suficiente gente dispuesta a hacer que el mundo, efectivamente, cambie.


Decime algo


Estoy en Facebook: un par de amigos ya me enviaron comentarios y estuve viendo fotos y leyendo estupideces de gente que no conozco. Sin embargo, también me enteré de cosas interesantes: unos chicos bastante talentosos están grabando un disco, otro puñado de amigos va a concretar actuaciones en estos días y hasta hay un par de supuestos enemistados que me han incluido en sus listas.

Lamentablemente, ya no recuerdo el nombre de ninguna de las mujeres que fueron importantes en mi vida. De tal manera, no hay forma de que las rastree y aunque así lo hiciere, ¿con qué objetivo lo haría, si uno de los peores pecados que pueden cometerse es volver sobre un viejo amor para envilecerlo?

¿Y buscar amores nuevos? Pero es que ya tengo un amor a mano, uno de esos que me ennoblecen, que logran negar el tiempo y hasta el insólito milagro de hacerme descansar al menos diez minutos por día. No, gracias, amigos, paso de largo de la novedad del amor.

Hay otra opción: buscar amigos nuevos. No obstante, rápidamente me digo: ¿no tengo acaso suficientes amigos ya? Amigos entrañables que han reído y llorado conmigo y a los que, sin embargo, los tengo bastante descuidados. No, buscar amigos nuevos no será una buena idea.

¿Qué hago, entonces, con Facebook?

Tal vez, utilizarlo como laboratorio de ensayo de mis afanes narcisos, tal vez usarlo como plataforma de algún futuro negocio intelectual, tal vez, simplemente, aplicarlo como anestesia cuando me asalte la absurda pregunta por el absurdo sentido de la vida.

Ya veré.

Mientras todo el mundo parece estar comunicado, lo único que quiero es terminar esta fucking nota e irme a caminar al campo con mi perro, mis recurrentes pensamientos y una mandarina en el bolsillo. Con eso, será suficiente.

- ¿Cómo te va?

- Bien… ¿Y a vos?

- También.

- Ah, qué bueno…

- Sí, qué bueno...


Es al pedo, amigos: don Mark Zuckerberg sabrá mucho de computadoras, pero no sabe de la vida mucho más que mi viejo, que durante toda su vida no fue más que un honorable enfermero.

Facebook, en definitiva, es como un ensayo casi masturbatorio de la paz mundial. Sin embargo, aclaro, pues ya lo estoy notando también, el problema no reside en el poder de la virtualidad invadiendo nuestras vidas, sino, más bien, en el mero hecho de que, en definitiva, no tenemos nada, casi nada que decirnos.