Oposición y gobierno

Foto: NA
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Tal como nace y se desarrolla, y atento a sus argumentos, propuestas, denuncias, convocatoria, encuentros, alianzas, etc., la oposición es, según mi modo de ver, un epifenómeno del peronismo. Transita y aspira a ser sustentada por la misma estructura económico-social cuyo origen y conformación es básicamente peronista.

Conformación de país que se inicia allá por los ´30, que se profundiza e institucionaliza más tarde y que se mantiene hasta nuestros días, sea por los usos, creencias, valores y costumbres de la población, como por la distribución geográfica de los factores económicos y sociales, y las relaciones intersectoriales.

Si bien la oposición se dirige a la ciudadanía con el legítimo fin de conseguir su apoyo electoral, lo hace sin considerar ese sustrato histórico-cultural y sobre la base de la crítica en cuestiones morales o de gestión y no por un proyecto propio y diferente que apunte a un nuevo diseño de país.

Un proyecto que supere al peronismo tendría que ver con una propuesta de cambio. De convencer de la necesidad y conveniencia de un nuevo proyecto de país, de que un nuevo ordenamiento es posible. De lo contrario será un juego electoralista periférico, marginal, de comportamiento similar al de los satélites en el sistema solar.

En ese sentido, quizás, lo más logrado haya ocurrido en los ´90, cuando se pudo haber cambiado la forma estructural del país a partir del propio peronismo pero con una expresión política “desestructurante”, sobre la base de la libertad y de apertura al mundo, aún con sus imprevisiones, efectos no deseados y cuestionamientos éticos.

Otro momento en el que se puso en evidencia un proyecto estructuralmente alternativo
bajo circunstancias no políticas en términos electorales, fue durante el conflicto entre el gobierno y el campo cuando el detonante de la movilización del interior del país fue la resolución 125 que incrementó las retenciones.

Sin embargo, la oposición no sabe, quiere o puede obtener ningún rédito serio que transforme tales experiencias en nuevas propuestas políticas.

Propuestas relacionadas, por ejemplo, con el federalismo, la coparticipación federal, la distribución del ingreso con leyes que regulen y garanticen el funcionamiento de la economía sin estatismo, la revisión de la cuestión del distrito único y elección directa del Presidente, las autonomías provinciales y municipales, la distribución geográfica de los recursos, el ordenamiento interno en sintonía con la inserción internacional, etc.

Observemos lo siguiente: Cuando un gobierno peronista comienza a declinar, generando un estado de malestar, descontento o irritación, se incrementa el potencial de la oposición. Pero a este crecimiento corre paralelo el proceso de reciclado del peronismo que se inicia con las primeras señales de disidencias internas.

Lo cierto es que cuando la oposición se hace más visible, el peronismo, de un modo menos perceptible, casi invisible, se encuentra en estado de movilización y recomposición. Dicho de otro modo: mientras la oposición se muestra exultante, en las profundidades de las capas sociales, el peronismo, en tanto expresión política de aquella forma estructural, debate, se moviliza, selecciona. Es movimiento.

De hacerlo antes de las elecciones, las gana; si no, las gana la oposición que gobierna hasta que el peronismo se recompone y que -y aquí viene mi hipótesis- por su sola inmanencia, consustanciado al basamento histórico-cultural, produce la inestabilidad y la eventual caída del gobierno no peronista. La oposición resulta ser así subrogante del fenómeno principal que es el peronismo.

No se trata de golpismo ni mucho menos, es que la relación de fuerzas políticas, sociales y culturales, entroncadas a una determinada organización de país, condiciona el curso de los acontecimientos.

Tampoco se trata de atraer a los peronistas “buenos”, ni organizar la “pata peronista”; si con ello se pretende atraer al resto por efecto de demostración.

O, tal vez, se trate de sincerar la propuesta opositora a sabiendas de que solo busca el rol de satélite del peronismo, en tanto actor hegemónico del sistema político argentino. Pero, convengamos, pretender congraciarse o mimetizarse con la voluntad electoral del peronismo sin avanzar sobre su base de sustentación estructural es, por decirlo de algún modo, consolidar y perpetuar el modelo histórico y hacer realidad aquello de que la oposición no puede gobernar y que, con su vocación de poder, solo lo puede hacer el peronismo.

(*) El autor es licenciado en Ciencia Política.