Consenso. Palabra (por concepto) que últimamente se la lee y se la escucha con más frecuencia.
Pero, ¿qué es el consenso? Un acuerdo producido por consentimiento de todos los miembros de un grupo o entre varios grupos. Entiéndase, de todos los miembros del colectivo que se considere.
De la crisis del Estado moderno nacen la necesidad y conveniencia, de acortar la distancia entre el Estado y la ciudadanía a través de mecanismos de participación como son los consejos económico-sociales, consejos consultivos, foros vecinales, las audiencias públicas, la iniciativa popular, etc.
Pero estas instituciones, aún con sus bondades, resultan ser insuficientes por las limitaciones legales que les impone su creación. No obstante, se logra con ellas distender la tensión social, si la hubiera, o atraer y canalizar las expectativas hacia espacios de participación aunque en éstos no suelen pasar de instancias deliberativas, diagnósticos y recomendaciones no vinculantes, mientras el Estado, incluyendo los parlamentos y ámbitos deliberativos, hoy más apéndices de los ejecutivos que representantes del pueblo, transita por los mismos carriles que en el siglo XIX, con más tecnología y recursos. Algo así como usar las computadoras para realizar las mismas tareas sin cambiar los procesos.
No faltan voces para la descalificación del consenso. Muchos políticos pueden sentirse clarividentes como para excluir otros pareceres o asumir que por el solo hecho de salir ganadores en una contienda electoral les da el derecho de ejercer discrecionalmente el poder sobre los demás y no para los demás, al extremo de asegurar su hegemonía sembrando la discordia y dividiendo a la sociedad.
Ante la tentación autoritaria, por un lado, y el viejo trajinar de la burocracia estatal, con sesgo eficientista o electoralista, por otro, y aún con los espacios de participación ciudadana, creo que debe elevarse el consenso a una categoría superior de gestión política. Que las autoridades, al convocar a dirigentes sectoriales, a referentes de la ciudadanía, a los diversos sectores, etc., que son quienes conocen el terreno y sus oficios, no se limiten solo a escuchar a sus interlocutores, sino que en esas reuniones se alcancen acuerdos por consenso. Y si fueran públicas, mejor, por aquello de la publicidad de los actos de gobierno. Más, en tiempos de crisis.
Así podrá restablecerse el vínculo Estado-sociedad, consolidar el compromiso de gobierno y gobernados, y orientar correctamente la gestión.
En síntesis, quien alienta el consenso, gana en autoridad.
(*) El autor es licenciado en Ciencia Política.