No hay manera. Más allá del apoyo de Gendarmería, policía y otras fuerzas argentinas, la seguridad del Dakar está a cargo de los franceses.
Grandes y con caras de pocos amigos, los franchutes son una especie de San Pedro que habilitan o niegan la entrada al “paraíso”, que en este caso es el autódromo sanrafaelino, donde se ubica el bivouac o campamento del Dakar.
Vestidos todo de marrón, con remeras donde se lee la palabra SEGURIDAD, tienen pinta de aquellos soldados de la Legión Extranjera que salen en las películas. Y algo de eso tal vez haya: un gendarme argentino comentó que, según parece, algunos de estos franceses son comandos del ejército de su país.
Algo que no se pudo comprobar por las dificultades idiomáticas. Pero que no sería descabellado, ya que la seguridad es la gran obsesión de los organizadores de la carrera, quienes el año pasado tuvieron que suspender el Dakar en África por las amenazas terroristas.
Por el momento, los únicos autorizados a ingresar al campamento son las personas encargadas de la organización. Para ellos es simple: muestran una pulsera y pasan como si estuvieran en su casa. Para la prensa es, por el momento, una misión imposible, ya que recién pasado el mediodía comenzarán las acreditaciones para los periodistas.
La persona que se encarga de frenar el ímpetu periodístico no es un inmenso francés, sino una simpática cordobesa que con la tradicional tonada mediterránea también nos dice, con una sonrisa en la cara, “no”.
¿Oui? La implacable seguridad francesa dice no
Son personajes robustos y que parecen salidos de la Legión Extranjera. Están identificados con remeras que dicen SEGURIDAD y son quienes deciden quién entra y quién no al "paraíso" del bivouac.