Violencia en la escuela, violencia en las familias, violencia en el fútbol, violencia en los diarios, violencia en la tv, violencia en las calles. La violencia parece ser la protagonista de nuestras cotidianas vidas. Cualquier ciudadano común que fuera consultado podría afirmar que vivimos los tiempos más violentos de la historia. Sin embargo, si recorremos un poco la historia del hombre podremos ver que han existido épocas mucho más violentas. Pensemos en la inquisición, en la conquista de América, en las guerras mundiales, en la Alemania de Hitler y, más reciente aún, en la última dictadura militar.
Todos estos hechos fueron teñidos por la violencia a tal punto que la tortura, las violaciones y la muerte estuvieron en todos estos casos a la orden del día. Sin embargo, todos estos procesos no fueron cubiertos por la prensa, como ahora, es más, varios fueron ocultados de manera vergonzosa. Los medios de comunicación en este principio de siglo venden la violencia como la noticia más “jugosa” para una sociedad con un rasgo importante de morbosidad. La sección de policiales a diario nos puede mostrar un cruel y variado espectáculo sobre todas las clasificaciones de violencia existentes en nuestro mundo. Hasta existen programas de tv dedicados exclusivamente a mostrarnos las miserias humanas, “policías en acción” es un buen ejemplo, el cual moviéndose entre bizarro y lo morboso es un éxito de la pantalla maldita. Ni hablar de la exposición mediática que toman algunos casos muy delicados, como el de la niña violada que tanto protagonismo tomó la semana pasada, donde el manoseo de la noticia dejó entrever qué tan inhumanos podemos ser en nombre de la paz.
Es así, como los diarios, la tv, las revistas hacen de este hecho social un producto de consumo, que no sólo genera una alta sensación térmica de inseguridad, sino que además deja como efecto una sociedad altamente paranoica, que a través de su miedo puede generar aún más violencia. En definitiva, el miedo a lo diabólico, el miedo a lo desconocido, el miedo al caos, el miedo en todos sus sentidos ha generado históricamente los mecanismos sobre los cuales sucedió la inquisición, la colonización de América, las guerras mundiales y la última dictadura militar.
Una sociedad que tiene miedo no puede reflexionar ni debatir para buscar verdaderas alternativas de solución a problemáticas tan complejas como la violencia. Más aún cuando a menudo se oyen discursos que reclaman la “mano de hierro” para poner orden a la sensación de caos existente. La violencia es como un ping pong y si el Estado intenta solucionar la problemática aplicando el rigor de la “ley dura”, pues eso genera más violencia. Los sujetos con conductas violentas son el emergente de un fenómeno social provocado por una economía neoliberal que ha roto los lazos entre las personas. Es por ello que la primera respuesta a la problemática de la violencia está resumida en la frase del poeta Mario Benedetti “...quien pacifique a los pacificadores un buen pacificador será”.
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